Madrileños potemkin

Aitor Riveiro

Cuenta la leyenda que en 1787 la zarina Catalina II de Rusia, la Grande, viajó hasta las lejanas tierras de Crimea para comprobar ‘in situ’ cómo avanzaba la colonización de la región tras la conquista que abanderó Grigori Alexandrovich Potemkin, Gobernador general de Ucrania y amante de la reina del imperio ruso a la sazón. Como la reconstrucción no tenía buena pinta, el inteligente militar mandó levantar una serie de pueblos fantasma: se edificaron las fachadas de las casas (no se había inventado el cartón piedra, pero madera les sobraba) y se ‘contrataron’ (secuestraron) aldeanos por lo que, desde la distancia, daba la sensación de encontrarse ante un auténtico pueblo. Algo así como lo que hace Hollywood en sus estudios. Catalina, que debía tener aprensión a juntarse con su plebe, contemplaba las hermosas villas desde unas colinas.

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