Mimo Titos
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Lucho, mientras escribo, a brazo partido contra la tentación de ceder a la sempiterna euforia que acompaña la tradicional victoria de la “roja†en el primer partido de un campeonato internacional y que, inevitablemente, precede a la eliminación en cuartos. Y al mismo tiempo me empieza a atosigar el amargo cáliz de la frustración de tener que esperar el veredicto del electorado irlandés sobre el futuro de la antaño denominada Constitución Europea y ahora rebajado Tratado de Lisboa, de tener que soportar que, una vez más, unos pocos europeos puedan con su papeleta determinar el futuro de Europa, nuestro futuro, mi futuro.