Julio Embid
Hace unos años en la carrera me contaron un chiste. Van un empresario francés, un empresario chino y un empresario español a construir un nuevo rascacielos para un jeque dubaití. Los recibe el visir de economía a los tres en su despacho y les pide que expongan sus proyectos. El francés hace su propuesta con un gran power point, hablando de las excelencias del diseño francés, los acabados perfectos, el mármol del Jura, decoración versallesca, jardines art-decó y demás artesonado. Avisa que el precio es un poco caro: seiscientos millones. Después llega el chino, con fuegos artificiales y su propio proyector que sobre una pared muestra una imagen de un edificio futurista, con todos los avances tecnológicos y advierte que lo mejor es el precio: cuatrocientos millones. El último que llega es el español que llega con las manos vacías y dice que él no va a presentar nada y que el precio por el que hará la obra será de mil millones. El visir le dice indignado:
-¿MIL MILLONES? ¿Cómo es tan caro?
-Muy sencillo, trescientos para mí, trescientos para ti y con los cuatrocientos que quedan, que nos lo haga el chino.