LBNL
Vaya por delante toda mi solidaridad con todos aquellos que han sufrido los embates del terrorismo etarra, en sus carnes, en las de sus familiares o en las de otros seres queridos. La desgracia ajena genera lógicamente empatía entre quienes hemos tenido la suerte de evitarla, más si cabe cuanto más grande es la desgracia, y todavía más cuanto más absurda e irracional resulta. Es decir, todos lamentamos que alguien muera en un accidente de tráfico pero conducir conlleva un riesgo que todos aceptamos por más que procuremos limitarlo al máximo. Sin embargo, no había ni hay ninguna razón para que en la España democrática muchos, muchos miles de nuestros conciudadanos, vivieran amenazadas y casi un millar murieran vilmente asesinados.