Senyor_J
Pronto se cumplirán cuatro meses de la celebración de la consulta no vinculante sobre la independencia de Cataluña celebrada el pasado 9 de noviembre y a lo largo de los mismos hemos asistido a un tremendo desinflamiento de la hoja de ruta marcada desde el gobierno catalán para alcanzar ese nuevo estado que unos llaman Ítaca y otros escenario ilusorio. A la ambigua lectura que se desprendía de los resultados de participación en la misma, le siguió un litigio de dos meses entre CiU y ERC para establecer los siguientes pasos y el calendario de los mismos, lo que generó un gran desgaste mutuo e hizo bajar bastante las expectativas de creyentes y entusiastas que ya se veían viviendo en un nuevo país en poco tiempo. El acuerdo alcanzado por las dos formaciones, en el que ya no estaban fuerzas relevantes que habían acompañado la consulta casi hasta su fecha de celebración y del que era un secreto a voces que las dos principales fuerzas catalanas salían enfadadas y enfrentadas, se forjaba con una fecha entre las manos: el 27 de setiembre, momento en que en principio tendría lugar la celebración de unas nuevas elecciones catalanas.