Basura orgánica

Julio Embid

No soy una persona rencorosa. Se me pasan pronto los enfados y, por lo general, suelo estar casi siempre de buen humor. Tengo un buen trabajo donde se me respeta, una bonita casa a las afueras, una pareja que pertenece a Los Vengadores y prácticamente los mismos amigos desde hace veinte y treinta años. Y de salud, aparte de estar un poco gordo, no me puedo quejar. Me va bien en la vida, y que dure.

Sin embargo, hay pocas figuras que me produzcan más rechazo que los obispos, sacerdotes, gurús y comerciantes de la fe. No sólo los católicos: no hago distinciones entre credos ni mitologías. En España abundan los primeros, pero, dado el declive constante del catolicismo en Europa Occidental, no descarto que pronto lleguen otros profetas con barba a dictarnos qué está bien, qué está mal y qué normas redactadas hace más de mil años debemos seguir al pie de la letra.

Uno de los que más logra sacarme de mi paz interior es el antiguo obispo de Alcalá de Henares, hoy retirado por el recientemente fallecido papa Francisco: el excelentísimo y reverendísimo señor Juan Antonio Reig Plá. De vez en cuando, los medios nos despiertan con alguna de sus homilías en las que vuelve a recordarnos lo de siempre: que la salvación pasa por seguir al pie de la letra unos evangelios escritos hace dos mil años. Suele señalar a divorciados, homosexuales, lesbianas y, esta vez, le ha tocado a las personas con discapacidad.

Dijo Reig Plá en misa que la discapacidad es “herencia del pecado” y “desorden de la naturaleza”. Entenderán ustedes que gritase de rabia. Nunca se le oyó al señor obispo alzar la voz contra los miles de casos —supuestamente aislados— de abusos sexuales en el seno de la Iglesia Católica. Ni contra el fraude fiscal de quienes comulgan todos los domingos y se saltan el séptimo mandamiento cada día. Pero esta vez ha ido demasiado lejos, y somos muchos los que estamos hartos. El ministro de Derechos Sociales y Consumo, Pablo Bustinduy, ha denunciado sus palabras ante la Fiscalía General del Estado, y ojalá la Justicia golpee al clero donde más le duele: en la cuenta corriente.

No le deseo nada malo a Reig Plá. Que viva muchos años, con salud y paz. Pero por su bien, espero que lo que predica no sea cierto. Porque si lo es, tal como dice el evangelio de San Juan (5, 28-29): “vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron el bien saldrán a resurrección de vida, mas los que hicieron el mal, a resurrección de condenación”. Y ese día, San Pedro, en la balanza, pasará la tarjeta municipal, se abrirá el contenedor y lo echará al marrón, el de la basura orgánica y luego se limpiará las manos con un trapo.