Verónica Ugarte
Hace algunos años leí que Cristo quería descansar luego de una larga jornada. Se acercó al negocio de un zapatero judío a quien le pidió sentarse un rato a la sombra. El zapatero se lo negó, por lo que su pueblo ha estado vagando miles de años como castigo. Son cientos las leyendas, mitos, historias que conforman el ideario de un antisemita. Se han ido alimentando de exageraciones, creencias religiosas, mentiras, y a veces hechos reales. Expulsiones, pogromos, guetos, a lo largo de los siglos medidas crueles buscando su desaparición.
El antisemitismo llegó a su punto álgido con el Holocausto. A partir de ahí, y con el sionismo como referente, nacido éste después del Asunto Dreyfus, se buscó, con la ayuda de un Occidente lleno de culpa, una tierra que los judíos pudiesen llamar país. Israel nació y millones lloraron. Unos de alegría y otros de dolor. De dolor al ser expulsados de sus propias tierras palestinas, Occidente abriendo una crisis sin medir las consecuencias.
Varias guerras hemos vivido. La de los Seis Días trajo como botín de guerra los Altos del Golán, Cisjordania, la franja de Gaza y la península del Sinaí. Mediante acuerdos poco a poco los territorios ocupados se han devuelto, menos la franja de Gaza y los Altos del Golán y Cisjordania solo parcialmente.
Desde aquel fatídico 7 de octubre de 2023 una parte del mundo ha sido testigo no solo de una brutal respuesta buscando venganza, sino también la deshumanización del pueblo palestino. Son demasiados los israelíes que se creen verdaderamente el llamado pueblo elegido, y con ello, las únicas víctimas del conflicto. Aquellas que tienen el derecho de evitar la entrada de ayuda humanitaria. Que legitiman con sus acciones y con su silencio el martirio, la hambruna, la tortura que miles de sus antepasados vivieron en campos de exterminio.
Este no es el primer genocidio que el mundo vive, pero si el único donde el asesino se autoproclama con el derecho divino de autodefensa y de víctima a la vez. Netanyahu es buscando por la justicia internacional, pero ha visitado EEUU y Hungría sin ser entregado a La Haya. ¿Razones? Los presidentes de ambos países no reconocen al Tribunal Internacional, o tal vez saben que económicamente no se pueden ver arrastrados a esta guerra, que comenzó en 1947.
El Primer Ministro de Israel continúa con una retórica absurda y se defiende diciendo que Israel se encuentra “en el lado correcto de la Historia”. Un discurso simplista e irresponsable que inunda de desprecio y hasta odio hacia los judíos en general y hacia Israel en particular. El marketing utilizado por diversos gobiernos en torno al Holocausto ya no es admisible bajo ningún punto. Alrededor del globo hay manifestaciones pro-Palestina. Miles de artistas consagran sus obras, palabras, letras y acciones contra uno de los actos más inmorales que hemos visto desde hacía décadas.
Judíos son insultados y asesinados en la calle. Señaladas sus empresas, mientras que Gaza muere lentamente. Cada día un médico se queda sin medicamento. Cada día una vida se pierde. Cada día se trata de entrar a la Franja pero Israel se niega a proteger lo que para la Torah es lo más sagrado, después del conocimiento: la vida. Las famosas palabras de Schindler que Hollywood dio teatralmente fama hace treinta y dos años, “quien salva una vida, salva al mundo entero” crean una pregunta que no tendrá respuesta a mediano plazo: ¿qué mundo queda cuando asesinamos miles de niños indefensos?