Tiros y peste

Carlos Hidalgo

El sábado un tirador fue detenido en el hotel Hilton de Washington, donde se iba a celebrar la tradicional cena de Corresponsales Extranjeros y donde Trump, por primera vez, iba a acudir, pese a sus reiterados desprecios a la prensa.

Afortunadamente nadie resultó herido y, de manera más increíble aún, teniendo en cuenta cómo son los Estados Unidos, el tirador fue apresado con vida. Así que a lo largo de esta semana seguramente iremos sabiendo algo más acerca de cuáles eran sus razones para intentar atravesar el control de seguridad a tiros y a quién pretendía asesinar con tantas armas.

Trump, por supuesto, ha aprovechado la ocasión para soltar su habitual mezcla de delirios o mentiras y, de paso, pedir apoyo para el horroroso salón de baile que quiere hacer en el ala Este de la Casa Blanca.

Esperemos que, en lugar de a tiradores, Trump se enfrente a un Capitolio completamente hostil en noviembre y que, no sólo se encargue de ponerle freno, sino de hacer que él y sus cómplices respondan ante la justicia.

Mientras tanto, la guerra de Irán sigue. Pese al alto el fuego, sigue habiendo incidentes y escaramuzas en el Estrecho de Ormuz e Israel continúa haciendo inhabitables las porciones del Líbano que controla, además de sus habituales asesinatos de periodistas y, en general, las muertes de civiles que son ya la firma del gobierno de Benjamín Netanyahu.

A todo esto, Trump mandó a negociar con los iraníes a su yerno, el muy turbio Jared Kushner. Aunque esas negociaciones fracasaron antes de empezar, como viene siendo la norma en este conflicto, en el que el presidente de los Estados Unidos habla como si no conociera realmente el estado de las operaciones en el campo de batalla, se contradice, cambia de tema aleatoriamente, se ofrece a negociar entre halagos a los nuevos dirigentes de Irán y, a continuación, cambia de idea, ordena a sus militares hacer alguna cosa excesiva, absurda o ilegal (o una combinación de todo ello) y retira su disposición a concluir el conflicto.

Y por alguna razón, con Ormuz aún bloqueado, las bolsas mundiales parecen mirar para otro lado, con optimismos absolutamente injustificados o tal vez por miedo ser el tonto que vende antes de que los valores alcancen sus máximos. Pero el precio de la energía, antes o después o va a repercutir en muchos otros sectores, especialmente en el de la IA y más concretamente, en el coste de los centros de datos estadounidenses que, aprovechando la desregulación ambiental de Trump, funcionan a base de quemar gas, carbón y petróleo. Y por mucho dinero que meta ahí Masayoshi Son, eso no se puede mantener y menos, ante su evidente falta de avances.

Ah, nos queda la próxima crisis de salud, por cierto. Tras años de mirar a China con desconfianza, al haber empezado allí la epidemia del Covid-19, quizá tengamos que empezar a controlar también a los estadounidenses. El muy bravucón Pete Hegseth ha decretado que las vacunas para la gripe dejarán de ser obligatorias en las FF.AA. estadounidenses, con lo cual ya podemos pensar en los militares de este país como portadores de cualquier enfermedad infecciosa, como los marineros de antaño. Y, claro, esto unido a la deriva anti-ciencia y anti-vacunas del secretario de Sanidad, Robert F. Kennedy, no nos tendría que extrañar que, además de las epidemias de sarampión y paperas que vuelven a darse en los Estados Unidos, acabemos con una vuelta de la polio y hasta de la peste bubónica, que es endémica en los Estados del suroeste y cuyos casos, hasta la abolición de las estadísticas del centro de control de enfermedades, estaban subiendo.