Julio Embid
Los aficionados al baloncesto estamos de enhorabuena. La WNBA vive un momento de crecimiento sin precedentes tras la firma de su nuevo convenio colectivo, que ha disparado salarios e ingresos televisivos. Durante años se repitió aquellos comentarios cuñados de “que las mujeres ganen lo que generen”. Pues bien: ahora generan, y mucho. Los pabellones se llenan y las televisiones compiten por emitir sus partidos.
En España, con la cuota básica de Amazon Prime ya se pueden ver partidos de la WNBA. El nuevo acuerdo televisivo, que ronda los 200 millones de dólares por temporada, ha cambiado las reglas del juego. Y es que como dijo una de las jugadoras más mediáticas, la alero de Indiana Fever Caitlin Clark: “No tiene ningún tipo sentido que gane 70.000 dólares de nómina de mi equipo y 15 millones en patrocinadores de publicidad”, anunciando todo tipo de cosas, desde bebidas, cereales, zapatillas o cromos de Panini.
El año pasado las jugadoras, hartas de que los clubes les tomasen el pelo (ingresan 200 millones sólo de la tele e insisto, los campos están llenos) y que les pagasen 1,5 millones de límite salarial para toda la plantilla de 12+2 jugadoras por equipo, amenazaron con ir a la huelga. Los clubes se asustaron y tras una eterna negociación entre abogados se cambió el convenio colectivo. El límite salarial subió a 7 millones por equipo, con un máximo de 1,2 para una sola jugadora, que para repartir entre 12 jugadoras, ya ofrece salarios de en torno al medio millón de dólares por temporada de media. Este beneficio resulta matador para las ligas europeas donde van a ver como las mejores jugadoras se van a ir a Estados Unidos a jugar para cobrar diez veces más.
En España, el baloncesto femenino está en auge gracias a la televisión. Que Teledeporte y las televisiones autonómicas emitan los partidos, con buenos índices de audiencia, ayuda y mucho. Sin embargo se siguen viendo algunos casos de campos desangelados donde no hay ni mil personas. No es el caso de mi ciudad, Zaragoza, donde de media en el Pabellón Príncipe Felipe, asisten casi 6.000 personas a ver los partidos. En el caso de la Final Six de la Euroliga Femenina se superaron los 10.800 espectadores todos los días. Sin embargo, tengo serias dudas, de si este fenómeno (el auge del baloncesto) sólo se produce por los malos resultados del equipo de fútbol local.
Lo que está claro es que, en un mundo donde la NBA y el baloncesto masculino han ido evolucionando a otro tipo de juego, más centrado en el tiro exterior y en posesiones cortas, el baloncesto femenino le puede competir de igual a igual en todos los aspectos técnicos. Hay muchas jugadoras profesionales con porcentajes de tiro de 3 o de tiro libre superiores a sus equivalentes masculinos. La alero japonesa del Casademont Zaragoza, Stephanie Mawuli, tiene un porcentaje de acierto en tiro de 3 del 45,9% y la base sueca del Spar Girona, Klara Holm, tiene un porcentaje de acierto en tiros libres del 86,9%. No sé si son conscientes de la barbaridad que es eso.
Estoy seguro que, además, el baloncesto femenino tiene un público muy transversal. Entre los 6.000 y pico que vamos a ver todos los partidos al Príncipe Felipe, hay personas de izquierdas, personas de derechas, de centro y medio pensionistas. No creo que exista un boicot antiwoke trumpista en un deporte que simplemente es divertido de ver. Sin embargo y aquí va mi queja final, en la vida, en el deporte y en el trabajo, si quieres que te tomen en serio, hay que ser serios. El desbarajuste del calendario va a trastocar la competición. Las ligas europeas siguen todas el modelo del curso escolar: se empieza en septiembre y se acaba a mediados de junio. La WNBA, por el contrario, empieza el 1 de mayo y acaba en octubre (menos este año que por el mundial, acabará en noviembre) y las buenas jugadoras quieren jugar en ambas. ¿Cómo se compatibiliza esto? Pues vemos como las buenas jugadoras poco profesionales abandonan sus equipos en Europa un mes antes de acabar, en abril, para presentarse en EEUU lo antes posible para la pre-temporada (donde compiten 20 pre-seleccionadas para formar una plantilla definitiva de 12). Y esto hace que la competición se adultere.
¿Cómo se resolvería esto? Fácil, si la WNBA empieza el 1 de mayo, las ligas europeas y todas sus competiciones continentales tienen que acabar antes del 20 de abril. No hay más misterio. Hasta entonces, les invito a hacer una cosa sencilla: ver menos fútbol y más baloncesto. A ser posible, en directo. Porque, como decía el gran Andrés Montes, la vida puede ser maravillosa.