Arthur Mulligan
Por fin en Sierra Morena, disfrutando del silencio en un Cortijo del siglo XIX rodeado por bosques de encinos, adaptado por sus herederos para el turismo beatus ille que disfruta en paz de la poesía ascética de Fray Luis de León o la sencilla prosa de un Azorín describiendo el paisaje yermo de un cruce de caminos a pesar de que me persigue todavía un imaginario rumor de susurros en la Corte, un viene y va impreciso que cambia de tonalidad con las horas y sus temperaturas y se mezcla inopinadamente con la imagen del Presidente incombustible disfrazado de miembro de los Peaky Blinders en un zoco marroquí.
Silencio, se negocia.
Por ejemplo, con este Junts se puede negociar; con este PP, no.
¿Por qué? Porque lo dice Sanchez.
Bajo la ficción de que han ganado las elecciones, navajeros contratados por Moncloa ofrecen un mercado de derivados con mercancía que no les pertenece. Sigue leyendo