Senyor_J
Transcurren los días veraniegos en el bar de Arturo con esa intensa sensación que genera aquel que prefiere que sus clientes se asen de calor o huyan despavoridos a la heladería de Rita, antes que encender el aire acondicionado más allá de unas pocas veces al mes. «Está averiado», le dice al ciudadano indiferente, aunque con escasa credibilidad, mientras este acaba lentamente esa copa de cerveza con la que cree que alivia sus ardores y sudores. Porque el hombre indiferente es un incondicional del bar de Arturo, tanto en invierno como en verano. Es un ser de costumbres y tiene auténtica aversión a los cambios: son ya muchos años de hábitos inmutables como para ponerse a alterar en algo cualquiera de sus rituales. Y no es el único que se comporta así, puesto que en ese mismo bar hay cuatro o cinco personajes fijos a los que sabes que siempre vas a encontrar a determinada hora, y siempre, como no podía ser de otra manera, con algo de alcohol entre las manos: cerveza por lo general, carajillos por la mañana y a media tarde y aquellas veces en que la noche se alarga, un gin-tonic de una marca cualquiera, mientras defienden con gran convencimiento que no se trata de una bebida en la que tenga cabida tanta variedad como pretenden sugerir algunas cartas de gin-tonics que pueden encontrarse en otros establecimientos muy distintos al que nos ocupa. Sigue leyendo →