So pena de una ingratitud social

Senyor G

En cualquier otro español o transeúnte que andase por el país con problemas judiciales o fiscales nos sería difícil sustraernos al “algo habrá hecho”, pero que nos digan que el rey (emérito), Juan Carlos I, pagó 678.393 euros a Hacienda para evitar una causa judicial, y que los que hace unos meses se tomaron un rato en agosto para defenderlo en nombre de los servicios pasados y de la presunción de inocencia, no se hayan tomado la molestia de comentar ahora alguna cosa, me hace confirmar que nos toman por imbéciles “a los ciudadanos españoles de todo origen, ideología o condición”.

Sí, esos que están a todo, que no fallan, como un Afonso Guerra, un Rodolfo Martín Villa, una Esperanza Aguirre, un Celestino Corbacho, un Jaime Ignacio del Burgo, un Juan Pablo Fusi, una Carmen Iglesias, un Emilio Lamo de Espinosa, un Jaime Mayor Oreja y su primo Marcelino Oreja, una Ana Pastor, un Josep Piqué, un Eduardo Serra, un Francisco Wert, un Francisco Vázquez, un José Rodríguez de la Borbolla y, como no, un Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que hicieron un manifiesto para defender la tarea del rey durante todos estos años y que, si algo había hecho, lo deberían dilucidar los jueces: “Las numerosas informaciones que aparecen estos días sobre determinadas actividades del Rey Juan Carlos I han excitado una proliferación de condenas sin el debido respeto a la presunción de inocencia. Si sus acciones pudieran ser merecedoras de reprobación lo decidirán los tribunales de justicia”. Sigue leyendo

Reyes confinados

Carlos Hidalgo

¿Qué os han traído los Reyes Magos? De momento tenemos un año por estrenar, unas vacunas por poner y, lamentablemente, a las mismas personas al mando. Sin embargo, he de confesar que, pese a que 2020 ha sido mi peor año, como para mucha gente, estas fiestas han sido menos deprimentes de lo que pensaba.

Ahora nos queda una crisis económica con la que lidiar, una pandemia por pasar y una dura labor de reconstrucción. Pese a que no veamos de manera evidente a los muertos y a la destrucción, el impacto del maldito virus ha sido similar al de una guerra. No hay edificios destruidos, la lista de bajas no es pública y, aparte de los homenajes y misas que se hicieron al principio, las muertes siguen, pero el duelo ha cesado por el momento. Sigue leyendo

Los retos de 2021

David Rodríguez

Por primera vez en mucho tiempo, no voy a escribir un artículo monográfico sobre la pandemia. Por desgracia, el motivo no es que hayamos vencido al virus, que sigue bien enraizado en nuestras sociedades. La razón es doble: por un lado, en el mundo político y económico tenemos novedades y propuestas que vale la pena comentar; por el otro, mi anterior artículo, bajo el título ‘desescalando hacia la tercera ola’, ya incluye las predicciones de la mayoría de los expertos sobre lo que iba a pasar (y está ya pasando) como consecuencia del levantamiento de restricciones para salvar las felices fiestas navideñas. El 2021 bien podría llamarse ‘segundo año de la covid’, pero ya digo que voy a dejar de momento el asunto aquí.

El día 14 de febrero tenemos previstas las elecciones al Parlament de Catalunya, y digo previstas porque dudo mucho que puedan llegar a celebrarse antes de la primavera, aunque los partidos han engrasado sus maquinarias como si la tercera ola no existiera. La principal novedad de la última semana es la presentación de Salvador Illa como candidato del PSC, aprovechando su tirón mediático como ministro de Sanidad. Ya he dicho en más de una ocasión que su gestión durante la primera ola fue más que aceptable, empeorando notablemente después del 21 de junio, aunque aquí siempre se puede recurrir a culpabilizar de su inacción a las Comunidades Autónomas. Su principal rival, según las encuestas, será Pere Aragonés, cuya gestión de la pandemia está resultando más que lamentable, pero en ningún caso criticada por Illa, aunque en campaña electoral ya sabemos que puede pasar de todo. ERC es la eterna favorita para hacerse con la presidencia de la Generalitat, pero también la recurrente perdedora en el sprint final, en el que nunca puede descartarse la enésima operación de maquillaje del mundo de Junts per Catalunya. Sigue leyendo

La movida de las vacunas

LBNL

Hace un par de semanas fue Pfizer la que anunció que tendría problemas para cumplir el calendario de producción y entregas de vacunas contra el COVID-19. La semana pasada fue AstraZeneca la que se descolgó con que no iba a poder cumplir las entregas pactadas. La Comisión Europea, que pre-financió la producción de las vacunas y negoció su compra y entrega en nombre de los 27 Estados Miembros de la UE, no aceptó sus excusas sobre la necesidad de atender también a otros “clientes” y el viernes impuso un sistema de autorización previa para las exportaciones. Es decir, no saldrá una vacuna producida en la UE sin el acuerdo previo de Bruselas, que solo lo otorgará si está satisfecha con el cumplimiento de los contratos, o por motivos humanitarios. Todo esto ha generado mucho ruido y llamadas a la nacionalización de fábricas, expropiación de las patentes y demás porque dado que ya somos todos expertos en virus, podemos igualmente serlo sobre las vacunas, producción y distribución. Lo que me escama es que hayamos dejado de hablar de las limitaciones del programa de vacunación en si, como si el lentísimo ritmo fuera culpa de la escasez de vacunas. Ojalá.

Todavía no sabemos si las tres vacunas aprobadas por la EMA (acrónimo inglés de la Agencia Europea de Medicamentos protegerán por poco o mucho tiempo y mucho menos cómo lo harán las chinas y rusas que no se han sometido al examen de la EMA pero se están comercializando en otras partes del mundo, o las que están en camino, Johnson & Johnson y Curevac, entre otras. Pero sabemos por los ensayos clínicos que protegen en un altísimo grado frente a la variante actual del virus y que no tienen efectos perjudiciales a corto plazo. De ahí que exceptuando a los anti-vaxers, negacionistas y demás iluminados en posesión de la verdad verdadera, todos queramos ponérnosla cuando antes. Lógico pero inviable pese a los tremendos esfuerzos realizados. Sigue leyendo

Encomendarse a la suerte

Carlos Hidalgo

Hace una semana que salió un estudio pagado por una plataforma de inversión. Entre otras cosas, se preguntaba a la gente cuál es el método por el cual creen que puede mejorar su situación económica.

En los últimos puestos aparece “invertir en una vivienda”, que es lo que de toda la vida se conoce como especular. Ya comenté que mientras el sueldo mayoritario ha descendido, no ha pasado lo mismo con el precio de los pisos y de los alquileres, habiendo subido estos últimos un 52% de 2015 a 2020. Y aunque el mercado de compra y alquiler está paralizado, pese a haber más oferta, expertos y propietarios mantienen su fe ciega en que los precios no bajarán, sino que seguirán subiendo y que no hay valor más seguro que el del ladrillo. Si esta opción aparece en los últimos puestos se debe, sobre todo, a que poca gente tiene en este momento la capacidad de “invertir” en una vivienda. Sigue leyendo

Un año que no termina

Juanjo Cáceres

Múltiples son las esperanzas de dejar atrás de una vez por todas este amargo 2020, que quedará grabado en nuestro recuerdo dentro del abanico de años funestos. A veces un año aciago lo es para todos, porque suceden cosas que nos castigan como sociedad: por eso todos recordamos que 2008 fue el principio de una etapa dolorosa para miles y miles de personas o para nosotros mismos. Otras veces es la pérdida de un ser querido lo que nos ha golpeado y un año determinado queda grabado en nuestra intimidad como un momento de dolor.

Lo terrible de este año 2020 es que nos pueden haber sucedido las dos cosas a la vez: que hayamos sufrido una terrible pérdida, que la enfermedad haya castigado a nuestros seres queridos y que nuestras circunstancias personales hayan empeorado como consecuencia de la crisis derivada de la Covid-19. Sigue leyendo

¿De qué consenso hablan?

LBNL

Imagino que ustedes estarán también cansados de leer y escuchar que tenemos que volver a la edad de oro de nuestra democracia y recuperar el consenso. Que urge dejar de mantener la mirada sobre el pasado con ánimo revanchista y volver a ponerse manos a la obra para construir juntos las bases de un futuro sólido. Que el Gobierno no puede seguir inspirado en el sectarismo guerra civilista y valerse del nacionalismo supremacista periférico para sobrevivir. Etc. Llevo décadas escuchando cosas parecidas en la Cope, ABC y el Mundo cada vez que gobierna el PSOE pero ahora lo escucho también desde “la vieja guardia”. Y si, estaría muy bien recuperar el consenso, rebajar la polarización política y aunar esfuerzos para enfrentar los graves retos que tenemos delante, algunos muy urgentes y otros más a largo plazo como las pensiones, la automatización del trabajo y la necesidad de dotarnos de una educación moderna y de alto nivel, accesible para todos los que la quieran y la merezcan en función de su esfuerzo personal. Pero no es posible. Lamentablemente el PP no está por la labor, como no lo ha estado nunca cuando es el PSOE quien gobierna. Con lo cual da bastante igual si las credenciales de Podemos son verdaderamente democráticas, si Esquerra es de fiar o si el PNV está esperando el momento de plantear un nuevo desafío soberanista. Son estos partidos y no otros con los únicos con el que el partido más votado en las últimas elecciones puede negociar y pactar acuerdos de gobierno. Es con estos con quienes es posible consensuar medidas. Y esto es precisamente lo que está haciendo el Gobierno, sacando adelante por fin unos presupuestos de izquierdas y regulando el derecho a la muerte digna, por ejemplo.

En todo caso, lo del consenso solo fue cierto cuando los pactos de la Moncloa y la redacción de la Constitución. Consenso entre PSOE y PCE de un lado, y la UCD del otro. Porque el PP no era de la partida. Ni para la Constitución, contra la que se pronunció la mitad de Alianza Popular, ni para la aprobación de la ley del divorcio de Suárez, ni para la del aborto, ni para la universalización de la sanidad, ni para la educación pública… Ni siquiera para mantenerse dentro de la OTAN, cuando Fraga prefirió abstenerse para ponerle las cosas a Felipe. Sigue leyendo

Una historia ausente

Arthur Mulligan

«La idea de Europa, aunque tendamos a olvidarlo, era entonces una idea de derechas. Era contraria al bolchevismo, por supuesto, pero también a la americanización, a la llegada de la América industrial con sus valores materialistas y su capitalismo financiero despiadado y ostensiblemente dominado por los judíos. La nueva y económicamente planificada Europa sería fuerte; de hecho, solo podía ser fuerte si trascendía las irrelevantes fronteras nacionales.»

El que así escribe es Tony Judt en Pensar el siglo XX, su obra póstuma, una serie de conversaciones íntimas con su amigo el historiador Timothy Snyder, dictado en condiciones extremadamente dolorosas debido a la severa enfermedad que padecía. El libro es una reflexión sobre la necesidad de la perspectiva histórica y de las consideraciones morales en cualquier proyecto que pretenda la transformación de nuestra sociedad. Sigue leyendo

Colombo y la prensa

Carlos Hidalgo

Hoy voy a dejar un poco de lado la actualidad y voy a confesar mi amor incondicional por una serie de televisión. Pero no de las que se hace hoy en día, sino una cuya edad dorada se produjo antes de que yo naciera. Me refiero a la serie del Teniente Colombo. Ya de preadolescente, cuando empezaron a reponer los episodios en Telecinco, cogí un afecto casi instantáneo por ese detective desastrado, al que una testigo describe como “una cama sin hacer”, pero que era torpe, afable, buena gente y daba la lata incansablemente a criminales estirados, arrogantes y de clase alta.

Los creadores de la serie dicen que se inspiraron en el juez de instrucción Porfirio Petróvich, personaje de “Crimen y Castigo” que da la lata con afabilidad al asesino Raskólnikov, hasta que éste se entrega. Pero Colombo tiene algo más y es que es un funcionario de clase media-baja que, caso tras caso, derriba a gente poderosa que se cree por encima de la ley. El caso es que el particular inspector Colombo, aparte de servirme de cómo ejemplo para muchas cosas, me sirve también de modelo como periodista. Sigue leyendo

Felipe González no falla ni fallará

Senyor G

Hoy vuelvo a Debate Callejero con un texto atemporal, eterno hacia atrás y hacia adelante. Otra vez Felipe González con su crítica política actual y del presente, aunque como siempre no en sentido no ya socialista, sino con un mínimo de sentido social. El mismo Felipe González que sale siempre a la palestra pública con su legítima crítica, pero siempre desde un prisma claramente nacionalista. O eso es lo que trasciende y me llega.

Quizás no es extraño, si el mismo Enric Juliana no recuerda mal que poco después de la victoria del PSOE en 1982, el diario The New York Times glosó a los «jóvenes nacionalistas que se han hecho cargo de España…», no sé qué entendían sus votantes por eso. Sigue leyendo