Aznar y Gadafi

Lobisón 

La afirmación por José María Aznar, en una conferencia pronunciada en Estados Unidos, de que Gadafi era un ‘amigo extravagante’, al que era un grave error atacar, ha causado como era de esperar regocijo y consternación según las sensibilidades e intereses de cada cual. En general se ha atribuido semejante metedura de pata a las malas compañías, y sobre todo a su obsesión compulsiva por meterle el dedo en el ojo al actual gobierno español.

Sin duda éstos son factores que han pesado, pero también se debe tener en cuenta que la actual visión del mundo de Aznar se fraguó en 2002, con el deslumbramiento mutuo entre Bush y él por su coincidencia en la necesidad imperiosa de combatir al eje del mal. Cuando Gadafi decidió no seguir la suerte de Sadam Husein y anunció el desmantelamiento de sus armas no convencionales, Aznar, como Blair y Bush, decidió que había llegado el momento de perdonar sus pecados anteriores, incluyendo las bombas de Berlín en 1986 y del vuelo de PanAm sobre Lockerville en 1988.

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Ollanta entre Chávez y Lula

Lobisón

 Ante la primera vuelta de las elecciones en Perú, ayer domingo, El País titulaba: “El ascenso del populista Humala inquieta a las clases medias de Perú”. Aparentemente esto tiene sentido, pues Ollanta Humala se vinculaba inicialmente a una ideología llamada etno-cacerismo, es decir, a un violento nacionalismo (antichileno) y a unos planteamientos anticriollos que le aproximaban a las revindicaciones étnicas de Morales en Bolivia. Con un poco de ayuda de Chávez, además, era muy fácil presentarle como un peón de la estrategia bolivariana de expansión por la región.

Pero desde 2006 Ollanta ha ido evolucionando, y es notorio que en esta campaña se ha visto asesorado por los consultores de imagen de Lula, lo que al menos siembra dudas sobre lo que su elección podría representar. Lula ha mantenido durante sus dos períodos en la presidencia de Brasil unas relaciones ambiguas con Chávez, pero casi nadie duda de que los dos representan formas distintas de gobernar. En este sentido se podría decir que Ollanta ha emprendido una travesía de Chávez a Lula, y la pregunta es si la supuesta inquietud de las clases medias peruanas sería consecuencia de que no están convencidos de que haya llegado a puerto.

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La “División Azul” y “la Nueve”, españoles en tiempo de leyendas

José D. Roselló

Como a muchos, cuando era crío me encantaban las películas de guerra, y aún lo siguen haciendo, por cierto. Clásicos del cine bélico como “El día más largo,”Los violentos de Kelly”, “La Gran Evasión”, “La Batalla de Inglaterra”, “Arde Paris”, “Patton”, “Rommel”… eran películas antes de que el trauma de Vietnam hubiese pegado fuerte en Hollywood y de que a Spielberg se le ocurriese todavía retratar como fue de verdad desembarcar en una playa fortificada. En resumen, épica.

Pobladas de heroicos modelos masculinos, sin dudas, sin fallos, con historias de superación y valores resonantes, libertad, democracia,  para mí y otros como yo, la segunda guerra mundial, sin mucha exageración, es lo que fue la Ilíada, historia y mito.

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El Yemen, ¿la siguiente revolución?

Magallanes

 Desde que cayó Mubarak en Egipto el 11 de febrero, empezaron en Yemen a manifestarse contra el dictador Abdullah Saleh exigiendo su dimisión. Éste lleva 33 años en el poder con un partido único, aunque no tan vistoso como el de Gadafi. Se trata de un país con una orografía mucho más abrupta que la de Libia y donde, a pesar de la dictadura, han sobrevivido distintos grupos rebeldes. El país estuvo dividido, la región del sur limítrofe con el océano sigue anhelando la independencia, perviven con fuerza las tribus y clanes que se pelean frecuentemente, hay una población urbana con sus correspondientes estudiantes universitarios y se infiltran desde Arabia Saudita en el norte pequeñas guerrillas de Al Qaeda o simpatizantes de la misma. Abdullah Saleh ha mantenido el poder durante 3 décadas a base de jugar con las rivalidades de todos estos grupos. Cuando empezaron las actuales manifestaciones, Abdullah Saleh pensó que podría desactivarlas con diversos métodos: repartió subsidios generosos sin exigir nada a cambio, empezó a repartir automóviles a los jefes más fiables e hizo promesas de democratización. Finalmente, cuando los universitarios de la Universidad de la capital Sanah montaron en una plaza adyacente un campamento al estilo de la plaza cairota de Tahrir exigiendo su marcha del gobierno, empezó a mandar policías antidisturbios repartiendo gases y palos. Pero la concentración siguió en dicha plaza y las  manifestaciones de apoyo se extendieron a otras ciudades y pueblos.

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Ambivalencias

Lobisón

En la confusión de las discusiones sobre la intervención militar en Libia juegan varias ambivalencias. Sólo desde una perspectiva muy simple se puede creer que el principal motivo de la intervención es el deseo de evitar víctimas civiles o el de garantizar el suministro de petróleo (o la voluntad de apropiárselo, como sostienen las almas más simples de todas). Las cosas son más complejas, y tienen que ver sobre todo con la opinión pública.

No es lo mismo que un tirano aplaste a escondidas a quienes se levantan contra él a que lo haga ante los ojos de la opinión pública internacional. Desde los tiempos en que Sadam Husein gaseó a los kurdos y a los chiíes han cambiado muchas cosas, unas en el campo de la comunicación (los teléfonos móviles e internet) y otras en el campo de las ideas.

La intervención para proteger a las víctimas de la represión adquirió legitimidad con los bombardeos sobre Kosovo y Serbia. La invasión de Irak fue un duro revés, que en el mejor de los casos obligó a una gran cautela a  la hora de plantear nuevas intervenciones, y en el peor desacreditó la misma idea de intervención militar en otros países. Pero ante las revueltas en los países árabes la presión para una intervención en Libia ha sido muy fuerte y los gobernantes no han podido ignorarlas y dejar que Gadafi arrasara Bengasi.

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Leña a la mona

NEAP

¡Qué follón! Fukushima sigue emitiendo radiaciones –ahora de origen ignoto- pese a que la situación parecía estar ya controlada; Socrates dimite en Portugal por el rechazo a su plan de austeridad; el euro vuelve a desplomarse por la inminencia de un nuevo rescate; Sortu ilegalizada con 3 votos particulares en el Supremo y con el agravante de que seguramente no haya tiempo para confirmación Constitucional antes de las elecciones; por si acaso, Batasuna ya tiene listo el plan B para ir en las listas de EA; Elizabeth Taylor finalmente ha hecho buena su necrológica del NYT de 2005 (su autor seguro no imaginó que él fallecería antes, qué ironía); y pende la irrepetible posibilidad de 4 clásicos Barça-Madrid en abril (¿se imaginan el juego que darían 4 derrotas de Mou a manos del insoportablemente perfecto Pep?)… ¿No decían que la peor pesadilla del escritor era enfrentarse a la página en blanco sin saber de qué escribir? ¡En mi caso (será que soy más bien gacetillero amateur) el problema es el contrario! Y eso que no estoy al tanto de la última de Belén Esteban con Andreita.

Zapatero a tus zapatos. Zapatero yo, me refiero, no a ZP. ZP que se ocupe de lo suyo, que es lo nuestro, que bastante es, incluido el engorro de la “sucesión-me presento de nuevo-debate sobre la sucesión” y hacer frente a los “especul(merc)adores” cuya presión contra “la peseta” ya arrecia de nuevo por el retraso (ayer mismito) del mecanismo de rescate europeo hasta junio. Y cómo no, también de nuestra contribución al derrocamiento de Gadafi. Porque de eso se trata y no de una nueva cruzada neoco(n)lonialista al estilo Bush de inspiración petrolífera como demasiada gente se empecina en percibir pese a la elocuencia de los hechos.

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Por fin Europa reacciona

Magallanes

La revolución democrática de Túnez seguida de la de Egipto, en las cuales tuvieron mucha importancia  jóvenes generaciones con facilidad en el uso de móviles, facebook,  twitter y ganas de derrocar dictaduras gerontocráticas, encendieron similares revoluciones en el resto del mundo árabe. EEUU y Europa se vieron sorprendidos. Estaban acostumbrados a un statu quo con las dictaduras y monarquías ancladas en el pasado. Pero finalmente reaccionaron, aunque con cierta tardanza, poniéndose del lado de los movimientos renovadores en Túnez y Egipto. Sus dictadores se vieron abocados a marcharse al no estar sus cúpulas militares dispuestas a mancharse de sangre. Le tocó el turno a Libia y Gadafi se negó a renunciar al poder, cayese quién cayese.

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Pánico

Lobisón

 Entre el lunes y el martes la preocupación y el horror causados por la catástrofe en Japón se convirtieron en simple pánico entre los políticos europeos. Con una premura bastante incomprensible, dado que la crisis nuclear de la central de Fukushima-Daiichi estaba en pleno desarrollo y no se conocían aún su alcance final y sus consecuencias, se convocó en Bruselas una reunión de responsables de medio ambiente y organismos reguladores de la energía nuclear en la UE.

Era evidente que esta reunión sólo pretendía ofrecer una imagen de responsabilidad, puesto que no tenía ninguna capacidad de acción inmediata y no existía la información necesaria para tomar medidas a largo plazo sobre las centrales europeas. La conclusión de someterlas a pruebas de tensión (los tan de moda stress tests) puede ser muy acertada, pero es obvio que su anuncio ahora sólo pretende adelantarse al malestar público.

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Desastre

NEAP

Vaya por delante un mensaje de solidaridad con el pueblo de Japón, que afronta una emergencia nacional que ni el más catastrofista guionista de Holywood habría sido capaz de hacer parecer realista pocos días atrás. Los escapes radiactivos de la central de Fukushima y la impredecible evolución de la crisis nuclear empequeñecen la tragedia provocada por el fortísimo terremoto y consiguiente tsunami del viernes pasado, que por sí solos segaron miles de vidas y causaron pérdidas cuantiosísimas y destrucción masiva.

Lamentablemente esta vez no se cumplió la máxima de que los países desarrollados son inmunes a las tragedias naturales, como tampoco en el no tan lejano terremoto chileno. Da pavor imaginar lo que habría pasado si una tragedia así hubiera acontecido en un sitio menos preparado para afrontarla. Afortunadamente, el envidiable civismo del pueblo japonés está permitiendo sobrellevar la emergencia de forma ejemplar y en un espíritu de encomiable solidaridad del resto de la población hacia los afectados.

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Israel ante la «revolución árabe»

Antesala

La ola de revueltas en el mundo árabe que ha dado lugar a la caída de Ben Ali, en Túnez, y de Mubarak, en Egipto, ha desatado unos niveles de euforia similares a los que concitó la caída del muro de Berlín. Hay buenas razones para confiar en que el derrocamiento de estos caudillos dará lugar a una paulatina democratización en las regiones de Oriente Medio y norte de África, ya sea por la vía de la caída de otros sátrapas, o bien por la apertura a la que se verán forzados otros regímenes por el temor al contagio de las movilizaciones a sus territorios.

Se han escuchado algunas voces que recuerdan la teoría de la «paz democrática» que, simplificando, postula que es muy improbable que dos democracias entren en guerra. Según sus defensores, esta ola de democratización en el norte de África debería dar lugar a una reducción de la tensión bélica en la zona. Otras opiniones, manifestadas principalmente desde prestigiosas tribunas de Estados Unidos, apuntan a que el crecimiento económico y la extensión del bienestar a las clases más desfavorecidas que seguirá al establecimiento de gobiernos elegidos por el pueblo dará lugar a una reducción de la beligerancia en la región. No obstante, este optimismo desaforado no ha calado en la sociedad israelí, que se ha manifestado cautelosa desde el inicio de las revueltas, ante la incertidumbre que lleva asociado el cambio de los regímenes de su entorno.

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