Gadafi y los demás. ¿Sic semper tyrannis?

Alberto Penadés

El artículo de hoy es un álbum visual que a mí me hace pensar, con perdón de lo sentencioso, que el dinero casi siempre doblega a la política, y ambos a la inteligencia.

La duda que siembran algunas de estas fotos es la de si en política el mal –el mal directo e intencionado- es inevitable; si el mal, no encontrándose casi nunca en estado puro, es sencillamente tolerable; si pudiendo, en fin, los malvados hacer el bien, el mal tal vez no sea identificable…

No tengo una respuesta que dar aquí. No obstante, me parece que durante estas semanas estamos contemplando cómo el progreso moral podría estar dando uno de sus raros pasos.

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Momentos históricos

Lobisón

Todos somos probablemente conscientes de estar viviendo momentos históricos, ya que el mundo árabe, y puede que también Irán —aunque no sea árabe—, se ha puesto en movimiento y nadie sabe hasta dónde y en qué sentido se van a producir los cambios. Resulta un poco inevitable comparar los acontecimientos de estos días con otras ondas anteriores de cambio, la que puso fin a las dictaduras del sur de Europa, el regreso a la democracia del Cono Sur de América Latina, y el derrumbe y democratización del antiguo bloque soviético.

La primera diferencia respecto a estos casos anteriores es que, sea por razones biográficas nuestras o por las circunstancias objetivas de las sociedades árabes, los cambios no sólo nos producen la lógica alegría de ver a pueblos enteros alzarse frente al autoritarismo y la represión. También nos causan una cierta preocupación por las consecuencias no queridas que estos cambios pueden traer.

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La izquierda e Israel

El crítico constructivo

Esta noche llega a España en visita oficial el Presidente de Israel, Shimon Peres, para conmemorar el 25º aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países. En enero de 1986 España entró en la Unión Europea (entonces Comunidad Europea) y también, de la mano de Felipe González, dejó de ser el único país de la Europa occidental que no mantenía relaciones diplomáticas con Israel.

En un primer momento fue Israel quién se negó a aceptar la demanda de una España franquista que quería hacer méritos ante Estados Unidos para lavar su pasado filo nazi y dejar de ser un paria en el concierto internacional. Sólo hubo otro país con quién Israel no quiso entablar relaciones después de su creación en 1947: Alemania, por razones obvias. En 1953 España firmó un primer tratado de alianza militar con EEUU, en 1955 entró en la ONU y en 1959 el Presidente Eisenhower visitó España poniendo fin al aislamiento internacional de Franco. En las nuevas condiciones, el fiel aliado israelí mostró su interés por normalizar la situación bilateral con España. A Franco ya no le hacía falta tal aval y, además, había afianzado las relaciones con el mundo árabe, que empezaba a sacudirse el yugo colonial.

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Generaciones

Lobisón 

Hablando del riesgo de irrupción del islamismo en la revolución egipcia, los optimistas creen que los Hermanos Musulmanes han girado hacia la democracia, y no aspiran a imponer un régimen islámico (la Sharia). Por otro lado se señala que, según algunas encuestas, las ideas propias del islamismo  de años pasados son minoritarias en Egipto, una mayoría del 37% frente al 27% quieren que se mantenga el tratado de paz con Israel y una proporción similar se pronuncia a favor de unas buenas relaciones con Washington (véase el artículo de Lluis Bassets en El País).

La hipótesis sería que ahora nos encontraríamos ante una generación postislamista (Olivier Roy). Prescindiendo de la afición de los analistas a inventar etiquetas ‘post’, la idea es bastante sugestiva. Han pasado más de 30 años desde la revolución iraní de 1979, que puso en la agenda política el islamismo radical, y en 2009 los nietos de esa revolución se alzaron contra el régimen teocrático en defensa de la libertad y de una vida normal. No tuvieron mucho éxito, porque en vez de enfrentarse a un ejército profesional se encontraron con un aparato armado (los pasdaran o guardianes de la revolución) no sólo muy ideologizado sino con poderosos intereses materiales en el mantenimiento del régimen.

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Y el pueblo ganó

Millán Gómez

Dieciocho días después de que comenzaran las protestas, el presidente Mubarak se rindió. Esta noticia no se hubiese producido de no haberse llevado a cabo una rebelión en las calles. Estas manifestaciones han sido de tal calibre que han provocado que un dirigente agarrado al caluroso sillón del poder durante prácticamente tres largas décadas se haya dado cuenta de que su tiempo ha terminado. Se ha visto obligado a dimitir. Sí, no ha presentado su dimisión porque considere que su ejercicio público haya llegado a su fin sino porque la sociedad a la que representa se deshizo de sus miedos y complejos echándose a la calle dando lugar a lo que ya conocemos como “Revolución Egipcia”. Las protestas se han focalizado en la Plaza de la Liberación de El Cairo. La plaza no podía tener mejor nombre. Egipto se ha liberado de un dictador. La democracia ha triunfado en la primera revolución del siglo XXI.

La moraleja de lo ocurrido está meridianamente clara: cuando una sociedad rompe con su pasado y decide movilizarse espontánea pero unitariamente se consiguen los objetivos. Es una verdadera pena que el franquismo finalizara a causa de la muerte del dictador y no por una movilización ciudadana cual Egipto. Además, este tipo de revoluciones sientan un precedente notablemente positivo para otros países. Los expertos ya hablan de que naciones como Argelia o Marruecos pueden seguir el mismo camino trazado por Egipto y anteriormente por Túnez. Y no solo en el mundo árabe, ojalá la democracia triunfe en todos y cada uno de los países fascistas que aún sufrimos dentro de la comunidad internacional. Cuba, por ejemplo, aunque haya un cierto sector de la izquierda española que se congratula de las conquistas democráticas en Egipto y silbe cuando le hablan de Cuba.

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Imposible el alemán

Sicilia

Decía uno de los personajes de “El florido pensil” que esto era lo que él entendía cuando en un himno de obligatoria ejecución antes de entrar a clase, se decía “impasible el ademán”. A los niños pequeños nos pasan estas cosas, yo, sin ir más lejos, en la canción de Radio Futura “Enamorado de la moda juvenil”, entendía “a la gente con delantal” en lugar de “a la gente joven andar”.

Este tipo de malosentendidos o de perturbaciones del mensaje pueden deberse bien a defectos en el emisor, o bien a que el receptor esté a otras cosas que a él le susciten más interés cuando el emisor emitía. Es, podría decirse uno de los motivos de las distintas lecturas que la visita de Angela Merkel a España suscitó la semana pasada. Hay ocasiones en que los titulares hablan por sí solos: venía la canciller, aunque ella pensase que era una visita diplomática, a “examinar”, a “dar el visto bueno” o a “fiscalizar”, en plan depositaria de las esencias.

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Los mil millones de abajo, de Paul Collier

Alberto Penadés

 He aprovechado el domingo para terminar un libro de gran interés, aunque ya tiene un par de años, que me ha regalado un amigo y que quiero recomendarles. Trata del desarrollo económico (y político) de los países pobres y de lo que pueden hacer los países ricos: El club de la miseria, de Paul Collier (The Bottom Billion, en inglés). Su autor ha sido el director de investigación en el desarrollo del Banco Mundial y ahora dirige el Centro de Estudios de las Economías Africanas de la Universidad de Oxford. Por lo que se colige de la introducción, llegó a interesarse por la economía de África como joven marxista, algo que parece haber abandonado hace mucho. El libro presenta, en muchos sentidos, una moderada posición centrista entre los puntos de vista de la derecha que creen que la ayuda al desarrollo es sencillamente inútil y posiblemente nociva y el izquierdismo que encuentra en ello una especie de deber moral postcolonial, o una forma de sentirse mejor.  Sigue leyendo

Rebelión de huérfanos

Barañain

¿Cómo terminará lo que está ocurriendo en las últimas semanas en el mundo árabe? ¿En qué formas de gobierno -o de desgobierno- cristalizarán esas turbulencias? En los medios se habla  de “revolución”. Y se ensalza la “sed de libertad” de las masas árabes que estaría poniéndose de manifiesto en esas revueltas. Hay quienes dan por hecho que el único horizonte posible es el del fin de las formas despóticas de gobierno. Porque ahora esos pueblos, dicen,  “quieren ser dueños de sus destinos”. El lirismo que no falte.

A la vista de los precedentes no creo que haya muchos motivos para ser excesivamente optimistas, y  me gustaría equivocarme. Aunque sólo sea porque es difícil olvidar ahora que las enormes movilizaciones ciudadanas en las calles de Teherán no impidieron que Ahmadinejad sea el presidente de Irán (63 personas ahorcadas sólo en el mes de enero de 2011); que tras las demandas de libertad en las calles de Beirut es Hezbolah quien  se ha hecho con el poder; que el espejismo de democracia en Argelia desembocó en una auténtica carnicería humana (más de 160.000 muertos). Como es también conveniente no ignorar que en la encuesta más reciente llevada a cabo entre los egipcios eran un 59% los que declaraban preferir para su futuro a los  “islamistas” frente a un escaso 27% que optaba por los “modernizadores” (tipo El Baradei, por ejemplo).

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Al Masri

 El crítico constructivo

Mientras escribo estas líneas, miles de egipcios -centenares de miles según las previsiones- se preparan para acudir en masa al centro de El Cairo y tumbar la dictablanda que Hosni Mubarak viene manteniendo desde hace tres décadas en la milenaria nación de los faraones. El Rais reaccionó demasiado tarde al contagio tunecino y todo parece indicar que la sociedad egipcia no parará hasta derrocarle, especialmente en vista de la última declaración del ejército ayer, confirmando que no disparará contra el pueblo, lo que sin duda animará a más gente a sumarse a la protesta.

Mubarak cesó al Gobierno y nombró vicepresidente –cargo siempre vacante desde que él lo dejara en 1981 para reemplazar en la Presidencia al asesinado Sadat- al ultrapoderoso general Omar Suleiman, director de los servicios de inteligencia desde los primeros años noventa y eterno hacedor entre bambalinas de todos los tejemanejes tan al uso en Oriente Medio, incluidas las negociaciones entre Israel y Hamás. Y sin embargo, ayer Suleiman parecía también superado por los acontecimientos, anunciando desde la televisión que va a abrir conversaciones con todas las fuerzas políticas y que Mubarak le ha encargado investigar todas las alegaciones de fraude en las últimas elecciones, concesiones absolutamente impensables para el rígido régimen egipcio hace sólo pocos días.

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Transiciones

Lobisón

El colapso del régimen tunecino tras la huída de Ben Alí parece haber iniciado una oleada de revueltas contra los autoritarismos en el mundo árabe. Aunque en algunos casos los autócratas son personas de edad avanzada, cuya sustitución ya estaba planteada (el caso de Mubarak), probablemente el rasgo que más se presta al paralelismo a la hora de explicar las revueltas sea demográfico: una numerosa población joven, en algún caso con una alta proporción de universitarios, como en Túnez, y una casi total carencia de expectativas.

La distancia crítica hacia los gobernantes no sólo era previsible en los ciudadanos de a pie, sino fácilmente verificable para cualquier turista que sacara el tema a relucir al guía de turno (al menos en Túnez y Egipto). Pero el malestar no se expresaba probablemente en la vida cotidiana, aunque el cine lo reflejara en ocasiones: El Edificio Yacubian o Mujeres de El Cairo ofrecían una visión poco halagadora del poder en Egipto y su peso en la sociedad.

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