Principio de curso cargadito…

H2S3

Seguía yo de vacaciones cuando Netanyahu y Abu Mazen se sentaron por fin a negociar delante de papá Obama y mamá Clinton, tras meses de tiras y aflojas y presiones desde todos los lados. No seré yo quien confíe en que sus negociaciones vayan a llegar a buen puerto rápidamente, pero estarán conmigo en que las perspectivas de que alguna vez haya paz en Oriente Medio son mejores que en abril, por poner un ejemplo, cuando la tragedia de la flotilla.

Hamás sigue campando por sus respetos en Gaza, y en Hebrón, donde decidió “ejecutar” a cuatro colonos (una de ellas embarazada) en víspera del arranque de las negociaciones, como lo hace Hezbollah en el sur del Líbano, en donde en cualquier momento podrían reproducirse “incidentes”, como cuando hace pocas semanas los ejércitos israelí y libanés se liaron a tiros un ratito por una poda de árboles en zona disputada. Y por supuesto Irán sigue centrifugando uranio para enriquecerlo y Ahmadineyad sigue haciendo declaraciones apocalípticas sobre el futuro de Israel, mientras su régimen latiga y amenaza con asesinar adúlteras.

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Kosovo: no es la justicia, es la política

Javier 

Ahora que se ha conocido el  dictamen del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya,  según el cual la declaración unilateral de independencia de Kosovo no violó el derecho internacional,  conviene recordar  los antecedentes inmediatos  del asunto.

Tras la intervención militar para frenar la matanzas promovidas en primer lugar por el régimen serbio de Milosevic, y ya  instaurado el control de Naciones Unidas en la zona (resolución 1244 del Consejo de Seguridad), en enero de 2007 el señor Ahtisaari, enviado especial de la ONU, hizo su primera propuesta para un estatus definitivo de Kosovo que no hablaba de independencia  pero sí reconocía su derecho a vincularse directamente a  organizaciones internacionales, a  ciertos “símbolos nacionales” y a disponer de una fuerza propia de seguridad.  Lejos de discutir políticamente una propuesta que los kosovares aceptaron,  los serbios la rechazaron tajantemente con el apoyo de su aliada y protectora Rusia. EEUU, entre otros, apoyó aquella propuesta. Tres meses más tarde, el enviado de la ONU  propuso una «independencia supervisada» de Kosovo por parte de la comunidad internacional con la finalidad de garantizar la protección de las minorías -serbios y otros-, en el interior de Kosovo, propuesta que nuevamente encontró el rechazo del gobierno de Belgrado y de su aliado ruso.  Ante el bloqueo del proceso diplomático, al que el rechazo a las propuestas de Ahtisaari había llevado a un  punto muerto,  los líderes  kosovares optaron por proclamar su independencia de forma unilateral el 17 de febrero de 2008. Para entonces, se había producido ya el traspaso de la misión que la ONU llevaba a cabo en la región kosovar a la Unión Europea. El reconocimiento de la nueva República de Kosovo fue inmediato por parte de EEUU, Reino Unido y Francia.

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El Dios de Israel

Ricardo Parellada 

Durante la travesía del desierto, mientras el pueblo de Israel huía, guiado por Moisés, de la esclavitud que había sufrido en Egipto, Dios transmitió al pueblo que había elegido, a través de su guía, infinidad de prescripciones y algunas promesas. Entre ellas, Dios asegura a su pueblo lo siguiente: 

“Marcaré las fronteras de tu país: desde el Mar Rojo hasta el mar de los filisteos (es decir, el mar de Gaza) y desde el desierto hasta el Río (es decir, incluyendo Cisjordania). Los habitantes de ese país los pondré en tus manos y tú los echarás de tu presencia. No harás alianzas con ellos ni con sus dioses y no les dejarás habitar en tu país, no sea que te arrastren a pecar contra mí, adorando a sus dioses, que serán para ti una trampa.”

(Éxodo, 23, 31-33)

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¿Cuál es la sorpresa?

Aitor Riveiro

Lo que ocurrió el pasado lunes a 60 millas náuticas de la costa de Gaza es de todo menos sorprendente. Por eso, sorprende que los aliados de Israel se muestren sorprendidos por la actuación de «la única democracia de Oriente Próximo». Únicamente aquellos que hayan permanecido ciegos y sordos los últimos 50 años pueden mostrarse sorprendidos, algo que no creo que cumplan Moratinos, Sarkozy, Merkel, Obama o la ONU. No es la primera vez que Israel vapulea el derecho internacional. No es la primera vez que asesina a extranjeros, dentro y fuera de su territorio. No es la primera vez que ajusticia, sin pasar por un tribunal, a cooperantes europeos.

Precisamente, el último de los barcos de la flotilla asaltada la madrugada del lunes cuando pretendía llevar a la sitiada Gaza ayuda humanitaria tiene por nombre el de Rachel Corrie, una activista pro palestina que murió aplastada por una excavadora del ejército israelí cuando protestaba por la demolición de casas palestinas en la propia franja de Gaza. Dicha nave, que por problemas técnicos quedó rezagada del resto, navega hacia Gaza en el momento de escribir estas líneas. El ejército israelí ya ha avisado de que no permitirá que cumpla su objetivo y, dados los precedentes, nadie duda de que así será.

Así que, ¿a qué viene tanta sorpresa?

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Contradicciones

H2S3

Ayer tuve el placer de guiar a un grupo de conocidos por la ciudad vieja de Jerusalén y pese a que, una vez más, no fui objeto de un repentino ataque de espiritualidad ni ante el Muro de las Lamentaciones, ni a la puerta de la Explanada de las Mezquitas ni tampoco dentro del Santo Sepulcro (más bien al contrario), me asaltaron una serie de pensamientos filosóficos que me voy a permitir tratar de transcribir.

El primero sería que cuanto más se empeñan los religiosos de cualquier condición en profundizar en sus diferentes manifestaciones religiosas, más se parecen los unos a los otros. Los cientos de ultraortodoxos judíos vestidos con largos trajes negros se distinguen entre ellos por mil detalles mientras se dan de cabezazos contra el muro. Sefardíes los unos, asquenazíes los otros, ultrasionistas la mitad, antisionistas la otra (el Estado de Israel fue creado heréticamente por el Hombre en vez de por Dios como dicta la Biblia y, por tanto, el Mesías no vendrá hasta que no desaparezca…), todos son iguales de fanáticos, no ya a ojos del turista poco avezado sino a los de la inmensa mayoría de los israelíes judíos (no olvidemos que hay casi un millón y medio de árabes con pasaporte israelí), que ven en ellos a una pléyade creciente de parásitos de un Estado al que no contribuyen con sus impuestos – no trabajan, sólo estudian la Torah- y del que reciben ingentes subsidios.

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El derecho a ponerles cara

Julio Embid

La semana pasada recibimos la noticia de que el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte cambiará el color de su gabinete y el inquilino del 10 de la Calle Downing. Todo apunta a que será David Cameron, líder del Partido Conservador (Tory) y vencedor de las pasadas elecciones del día 6 de mayo logrando 306 de 650 diputados (MP) en la primera mayoría simple desde 1974.

Los laboristas perdieron las elecciones bajando de 349 a 258, perdiendo en el camino un millón de votos y seis puntos porcentuales sobre el total. Los liberal-demócratas también bajaron 5 diputados hasta 57, pero aumentan su capacidad de decisión pues los tories necesitaran de su apoyo en la investidura y en todas y cada una de las votaciones de reforma que pretenden llevar a cabo.

Otras cosas curiosas: los Verdes de Inglaterra y Gales ganaron su primera diputada (Carolina Lucas) por Brighton; una diputada unionista (Sylvia Hermon) decidió irse de su partido (UUP), presentarse por su circunscripción y ganarla como independiente; o la del Ministro de Defensa de Brown, Bill Rammell, que hizo la risa en su distrito de Harlow en la Región de Inglaterra-Este. Aunque el sistema favorezca el bipartidismo, con una caña (buen candidato), un sedal (buen programa) y  un cebo (buena campaña) se pueden pescar buenos resultados. Sigue leyendo

La reforma mundial del sector financiero: ¿será posible?

Sicilia

Hace año y poco, en plena vorágine de planes de intervención en los sectores bancarios y financieros en la mayor parte de las economías principales del mundo, creció el debate paralelo de cómo aquello que nos había llevado hasta aquí no debía permitirse que sucediese de nuevo.

Unos meses después las aguas parecían volver a su cauce; tras los primeros calentones verbales la tibieza de nuevo se enseñoreaba del discurso principal y las miradas se dirigían de nuevo hacia los posibles excesos fiscales de los diferentes gobiernos, hacia los niveles de paro, hacia los niveles de déficit, hacia los endeudamientos, y la reforma del sector financiero de nuevo parecía salirse del cuadro para tranquilidad de aquellos que vieron peligrar su tradicional modo de vida, de muy buena vida en muchos casos.

Como en tantas otras ocasiones la urgencia del último y penúltimo dato y, por ende, la incapacidad de soslayar la agenda diaria, parecían aliarse para no afrontar cuestiones complejas, espinosas y nada sencillas de explicar, pero de importancia capital. Vivimos en una economía donde el sector financiero es clave para que todo funcione, desde luego, y donde su evolución ha contribuido al beneficio económico global, pero también vivimos en una economía donde lo financiero ha alcanzado un tamaño desmesurado, donde en muchas ocasiones hemos observado un alineamiento del discurso económico imperante entre lo que son meramente intereses de un sector frente al interés global más allá de lo que el sentido común, como luego ha demostrado la realidad, debiera haber permitido. Sigue leyendo

¿Y qué fue de las elecciones en Irak?

Magallanes 

El 8 de marzo redacté el artículo “Elecciones Decisivas en Irak” y al final escribí: 

“Es muy probable que después de las elecciones empiecen discusiones sobre si hubo fraude electoral en tal o cual circunscripción. Pero si  se consigue finalmente formar un Parlamento en que los suníes no ocupen un lugar ridículo, es posible que Irak pueda tener un gobierno que funcione. Confiemos en que, después de 7 años de una guerra incivil, sea posible que entre kurdos, suníes y chiíes, haya una transición pacífica al estilo de la que ocurrió en España después de nuestra cruenta guerra civil y dictadura de Franco.”

 Pues bien,  el resultado de las elecciones  fue que, contra todo pronóstico, la coalición suní-chií de Allawi obtuvo 2 diputados más que la coalición exclusivamente chií del actual presidente Maliki. Pero este último no ha aceptado un resultado que pueda destronarle de su presidencia y, acusando de que ha habido un fraude electoral, ha exigido el recuento de los votos, no en todo el país sino en la zona central de Bagdad, que supone una quinta parte del total de los 12 millones de votantes de Irak y abarca 70 de las plazas de diputados. El Tribunal electoral ha dispuesto que se haga el recuento de votos. Pero los partidarios de la coalición dirigida por Allawi han advertido de que la violencia puede volver si se les roba esta victoria electoral que ellos consideran justamente ganada, y tienen a su favor que las Naciones Unidas, que supervisaron las elecciones, declararon que no se había constatado ningún fraude de importancia.

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Tres de azúcar en el café, la vida ya es bastante amarga

Julio Embid 

El té es una infusión de hojas molidas aderezada con otras hierbas y especias. Se calcula que  en un día se toman alrededor de 1.500 millones de tazas de té en el mundo. Yo mismo contribuyo con al menos dos al día. Existen verde, blanco, oolong, fermentado, roiboos, rojo y negro (mis favoritos estos últimos en su combinación cenetera). A pesar de su origen asiático, es el símbolo imperial británico que fue sustituyendo poco a poco el consumo de ginebra entre sus clases altas por esta bebida de menor resaca, y más tiempo de consumo y palique que un copazo. Es también el símbolo de la Revolución Americana, ya que tras un calentón por la enésima subida de impuestos en 1773, los colonos empezaron a comprar té a los neerlandeses y eso enfadó mucho a Su Graciosa Majestad, pero mucho más a Mel Gibson y terminó como todos sabemos. O say, can you see, by the dawn’s early light.

Pues bien si el Té fue un símbolo de la Revolución y la búsqueda de libertades y derechos, hoy es un símbolo de la Reacción y el retroceso al siglo XVIII. El Tea Party es el movimiento ultraconservador más importante de los Estados Unidos, fundado el año pasado y que amenaza con hacer volver al país más poderoso de la Tierra a los valores prerrevolucionarios. El grupo surgió como protesta contra las reformas de Obama y tiene unos valores ultraconservadores en lo social y moral, y libertarios en lo económico. Más de lo mismo. Lo nuevo es su apoyo de masas, su presencia en los medios (y ya no solo en la FOX o en las tertulias de Limbaugh, sino también hasta el NY Times les da bola) y su organización horizontal y asamblearia a través de la red. Las cabezas visibles son dos: Newt Gingrich, georgiano y antiguo speaker de la Cámara de Representantes y por supuesto Sarah Palin, alasqueña,  antigua candidata a vice y lehendakari de ultramar.

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La ideología alemana

Lobisón

Cuentan que en los años sesenta, cuando en todo el mundo se hablaba del ‘milagro alemán’ por la espectacular reconstrucción del país tras la guerra, los alemanes se indignaban. ‘¿Milagro por qué? Milagro será lo de Austria: nosotros trabajamos’. Este malvado chiste podría resumir la ideología alemana: ellos trabajan, se lo ganan todo por el propio esfuerzo, y sus vecinos prosperan de milagro o a costa suya.

Hay estudios que sostienen que los alemanes trabajan menos que sus vecinos europeos y que los norteamericanos, pero que su productividad es mayor gracias a su ventaja en tecnología y capital físico. Pero lo que cuenta ahora no es la realidad sino cómo se interpretan los hechos: Alemania recuperó el crecimiento en el segundo y tercer trimestres de 2009 habiendo mantenido el déficit en el 3,3% del PIB, sin dejar que las cuentas se les dispararan.

La recuperación alemana convenció a los mercados de que había llegado de nuevo la hora de la ortodoxia, y que los países con déficits altos —superiores al 10% del PIB en algunos casos— debían comenzar a recortarlos. Y ésa es, además, la doctrina oficial de la UE, que exige a los países miembros del euro volver al 3% en 2013. En cierto sentido la especulación contra la deuda griega —y la de los países que podríamos venir después— es una consecuencia de la recuperación alemana en 2009.

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