Entre dos épocas

Lobisón 

Desde que llegó a la presidencia Barack Obama sucede algo extraño al leer la prensa o ver la televisión: los anuncios o decisiones de la Casa Blanca no provocan ya automáticamente un estremecimiento, sino que resultan razonables y normalmente merecen apoyo. La pregunta surge casi de forma espontánea: ¿cómo hemos sobrevivido a estos ocho años en los que el sentido común, la racionalidad y la decencia parecían ausentes de Washington?

 

Es evidente, sin embargo, que no todo ha cambiado con la nueva administración. No ceja la oposición de los republicanos a los proyectos para sanear y relanzar la economía, con el argumento de que suponen un mayor papel del Estado —del Gobierno federal— y una deuda que deberá pagarse en el futuro. Dada la gravedad de la crisis resulta algo chocante, como un enfermo terminal que se niega a pasar al quirófano si no le garantizan que podrá volver a jugar al tenis.

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¿Bella Italia?

Marta

 

No cabe la menor duda de que Italia es un país hermoso y fascinante. En cualquier rincón de la bota a dónde uno vaya, siempre encontrará bonitos paisajes, impresionantes monumentos, así como pueblos y ciudades en los que uno se quedaría a vivir, así, por las buenas, como la protagonista de “Bajo el sol de la Toscana”. Los italianos, al menos con los que yo he tenido trato, son gente cercana y cordial.

 

Sin embargo, si repasamos algunos de los acontecimientos más destacados de Italia de estos últimos tiempos, la imagen que ofrece, al menos de cara al exterior, y siempre según las informaciones que nos llegan a través de los medios de comunicación, nos encontramos con un panorama muy poco edificante, por emplear un término lo más suave posible.

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El milagro de Chile

Antesala

Todavía quedan chilenos que se refieren al asalto al Palacio de la Moneda del 11 de septiembre de 1973 mediante el eufemismo de «pronunciamiento nacional». Para ellos, el golpe de Estado no fue sino la consecuencia natural de un conjunto de políticas erráticas del gobierno de la Unidad Popular que encabezó Allende tras su triunfo en la elección presidencial del 4 de septiembre de 1970. Han pasado más de treinta y cinco años desde que los insurgentes ensangrentaran las calles de Santiago y todavía se escuchan voces, en ocasiones de jóvenes que crecieron en la democracia, que defienden que el derrocamiento de aquel gobierno legítimo fue necesario, que lo que ocurrió fue la única salida posible al caos en el que el gobierno de izquierdas había sumido al pueblo chileno.

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Depresiones para todos los gustos

Padre de familia

 

La supuesta depresión económica, la depresión por lo de Oriente Medio – tanto por el probable resultado de las elecciones en Israel hoy como por el caos palestino -, la absoluta depresión de los etarras – a decir de sus propios papeles según viene relatando la prensa – y, como no, el partido político español que avanza de-presión en (de)presión hasta la derrota final, nuestro PP de los PP de toda la vida, por supuesto.

 

La semana pasada, el Consejero Delegado de General Electric eludía con humor definir si estamos ante una recesión o una depresión afirmando que sin duda ante una de las dos… Recesión son dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo, eso lo sabemos todos. Pero, ¿existe una definición aceptada de lo que constituye una depresión económica? En todo caso, parece claro que estamos en una, y en una bien gorda. Los indicadores económicos globales de la OCDE indican que ya estamos al nivel de la crisis de 1973-74… y bajando.

 

Quizás la mejor prueba de la excepcionalidad de la situación que vivimos es que nadie se sobresalta ante la posibilidad de que la Reserva Federal empiece a comprar deuda pública emitida por el Tesoro norteamericano. Al contrario, el Banco Central Europeo no descarta empezar a hacer lo mismo próximamente. ¿No es acongojante? Es, cuando menos, muy sorprendente que nuestros Gobiernos emitan deuda y quienes la compren sean nuestras –independientes?- autoridades monetarias. ¿Con qué fondos la compran? ¿No son también nuestros al fin y al cabo? Es decir, ¿nos compramos deuda pública a nosotros mismos? ¿Quién la va a devolver? Me temo que nosotros también pero tengo que admitir que no sé muy bien cómo… O sí, emitiendo moneda, imprimiendo billetes, devaluando los que hoy tenemos en la cartera. ¿Y qué consecuencias va a traer semejante galimatías financiero? Seguramente estamos de acuerdo en que no hay nada peor que la deflación pero, ¿cómo sabrán el momento en el que el peligro de la inflación vuelva a más grave que el riesgo de deflación? ¿Y qué harán en ese momento con toda la deuda acumulada? Lo peor está por llegar. Depresión.

 

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Muerte de un ciclista

Barañain 

Ocurrió a finales de diciembre, al poco de comenzada la intervención israelí contra Hamás en  Gaza. Sucedió en Mosul, en ese atormentado Irak del que estamos ya acostumbrados, hasta la saturación, a relacionarlo con el correr de la sangre, con la violencia sin fin, con el fanatismo que escapa a cualquier lógica.  Una de las numerosas manifestaciones de protesta contra el ataque israelí que se sucedían en el mundo árabe en esos días se vio brutalmente interrumpida cuando un hombre sobre una bicicleta se hizo explotar en medio de la multitud airada, correligionarios suyos, provocando su propia muerte y heridas a diez y seis personas.   

 

Esta espantosa técnica, legitimada por los dirigentes religiosos en el mundo árabe como arma contra Israel, se volvía así, de forma tan atroz como estúpida, contra los árabes que se manifestaban por los bombardeos israelíes sobre Gaza.

 

La autoinmolación de combatientes (entre sus enemigos, que no entre los propios) que tanto desconcierto creó entre sus potenciales destinatarios,  ha sido un recurso utilizado -de manera discontinua- por el terrorismo fundamentalista islámico, sobre todo en Israel y en Irak, tras la ocupación de ese país. Algo sólo posible en el caldo de cultivo de un fanatismo extremo que propicia y anima a «no descansar y no abandonar la senda de la yihad y del martirio”. Un empeño macabro de cuya inoculación  ni siquiera se han librado los niños; en una entrevista de la BBC (20/07/01) se jactaba de ello un consejero palestino del «Campamento del Paraíso»: «Estamos enseñándoles a los niños que las bombas suicidas causan pavor a los israelíes y que nos está permitido hacerlo…Les enseñamos que después de que una persona se convierte en un detonador suicida alcanza los más altos niveles del paraíso».

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Obama pisa fuerte

Padre de familia

 

De momento Obama no defrauda, al menos a mí, al contrario, ha empezado a paso firme, aprovechando sus primeros días para plasmar una serie de decisiones prometidas que vienen a corregir otras que nunca deberían haber sido tomadas.

 

Para empezar, cierre de Guantánamo a poner en práctica en los próximos doce meses como máximo. Con un mero plumazo puso fin a las argumentaciones sobre lo complicado que sería desandar el camino y, no contento con eso, al día siguiente prohibió la tortura y las cárceles secretas de la CIA, explicitando que EEUU tiene que cumplir con la legalidad internacional representada en este caso por las Convenciones de Ginebra. ¡¡¡Prohibió la tortura!!! Pero que bajo había caído EEUU con Bush para que sea necesario prohibir lo ilegal…

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Yes, we can. Homenaje a unos personajes olvidados

Ricardo Parellada 

 

Los derechos humanos son el referente principal de la ética social en la actualidad. Son la columna vertebral de las constituciones modernas y son invocados con vehemencia a la hora de denunciar la injusticia y la opresión. Los derechos humanos son un referente fundamental en la teoría de la justicia y la democracia, en la actividad política y en el activismo social. Y son importantes para la reflexión y para la acción desde perspectivas disciplinares diferentes, pues constituyen un elemento central de planteamientos jurídicos, filosóficos, sociológicos o económicos de la vida social.

 

La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 fue elaborada contrarreloj por un grupo de hombres y mujeres infatigables, hoy en su mayoría olvidados. Propongo rendirles aquí un pequeño homenaje recordando su labor, pocas semanas después del sesenta aniversario de la proclamación de la declaración y dos días después de la toma de posesión del primer presidente negro de los EEUU, que ha suscitado un entusiasmo planetario sin precedentes. A mi juicio, los autores del documento más importante de la historia de la humanidad bien merecen que los recordemos estos días.

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¡Alabado seas Obama!

 

Padre de Familia

 

Título mesiánico, en efecto, pero es que nos hace mucha falta un mesías redentor y más nos vale que el bueno de Barack Obama lo sea, o más bien que actúe como tal.

 

La situación es verdaderamente desesperada. La crisis financiera global ya se ha traducido en una severa recesión económica internacional de evolución incierta. El problema se originó en EEUU y es allí donde más grave es y desde donde necesariamente tienen que impulsarse las políticas que nos permitan a todos salir del hoyo. Obama ha apoyado las medidas adoptadas hasta la fecha pese a que en gran medida el apoyo a las grandes entidades financieras implica recompensar a los estafadores. Sin embargo, está preparando un programa paralelo para ocuparse también de los estafados, de los consumidores de la clase media, de los amenazados por el desahucio de sus casas y de los más desfavorecidos.

 

Su combinación de ideales de justicia y equidad no es contradictoria con la eficacia y el pragmatismo, como no tiene por qué serlo en ninguna parte. La mejor forma de reactivar el consumo es arbitrar medidas que permitan que los consumidores recobren la confianza. La mejor forma de estabilizar los precios de la vivienda, clave para que la crisis toque fondo, es ayudar a los hipotecados a que no pierdan sus casas, que es lo mismo que ayudar a los bancos a no tener que quedarse con un montón de viviendas sobre valoradas que debilitarán todavía más sus balances.

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Un vals con el abismo

Antesala

Hace poco más de sesenta años, un ejército hebreo semiprofesional, nutrido en gran medida por voluntarios, establecía un corredor humanitario que conectaba a la población judía de Jerusalén, en estado de sitio, con sus camaradas sionistas. La carretera que une Tel-Aviv con la ciudad sagrada está plagada de los restos de los combates que aquellos defensores del primigenio Estado de Israel entablaron con los francotiradores de la entente árabe, que se había conjurado para expulsar al pueblo judío de Palestina. Para los nietos de aquellos combatientes, esos restos de hojalata oxidada son un símbolo de la lucha por el establecimiento de un hogar nacional para un pueblo perseguido durante siglos, y el recuerdo de que el camino hacia la construcción de su Estado se ha fraguado -entonces y hasta ahora- a golpe de lucha y padecimientos.

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El conflicto del gas

 Marta 

El año ha empezado con un crudo recordatorio de cual será una de las claves de las relaciones geoestratégicas en este siglo XXI: la energía, un bien escaso, sobre todo en lo que al petróleo y al gas se refiere. Los países desarrollados, como los europeos, tienen una gran dependencia de fuentes energéticas como el gas, y así seguirá siendo, pese a los esfuerzos, más o menos convincentes, por desarrollar fuentes alternativas que permitan mantener nuestro nivel de desarrollo.

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