Fuera fascistas de nuestras fábricas

Pedro Luna Antúnez

“El genio ya no está en la botella” declaró Simon Kaupert, secretario de comunicación del sindicato de extrema derecha Zentrum Automobil. Nos hallamos en mayo de 2018 y en Alemania se celebran elecciones sindicales para elegir la composición de más de 28.000 comités de empresa en todo el país. Zentrum Automobil, sindicato fundado en 2009 como el brazo sindical del partido neonazi Alternativa para Alemania (AfD), ha conseguido representación en siete comités de empresas del sector de la automoción como BMW, Porsche, Opel, Siemens o Daimler Mercedes-Benz, con más del 10% de los votos en algunas de esas empresas. En la planta de Daimler en Stuttgart Zentrum Automobil consiguió seis delegados en el comité de empresa siendo uno de los centros de trabajo con mayor presencia sindical de la extrema derecha. Oliver Hilburger es uno de los delegados derechistas en Daimler. Conocido en Alemania por haber sido activista de la extrema derecha y guitarrista del grupo musical neonazi Noie Werte, fue uno de los fundadores de Zentrum Automobil y es hoy uno de los dirigentes más visibles del sindicato. Sigue leyendo

Los invisibles de Nissan

Pedro Luna Antúnez

Walter Massaro es argentino, tiene 55 años y vive en el barrio de Bellvitge de l´Hospitalet de Llobregat. Llegó a Catalunya hace 15 años tras una breve residencia en Asturias y empezó a trabajar en la planta de Zona Franca de Nissan como empleado de Magnetic Marelli, una de las subcontratas que operaban en la factoría barcelonesa. Walter, que ya tenía experiencia en el sector de la automoción en su país al haber trabajado en una de las fábricas argentinas de Peugeot, ha trabajado estos últimos quince años en las cadenas de montaje de Nissan realizando las mismas tareas que sus compañeros, los trabajadores con contrato de la empresa. Sin embargo, sus condiciones eran muy inferiores por pertenecer a una subcontrata, no sólo a nivel salarial sino también en materia de derechos sociales. En conversación telefónica, Walter recuerda cómo a un trabajador de proveedor o subcontrata no se le permitía, por ejemplo, hacer uso del transporte colectivo gratuito de Nissan ni acudir a los comedores reservados únicamente para los trabajadores de Nissan. Esa línea divisoria que separaba a trabajadores de primera y de segunda llegó a ensancharse hasta el punto de prohibir a los subcontratados disponer de vestuarios en las instalaciones de Nissan para cambiarse de ropa o ducharse tras la jornada laboral, algo que motivó que trabajadoras de las subcontratas tuvieran que cambiarse en los lavabos de la fábrica y que finalmente la mayoría salieran de casa con la ropa de trabajo ya puesta. Sigue leyendo

Cosas de la prensa

Carlos Hidalgo

Voy a dejar un momento de lado la crispación imperante en la política, que me preocupa (y mucho), por otra cosa que también me ha llamado mucho la atención. La revuelta de las redacciones. Las soluciones a la crisis financiera de 2008 solucionaron las cosas muy desigualmente. De hecho, la mayor parte de los trabajadores españoles -por poner un ejemplo- tienen ahora menos poder adquisitivo que en 2008. Pues bien, dentro de los sectores más castigados aún hoy por aquella crisis está el del periodismo. Si los bancos fueron rescatados y si los precios inmobiliarios subieron un 32% desde 2014, los medios siguieron igual de precarizados, igual de vulnerables y la profesión más devaluada todavía.

La crisis económica provocada por la pandemia del coronavirus provocó que la publicidad, fuente principal de ingresos para la mayoría de los medios, cayera de golpe entre un 75% y un 90%, dependiendo del caso. Hubo publicaciones en papel que, literalmente, se quedaron sin anunciantes antes de ser impresas. Y no llegaron a imprenta, claro. Sigue leyendo

Verano de Coronavirus

Juanjo Cáceres

Los efectos de la pandemia causada por la COVID-19 han sido colosalmente visibles. Muchos miles de personas han fallecido en nuestro país como consecuencia del virus y sus efectos se han dejado sentir sobre una economía obligada a un paro forzoso, que ha supuesto también el paro temporal de millones de trabajadores. En las semanas álgidas de la pandemia, las consecuencias económicas y sociales fueron consideradas por lo general como un mal necesario, pero tras ellas se ido vislumbrado poco a poco hasta qué punto han generado problemas graves en miles de familias, que han visto desaparecer sus ahorros y en algunos casos, han sido incapaces de atender sus necesidades básicas. Lo mismo sucedió con la atención sanitaria: el coronavirus no dejaba otra alternativa que dirigir el esfuerzo hacia la atención a las personas afectadas, pero a medida que ha pasado el tiempo se ha ido manifestando el coste humano de haber reducido el ritmo de trasplantes y de pruebas diagnósticas, entre otras cuestiones desatendidas, en un sistema sanitario con amplias listas de espera. Sigue leyendo

¿A qué quieres que te gane?

Julio Embid

Durante las últimas semanas hemos visto a unos cuantos deportistas de élite apoyando a Vox y sus manifestaciones en coche o a caballo. Es lógico, si tienes entre 25 y 40 años y tienes entre 25 y 40 millones de euros en patrimonio, lo normal es que apoyes a aquellos que quieren bajar los tramos más altos del IRPF, aquellos que quieren suprimir el Impuesto de Sucesiones y de Patrimonio, y aquellos que se oponen a la creación de un Impuesto a las Grandes Fortunas (de más de un millón de euros de patrimonio). Insisto, tiene su lógica, tú has ganado honradamente una millonada jugando al fútbol o pegándole a la raqueta, has pagado los impuestos que tu asesor fiscal te ha dicho que tienes que pagar y llegan unos «socialcomunistas» del Gobierno que quieren quitártelos y dárselos a unos muertos de hambre por estar en su casa. Que trabajen duramente como has hecho tú, que desde los ocho años sacrificándote, jugando torneos y ligas, entrenando casi ocho horas al día, sin poder comer chocolate mientras el resto de los niños merendaba bocadillos de nocilla mientras hacía los deberes de primaria viendo a Oliver y Benji. Que tú has ganado dos Ligas, un mundial, un Torneo de Montecarlo y una Copa Davis y ellos ¿qué han hecho hasta ahora? ¿Tener dos hijos y bajar al bar a pedir unas patatas bravas? Qué tú has llevado el nombre de España a lo más alto. Sonando el himno mientras erguido y orgulloso te entregaban una medalla. Encima no se sienten orgullosos de la bandera de España. ¿Es que acaso prefieren la de Francia o la de Italia?. Soy español ¿a qué quieres que te gane? Sigue leyendo

Nissan y las banderas de nuestros padres

Pedro Luna Antúnez

Eran otros tiempos. Fue a principios de junio de 1976 cuando Maruja Ruiz, natural del pueblo granadino de Guadix, propuso ocupar la iglesia de Sant Andreu del Palomar de Barcelona y encerrarse en ella en solidaridad con la huelga de los trabajadores de Motor Ibérica que, desde abril, mantenían un pulso con la dirección de la empresa en plena negociación del convenio provincial del Metal. Los trabajadores no sólo reclamaban mejoras salariales, en concreto un aumento lineal de 4.000 pesetas, sino la readmisión de 18 compañeros despedidos en 1974 y la retirada de los 200 expedientes abiertos tras el conflicto laboral de aquel mismo año. Ante el recrudecimiento de la huelga, Maruja, esposa de un obrero en huelga de Motor Ibérica, acabó liderando el encierro en la parroquia barcelonesa de 300 esposas de trabajadores, encierro que acabó 28 días después con el asalto de la policía nacional. La huelga de Motor Ibérica duraría otros 96 días siendo una de las huelgas más largas de aquellos años conjuntamente con la de la fábrica siderúrgica Laforsa de Cornellà del Llobregat, que duró 100 días entre 1975 y 1976. Sigue leyendo

Manifiesto contra la normalidad

David Rodriguez

Durante esta época de confinamiento por el coronavirus, se está repitiendo hasta la saciedad el mensaje de que queremos recuperar la normalidad algún día. Cuando escucho estas esperanzadas apelaciones, quiero entender que se refiere a la normalidad de las relaciones interpersonales y del contacto social, porque hay otras formas de supuesta normalidad que prefiero que queden desterradas para siempre. Sigue leyendo

El veneno de las redes

Carlos Hidalgo

Estos días aumenta la relación de amor-odio con nuestros teléfonos y ordenadores. Son la ventana para comunicarnos con el mundo fuera de nuestras casas. Nuestros familiares, seres queridos, amigos y conocidos están ahí, al otro lado de las pantallas. El aluvión de llamadas, videollamadas, mensajes instantáneos y publicaciones en muros diversos, se nos hacen necesarios y nos dan hartazgo a la vez. Pero también se nos está saturando con alarmismo, mentiras y odio. En un momento en el que dependemos muchísimo de recibir información del exterior, uno no sabe bien qué es lo que llega y a qué atenerse. Y esto con la información de fuentes fiables para empezar. Sigue leyendo

La hora de los patriotas

Alfonso Salmerón

Nunca imaginamos que viviríamos una situación como ésta. Hay que ir muy atrás en el tiempo para encontrar una crisis de las dimensiones de esta pandemia. Las comparaciones con episodios bélicos y el lenguaje de guerra del que se ha hecho abuso estos días, especialmente desde el gobierno, hemos de entenderlas en ese sentido. Nuestra memoria histórica más reciente nos remonta seguramente a la guerra civil para encontrar referencias que nos permitan simbolizar lo que estamos viviendo. Sigue leyendo

Certificados de inmunidad

Lluís Camprubí

Da la sensación de que haya pasado una eternidad y que todo haya cambiado desde la última columna, escrita el 12 de marzo en la que planteaba la necesidad de profundizar las medidas restrictivas para frenar la famosa curva. Parece que hemos pasado los días más espeluznantes de esta primera ola. Y frente a nosotros se nos abre una incierta normalización y un pavoroso panorama económico. Muchas voces han ido planteando escenarios como podría ser este camino/transición: Quizás destacaría ésta de Pueyo y ésta de Yong. Todas coinciden en que deberá ser gradual y escalonado (por territorios, sectores económicos y/o grupos humanos), y siempre vigilando que el número de reproducción (o el pendiente positivo de la curva) no se dispare, momento en que debería poder revertirse el relajamiento. Entrando así en ciclos de relajación-restricción a través de las distintas olas, hasta que se haya generado suficiente inmunidad grupal y/o se encuentre tratamiento/vacuna efectivo y universalizable. En paralelo a esta gradualidad, se requerirá el mantenimiento de distancia social, de higiene y etiqueta respiratoria, y de todas las medidas que hemos ido adoptando para evitar la proximidad, tiempo e intensidad de los contactos sociales. Nuevas medidas serán norma social, como el uso generalizado de mascarillas, ahora que ya se ha consolidado la evidencia (aquí y aquí por ejemplo) que puede evitar que nos contaminemos y a la vez que actuemos como transmisores. Recomendar y exigir el uso de mascarilla, lo que nos parecía una alteración de la norma social y la libertad individual, ahora ya nos parece razonable y forma parte del nuevo paisaje. Sigue leyendo