La subida de impuestos que viene

José D. Roselló

Al gobierno que salga de las urnas el próximo día 20 de noviembre, previsiblemente popular, le va a tener que tocar enfrentarse con una situación, de nuevo, de las de entre la espada y la pared.

El año 2011 va cerrarse con grave riesgo de entrada en recesión, los indicadores adelantados preven caídas del crecimiento bastante severas en los principales países de la Zona Euro,  y, en consecuencia, caída de los ingresos fiscales. La esperada evolución al alza que se preveía a principios de este año no va a producirse y en cambio se auguran más tensiones  en  el aumento del gasto por unos mercados de trabajo y una actividad económica renqueante a corto plazo.

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Los pecados de la virtud

Lobisón

Tras el reconocimiento por parte del gobierno griego de que no podrá cumplir este año los objetivos de déficit y deuda acordados con la UE y el FMI, parece que los responsables comunitarios han dejado la puerta abierta al desembolso de un nuevo tramo de ayuda, admitiendo de forma implícita que la desviación es una consecuencia del efecto recesivo de las propias medidas de ajuste exigidas a Grecia.

Esto supone que tales medidas no eran realistas, en la medida en que su efecto sobre los ingresos era superior a la reducción del gasto que era el primer objetivo. Nada nuevo para quienes recuerden la agonía de Argentina en 2001. Lo que es nuevo es que la UE debería haber estado en condiciones de fijarse metas más realistas, que mantuvieran la economía en marcha a la vez que reducían el gasto público. La UE, además, está en condiciones de prestar ayuda financiera a Grecia para abordar esta dolorosa transición.

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Una idea peregrina sobre la crisis de la deuda

Aitor Riveiro

El Banco Central Europeo salvó hace unas semanas a Italia y a España, tercera y cuarta economías respectivamente de la Zona Euro, gracias a un cortafuegos en forma de 22.000 millones de euros. El organismo que dirige el francés Jean-Claude Trichet adquirió por ese valor deuda pública de ambos países que se estaban negociando en el mercado secundario, donde los operadores compran y venden deuda soberana a precio libre. Dicha negociación había llevado una semana antes las respectivas primas de riesgo (el sobreprecio que se paga por los bonos españoles a 10 años respecto a los alemanes) a niveles históricos, lo que hizo peligrar la futura financiación de ambos estados o, cuando menos, la encareció notablemente, ya que lo que ocurre en el mercado secundario afecta directamente al primario. Se retroalimentan.

La acción del BCE echó a los especuladores y frenó una escalada que ya apuntaba a Francia. Funcionó, al menos a corto plazo. Sin embargo algunos economistas la han criticado. ¿Y si en unos meses el BCE tiene tantos títulos soberanos que, por ejemplo, no acepta una quita en la deuda de algún país, aunque fuera la mejor decisión para la Eurozona?, se preguntaba. Precisamente la posibilidad de que Grecia precise de una quita en su dedua soberana toma cuerpo.

El mismo principio se puede aplicar a los llamados eurobonos, es decir, a la opción de que el BCE adquiera directamente la deuda en el mercado primario. En este caso la oposición no es solo académica: el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y la canciller alemana, Angela Merkel, no quieren oír hablar de esta opción de momento, tal y como han asegurado en reiteradas ocasiones.
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La crisis y la polí­tica

Lobisón 

Desde el comienzo de la crisis en 2007 se ha extendido cada vez más la sensación de que la polí­tica es impotente frente a las exigencias de los mercados. En su forma más caricaturesca lo ha expresado Alessio Rastani, el famoso por un dí­a entrevistado por la BBC: el mundo lo gobierna Goldman Sachs. Lo que pretendo subrayar en esta nota, por el contrario, es que en buena medida es la polí­tica lo que explica el desarrollo de la crisis.

Sólo en parte, por descontado. En los primeros meses de 2008 se creí­a que era el momento del regreso de Keynes y de la intervención pública. Pero el rescate público de los bancos, al evitar una gran recesión como la 1930, dio paso a un nuevo problema: los bancos no daban crédito porque estaban fuertemente endeudados y temí­an adquirir nuevos compromisos en un contexto de desconfianza global.

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La panacea del eurobono

LBNL

Ante la nueva oleada de pánico en “los mercados” y los repuntes de las “primas de riesgo”, en particular la italiana y la española, arrecian las voces de los que reclaman una unión económica y fiscal europea, incluido el consejero de Gas Natural, el Sr. G. Márquez (pincha aquí para ver el artículo), y son legión los que, conscientes de la urgencia y la complejidad que implicaría resolver la cojera de la unión monetaria europea, exigen la cabeza de Merkel por oponerse a los “eurobonos”, que supuestamente evitarían el abismo al que parecemos abocados.

La semana pasada el malo de la película fue el dimitido economista jefe del Banco Central Europeo Jurgen “halcón” (sólo cuando no se trate de Alemania) Starck, reemplazando en el ranking de maldad al Gobernador Trichet, quién había venido concitando iras generalizadas durante el verano por su presunta cicatería para comprar deuda italiana y española.

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Reglas fiscales, “no es por no ir”

José D. Roselló

Con “agosteidad” hemos tenido conciencia de algo que hasta hace un par de semanas era un concepto reservado fundamentalmente a los economistas, y la cuestión es que no ha entrado esto con el mejor pie.

Una Regla Fiscal es toda aquella relación entre los ingresos y gastos públicos a cuyo mantenimiento se compromete un gobierno. Ni más, ni menos, que eso. Las reglas fiscales se diseñan con el propósito de hacer las finanzas públicas sostenibles en el tiempo, tratando de evitar dinámicas presupuestarias que conduzcan a volúmenes de deuda pública insostenibles.

La deuda pública se genera cuando los ingresos de un Estado son menores que los gastos que afronta. Esta diferencia se transforma en los bonos de los gobiernos, que se venden en el sistema financiero y por los que los Estados se comprometen a pagar un cierto interés transcurrido un tiempo. El dinero para pagar los bonos que emitamos hoy sale de los ingresos de mañana. Por tanto, es un objetivo perfectamente razonable de política económica vigilar que el nivel de deuda se mantenga en niveles razonables, y por tanto, las Reglas Fiscales como tales, son instrumentos consignados a un fin deseable; por tanto, entre “buenas” y “malas” son buenas.

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Tirando un viaje a la Constitución

Barañaín

Una acepción de “viaje” que me gusta es la que alude a una  “acometida inesperada, y por lo común a traición, con arma blanca y corta”, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Aún prescindiendo del detalle del arma blanca, nada mejor define la decisión conjunta de Zapatero y Rajoy de cambiar  la Constitución Española para que acoja la limitación legal al gasto público. Decisión firme que han tenido a bien comunicar a los ciudadanos (y a los parlamentarios).

Hay una primera y obvia razón para la perplejidad: una de las frustraciones del proyecto político encabezado por Zapatero ha sido la de la reforma constitucional. Las razonables propuestas de cambio para dar un sentido al senado como cámara territorial y para actualizar el protocolo sucesorio de la monarquía se han estrellado contra el encastillamiento del PP que haciendo valer su papel imprescindible para dicha reforma ha preferido evitar que Zapatero se apuntara ese tanto de racionalidad. Más recientemente, cuando al calor del 15M ha vuelto a emerger el debate sobre el necesario cambio en la ley electoral, enseguida se ha esgrimido la dificultad casi insuperable de que PSOE y PP se pusieran de acuerdo en el asunto.

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Cronología de la Cumbre de Salvación del Euro del viernes 22 de julio de 2011

Magallanes

 Después de varios meses de discrepancias entre los países miembros de la eurozona y  del Presidente del BCE sobre la aprobación del 2º Plan de Rescate de Grecia, finalmente se llegó a un acuerdo por el  que todos cedieron una parte importante de su anterior intransigencia.  La discrepancia fundamental era entre la Canciller alemana Ángela Merkel y el Presidente del BCE Trichet.  Merkel consideraba que los bancos privados europeos acreedores de Grecia tenían que arrimar el hombro y participar en el rescate. Es decir, tenían que condonar parte de dicha deuda, bien en forma de alargar el periodo de devolución, bien reduciendo el tipo de interés que estaban aplicando, o ambas cosas a la vez. Trichet se oponía radicalmente, en parte porque el BCE ha  tenido que comprar mucha deuda griega en años anteriores y, por tanto, al BCE le tocaba también alargar el periodo de refinanciación y, en parte, porque las agencias de ratings  han dejado muy claro que aumentarían la prima de riesgo de Grecia al máximo.

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¿Una nueva recesión global?

Lobisón

Si el día 2 de agosto no ha habido acuerdo en el Congreso de Estados Unidos para elevar el techo de endeudamiento del país, puede producirse por primera vez en la historia la suspensión de pagos de la principal potencia económica. Como no hay precedentes no podemos saber las consecuencias de este hecho, aunque su mera posibilidad ya ha desatado una renovada presión sobre la deuda de España e Italia, lo que parece una ratificación de aquella memorable ley de la dialéctica según la cual todo estaba interconectado, versión primera de lo que ahora llamamos efecto mariposa.

Un filósofo británico del lenguaje, cuando le preguntaron si creía en la otra vida, contestó que lo mejor era esperar y ver, o, más probablemente, esperar y no ver. En este caso no hay duda de que debemos esperar, y, con un poco de suerte, no ver. Pero existe un riesgo real de que se produzca la suspensión de pagos y de que ésta desate una nueva recesión global, con lo que se cumpliría la predicción de los agoreros de que ésta sería una crisis en W, con dos recesiones sucesivas. Pero esa negra profecía se basaba en argumentos económicos, y no preveía un detonante político como el que sería la falta de acuerdo en Washington.

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Suicidas y homicidas

NEAP

Vaya días. Con la llegada de julio en Madrid ya se aparca mucho mejor y el tráfico está mucho más asequible, muchos hombres arrumban la chaqueta y la corbata y las mujeres adoptan los vestidos ligeros, pero no, la actualidad no permite relajarse. Al contrario.

No soy yo quién califica a Angela Merkel homicida sino Helmut Kohl, el que ha venido a decir más o menos lo mismo al acusarla de estar poniendo en peligro el proyecto de unidad europea. Es posible que lo haga por rigidez mental, por ignorancia o por inconsciencia, pero no cabe excusa. No se puede poner en riesgo el futuro y la estabilidad política, social y económica de todo un continente por sus expectativas electorales. Y lo está haciendo. Desde hace meses.

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