Lluis Camprubí
Existe recurrentemente en el debate público la discusión sobre la posibilidad o factibilidad tanto de los proyectos generales como de las principales propuestas políticas, especialmente las más transformadoras y progresistas. El reflejo automático en forma de sesgo en función de nuestra proximidad a quién la propone acostumbra a ser determinante, predisponiendo hacia la consideración de viabilidad o imposibilidad según afinidad. Muchas veces sin llegar a entrar a valorar los aspectos centrales de la propuesta o proyecto y la correlación de fuerzas que la puede permitir. En otras ocasiones se abren combates estériles e interminables ente voluntaristas y cínicos. En esta columna me gustaría plantear la cuestión de forma más general, es decir, sobre la factibilidad de las alternativas. Ya avanzo que mi opinión –cómo sugiere el título- es que por distintos factores y condicionantes estamos inmersos en un estrechamiento específico de alternativas, y que éste debería tenerse especialmente presente cuándo se formulan las propuestas.