La canción del verano

Barañain

Tras una primavera tirando a horrorosa y un mes de julio más cálido de lo habitual, agosto parecía una promesa de paréntesis confortable, por más que su pleno disfrute se adivinara problemático para una ciudadanía muy machacada por la crisis. Encima, nos fuimos de vacaciones con el eco trágico del accidente ferroviario de Santiago y con un ambiente político enrarecido;  aún rebotaba en las paredes del Congreso el “fin de la cita” con el que nuestro Rajoy quería zafarse de la exigencia de responsabilidades en relación con  Bárcenas y empezamos a descubrir que el actual presidente del constitucional es otro pillín.

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Debateros de guardia

Este blog es eminentemente de oficina, es decir, alimentado por asalariados que vierten en él su afición por la política, es decir, por el bien común. Por tanto, como todos los años, cierra en agosto, al menos respecto a los artículos diarios. Y sin embargo, empezamos mal con la comparecencia de Rajoy, que sin duda nos obligará a muchos a buscar DC como forma de expresar todo aquello que nos suscite el discurso de nuestro Presidente de Gobierno, así como las réplicas de los diferentes grupos parlamentarios.

Entre boquerones, paellas (los que puedan) y arenas de playa (o paseos por el monte, que de todo hay), encontraremos un rato para compartir nuestras impresiones sobre el caso Bárcenas, los EREs (Fernando, no se corte), la mudanza del infantazgo a Suiza y, por supuesto, la recuperación económica, que sin saber muy bien cómo, podría acaparar una parte sustancial del discurso de Mariano Rajoy hoy, pese a que nadie la haya visto y nadie la espere en el futuro previsible.

Disfruten en lo medida de lo posible y un poquito más y no dejen de pasarse por estos lares a debatir, que de eso se trata, y más todavía teniendo en cuenta la cantidad y la calidad de quienes frecuentan este modesto blog.

Las clases medias

Lobisón

En El País del día 29 aparecía un artículo cuyo titular era Las protestas agitan los países más pujantes de Latinoamérica: tras Chile y Brasil, Perú vive nuevas movilizaciones de jóvenes de clase media. Para más inri, en la portada de la edición digital el titular se ilustraba con el forcejeo entre un policía y un indígena o mestizo peruano con muy poco aspecto de clase media y no demasiado joven. Pero aun así es bastante probable que los jóvenes de clase media sean el núcleo de esos movimientos de protesta: nada que objetar en este sentido.

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Las cosas suelen ser como parecen

Barañain

Desde el primer momento tras el accidente ferroviario de Santiago se empezó a extender por nuestro país  el temor a que tras la rápida sospecha sobre la actuación del maquinista -precozmente confirmada por el conocimiento de sus conversaciones telefónicas tras el descarrilamiento-, se pretendiera, en realidad,  esconder las “verdaderas” causas de lo ocurrido y salvar a los “auténticos” responsables del desastre. Debe ser  algo consustancial a nuestra forma de ser. Por un lado, nos encanta ese dicho tan popular de que las apariencias engañan, lo que, en realidad, sólo ocurre pocas veces; si no pudiéramos fiarnos de lo aparente, de lo que registran nuestros sentidos, la vida sería imposible.

Somos desconfiados, y tratándose de lo público asumimos con comodidad la premisa de que desde el poder se intenta siempre engañarnos. Por eso nos encanta especular sobre problemas estructurales de fondo o decisiones políticas que, desvirtuando las responsabilidades personales, puedan explicar los accidentes. Aunque tengamos acumulada una enorme experiencia para saber que es el factor humano el que explica los accidentes en la inmensa mayoría de los casos, que en la carretera nos mata el exceso de velocidad y en el trabajo la imprudencia o el abuso de sustancias tóxicas, preferimos suponer que el sujeto particular involucrado en tales sucesos es casi siempre inocente o al menos que su conducta está siempre condicionada por  elementos ajenos a su propia responsabilidad.

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Vaya fin de curso

LBNL

Por supuesto, la tragedia ferroviaria de anoche hace palidecer todo lo demás. Muchas decenas de muertos, ingente cantidad de heridos, muchísimas familias rotas para siempre… Estas cosas pasan, por errores humanos o mecánicos. Las primeras hipótesis apuntan a un gran exceso de velocidad en una curva particularmente abrupta tras largos kilómetros de recta de trazado AVE. La curva no se suavizó para no aumentar la necesidad de expropiaciones. Los maquinistas se habrán distraído. Quizás los sistemas de alarma fallaran. Sabremos más en los próximos días y semanas. Las explicaciones no devolverán la vida o la salud a los muertos y heridos pero son necesarias, también para evitar accidentes futuros. Que Moncloa haya cometido un error en el comunicado de condolencias no es importante. Lo esencial es que las autoridades no incurran en la actitud fraudulenta que desplegaron tras la tragedia del metro de Valencia.

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La justicia

Lobisón

Puede que me deje llevar por los prejuicios, pero me preocupa que el juez Elpidio Silva se haya convertido en el héroe del sindicato Manos Limpias, esa extraña agrupación en la estela de Blas Piñar que parece haber descubierto una mina de demagogia en la corrupción ambiente. En todo caso parece haber consenso en que hoy por hoy no existe un ‘caso Blesa’, y que sin embargo hay quienes están tratando de crearlo, aprovechando el clima de irritación disparado por la crisis y la aparente invulnerabilidad de quienes han gestionado los grandes centros de poder financiero en los años de la burbuja.

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Viejos de la medianoche

Frans van den Broek 

Sin duda, una de las tragedias más espantosas del siglo viente, tan pródigo en horrores, fue la partición de India y Pakistán tras la independencia de India de la colonia británica. La historia es compleja y es difícil atribuir responsabilidades, pero es inevitable afirmar que fueran quienes fueron los responsables, dieron muestra de una monumental -diríase hasta criminal- estupidez, de lo que no se salva nadie, ni el mismísimo Ghandi y con los británicos a la cabeza. Hasta el más ignorante campesino hubiera podido predecir lo que sucedería al crear un país bajo premisas religiosas en una región como aquella, donde conviven la tolerancia y la intransigencia, la espiritualidad y la miseria moral. Quizá nunca se sepa cuántas personas murieron a raíz de la partición, pero se cuentan en decenas de millones, sin contar las que morirían después por las guerras entre Pakistán e India. Desde este punto de vista debiera considerarse la independencia de India y la creación de Pakistán, aquella medianoche de agosto de 1947, como una fecha de luto, no de celebración. Las naciones, sin embargo, se nutren de victorias, de héroes y de triunfos míticos, de mentiras, en suma, y es así que aquel día es celebrado como un día de libertad, esperanza y consumación. Es en esta encrucijada que se centra la película que quisiera comentar, basada en el libro homónimo de Salman Rushdie, «Midnight’s children», con colaboración del mismo autor.

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Naturaleza de nuestro periquito azul

Senyor_G

A sabiendas de la amenaza sombría
De los de siempre:
De que el último pensamiento
Es cielo,
O es infierno.
La sombra, la amenaza
Que no celebra
Las horas,
Los días,
Las semanas:
La vida.
No sabiendo cuando
Perder la esperanza
De que el último minuto
Sea de nuevo el primero.
Quieto y parado
Fallé el minuto en el periquito verde.
Ahora haré blanco en el azul.

Nota sobre la traición y el mestizaje

Alberto Penadés

«Esta tierra que mira al oriente

cuna fue del primer mestizaje

que nació del amor sin ultraje

de Gonzalo Guerrero y Za’asil.»

(Himno del estado de Quintana Roo, México)

Los amantes de los mitos nos señalan que Gonzalo Guerrero (Palos de Moguer, ca 1470-Punta Caballos, Honduras, 1536) fue el padre, en pleno sentido de la palabra, del primer mestizo de la tierra que, con licencia, podemos llamar México (por cierto, fue mestiza, pues fue niña). En un tiempo en el que a nadie reparó en esa primicia, que atentos historiadores establecieron más de tres siglos después, simplemente pasó por renegado, por malo o por traidor. Mucho mejor conocida es la figura histórica de Malintzin o Doña Marina (1502-1529), normalmente llamada La Malinche (aunque Malinche también decían a Cortés), la princesa cautiva (ya antes de servir a Cortés) que contribuyó a la conquista con su capacidad de traducir de las lenguas maya a la lengua nauahtl de los aztecas. El malinchismo es, en el lenguaje de los mexicanos de hoy -simplificando mucho- el desdén por lo propio y la reverencia hacia lo foráneo. Un cosa tan humana, con la sombra de la traición. Jerónimo Aguilar (Écija 1489-Nueva España 1531), menos famoso, fue tan importante como Malintzin en la conquista, pues él traducía el castellano de Cortés a una lengua maya que esta comprendía y, a su vez, traducía. Fue el leal a “los suyos”, aunque no parece haberse sentido mal con los demás.

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