Lluís Camprubí
En el debate público ha aparecido con toda su crudeza, urgencia y complejidad la cuestión de la Defensa europea. No es nuestro tema preferido pero es uno de los que nos marca la época. Desafortunadamente algunas izquierdas han empezado la discusión por el final y han quedado atrapadas en la cuestión del incremento del gasto militar, fijando planteamientos de oposición por principios a cualquier incremento, desde una posición moral apriorística sin ninguna voluntad de atender al contexto. Para intentar ser útiles y dar respuesta a las preguntas adecuadas, propongo hacerlo al revés, a la manera clásica. Primero analizar el contexto global, y a partir de ahí los riesgos y amenazas. Con ese análisis, podemos entonces diagnosticar las necesidades, tanto estatales como europeas. Y con esas necesidades o “gaps” descritas ya discutir sobre los recursos necesarios y su financiación. Por último, creo importante no obviar algunas consideraciones sociales y políticas.
Contexto geopolítico cambiante
Es ya sentido común que las relaciones internacionales y el contexto geopolítico están en un cambio histórico, en un cambio de época. Con profundas afectaciones para la UE. Hay una Rusia imperialista y revisionista que está invadiendo a Ucrania y que plantea una amenaza latente sobre otros países de la UE y/o de la OTAN. La administración Trump por su parte asume también e impulsa una visión del mundo basada en zonas de influencia (la suya sería el hemisferio americano) y relaciones de vasallaje con terceros. El multilateralismo, el derecho internacional y el sistema Naciones Unidas son obstáculos a esta lógica multipolar. Superada la ilusión de la UE de lidiar con Trump a lo transaccional (a través de favores comerciales principalmente), se impone una discusión si tendrá una relación con la UE neutral/aséptica o confrontacional. Lo que sí parece claro es que la UE debe hacerse cargo de su seguridad y defensa (el paraguas de protección norteamericano se ha evaporado de hecho) y a la vez hacer frente a la pinza Trump-Putin. A través de distintos métodos, ambas administraciones comparten la voluntad de debilitar, desagregar y desnaturalizar la UE ya que ésta choca con su agenda geopolítica, sus intereses comerciales y sus valores ideológicos. Sigue leyendo