España avala que el Sáhara sea una autonomía marroquí

Senyor G

Con este titular en la portada del El Periódico del sábado me enteré yo de semejante cambio de posición de nuestro gobierno y parece que nuestro país. En el interior el titular en la misma línea neutra y aséptica “España respalda en un giro histórico el plan autonomista del Sáhara”, y en este caso los subtítulos “El Gobierno cambia su postura y apoya la propuesta de Marruecos / Sánchez visitará Rabat y la Moncloa subraya que se abre un ‘nueva etapa’ entre ambos países sin acciones unilaterales”.

Uno, militante de IU desde hace muchos años, y fan ya antes, y que sigue recordando como nos trataba la prensa amiga cuando la prensa escrita era algo con muchísimo más poder en el país que ahora. De hecho aún a día de hoy, y de ayer, hay quien hace la misma caricatura de un Anguita intransigente por hablar precisamente de programa y de acuerdos. Son cosas que pasan, el presente y pasado de crisis y precariedad actual quizás tenga que ver mucho con los acuerdos programáticos entre CiU y Felipe, y no con referencias vacías (¿lacanianas?) a modernización, flexibilidad y progresismo. Sigue leyendo

Hablar no es rendirse

Carlos Hidalgo

Que la política española suele estar tensa no es ninguna novedad. La llamada “crispación” lleva presente en la política española desde mediados de los años noventa del siglo pasado, si no antes. Pero esta crispación, basada en el pernicioso principio de que todo vale para lograr el poder, va calando de otras maneras, con argumentos manidos y aparentemente razonables, pero que llevan en sí mismos la semilla de más crispación aún.

Hay uno que no es nuevo, sino que viene desde los tiempos de Franco, en los que la política y la democracia eran una cosa muy fea. Y el poder había que dejárselo a la gente de bien y de buena familia. Y es el argumento de que todo aquel que se mete en política es sospechoso, que es un inútil sin méritos, que no tiene ideales en realidad y que es un aprovechado. Sigue leyendo

El follón del Sahara

LBNL

Gran escándalo en la península por el cambio de posición español sobre el Sahara. En realidad, la carta de marras solo oficializa lo que viene siendo la posición española desde hace años, al menos desde el Gobierno Zapatero. Otra cosa es que no se haya oficializado y, de boquilla, hayamos seguido defendiendo la celebración de un referéndum. Como hacía EE.UU. hasta que Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sahara a cambio de que Marruecos reconociera a Israel. El Gobierno Sánchez no ha ido tan lejos pero la solución “autonómica” presupone la soberanía.

La izquierda se escandaliza por la traición al pueblo saharaui, la derecha por la ruptura del consenso en política exterior. Pero lo cierto es que el pueblo saharaui estaría mucho mejor bajo una autonomía marroquí, en condiciones, que con otras cuantas décadas enrolados en el corrupto Frente Polisario y/o hacinados en los campos de refugiados de Tinduf, como rehenes de Argelia para usarlos a conveniencia en su enfrentamiento sempiterno con Marruecos. Como también es cierto que la derecha no querría un referéndum de autodeterminación que daría alas al “derecho a decidir” dentro de la península. Una cosa es que los saharauis tengan derecho a vivir en paz y libertad y otra bien distinta que tenga el más mínimo sentido un Estado independiente saharaui sobre un cacho de desierto. Sigue leyendo

Legalidad y legitimidad (II)

Arthur Mulligan

El origen de la polémica que traíamos en la anterior entrega tuvo lugar en circunstancias dramáticas después del hundimiento de los imperios centrales, perdedores en la Primera Guerra Mundial, de sus crisis estatales y en la figura de dos enormes pesos pesados de la teoría del derecho: Hans Kelsen y Carl Schmitt.

Sus apasionantes biografías merecen capítulo aparte, siendo la teoría del derecho puro del judío Kelsen la que contiene mayor grado de influencia en la producción legislativa posterior sin minusvalorar el atractivo de Carl Schmitt, su arrogancia y la profundidad de su crítica al parlamentarismo desnudo.

Pocos son los que reniegan de opiniones tan tajantes del depurado Schmitt:

«La democracia no suele morir por la fuerza de sus enemigos, sino por la desidia o vileza de sus amigos, esto es, por la corrupción de las propias instituciones democráticas». Sigue leyendo

Cómo va la guerra

LBNL

Va mal, por supuesto, rematadamente mal, con civiles ucranianos muriendo bombardeados, heridos, padeciendo asedios inhumanos como en Mariupol y huyendo en masa a Europa – ya han llegado dos millones y medio y subiendo… Pero la capacidad de destrucción de la artillería y aviación rusa no esconde el tremendo fracaso militar de su ofensiva. Posiblemente Putin no decidió invadir hasta un par de días antes de hacerlo pero, en todo caso, no se lo comunicó a su Estado mayor hasta el último momento, por lo que sus tropas no estaban a punto. Además, subestimó claramente la voluntad y capacidad de resistencia ucraniana que ha frustrado su pretensión de tomar Kiev rápidamente y sustituir al gobierno democrático ucraniano.

En consecuencia, intensifica la destrucción y el sufrimiento ucraniano pero su invasión progresa muy lentamente al tiempo que el odio de sus supuestos hermanos eslavos aumenta exponencialmente, al punto que ya es imposible su sueño de que Ucrania pase a ser una república satélite como Bielorrusia. Puede ganar batallas, con gran esfuerzo y muchas bajas propias, pero la guerra la ha perdido ya. Por no hablar del efecto devastador sobre la economía rusa de las sanciones masivas que las democracias occidentales le han impuesto a Putin y sus amigotes; el default está a la vuelta de la esquina. Pero no confío en absoluto en que las negociaciones en curso vayan a parar la guerra. Les explicó por qué. Sigue leyendo

Paradojas bélicas

Juanjo Cáceres

Una de las mejores enseñanzas para los que ven la  guerra desde fuera es comprobar cómo, una vez iniciada, destruye certezas y contamina todos los debates. En primera instancia, la guerra hace debatir sobre la guerra, cosa que no sucede en ausencia de ella. También sobre sus efectos colaterales, que no son solo las víctimas civiles y militares o los refugiados, sino, asimismo, sus consecuencias económicas, sociales y sin duda, energéticas, como la cuestión del gas ilustra a la perfección. De todo ello estamos oyendo consideraciones de forma incesante estos días, no sin incurrir en ciertas paradojas y contradicciones aparentes.

Se habla mucho de la guerra y la seguridad. Uno de los primeros logros de la guerra en Ucrania fue suscitar la revisión de la política de seguridad europea. Ello ya ha conducido a los estados miembros a decantarse por elevar el gasto armamentístico y sobre la mesa se sitúa cada vez con más intensidad la necesidad de hacer de la UE un actor militar diferenciado de la OTAN. Se dice que Europa ha de ser más autónoma y más responsable de su propia defensa. Sigue leyendo

Angustia existencial

Carlos Hidalgo

Hace no mucho leí un informe de una respetada consultora financiera canadiense, de esas que hacen recomendaciones de inversión y analizan los mercados. Obviamente, recogía las consecuencias para el mercado de la guerra de Ucrania, los precios de la energía, las materias primas, todas esas cosas. Y había un apartado llamado “Riesgo para la existencia”. Decía algo así como (cito de memoria):

Analistas consultados indican que el riesgo de una guerra nuclear es 15 veces más alto que en otras ocasiones. Si un misil balístico intercontinental va en tu dirección, la composición y la cotización de tu cartera de valores es irrelevante, por lo que creemos que, pese a eso, lo racional es seguir operando los mercados con normalidad y sin tener eso en cuenta, pese a que personalmente te pueda afectar mucho. Sigue leyendo

El impacto sobre España de los fondos europeos

David Rodríguez

A partir del año 2021, la UE lanzó los fondos conocidos con el nombre de ‘Next Generation’ como herramienta fundamental para lograr la recuperación económica tras el decrecimiento ocasionado por la Covid. España tiene asignada una cantidad total de 140.000 millones de euros, cifra que por sí sola representa más de lo que se ha recibido en toda la historia de los Fondos de Cohesión. De esta cantidad, la mitad es a fondo perdido (aunque cumpliendo determinadas condiciones) y la otra a través de préstamos (evidentemente, también condicionados). España es el segundo Estado de la UE más beneficiado por estos recursos, únicamente por detrás de Italia, debido en ambos casos al gran impacto que ha tenido la pandemia del coronavirus, ya desde la primera ola.

Los objetivos declarados por la UE con estos fondos son tres: aceleración de la economía, impulso de la transformación digital y consolidación de la transición ecológica. Así pues, en la declaración de intenciones figuran explícitamente temas de un profundo calado, más allá del puro crecimiento económico, como son la adaptación a las tecnologías de la nueva era digital y la manera en la que se procede a afrontar los retos derivados de la emergencia climática. Tendremos que estar muy atentos para saber cómo se coordinan todas estas políticas a nivel del conjunto de la UE, sobre cómo se concreta la declaración de intenciones de la ‘transición ecológica’. Sigue leyendo

Hacia la Federación Europea

Julio Embid

Nunca me he sentido un patriota. No tengo erecciones matutinas cuando veo la bandera española. No siento ningún cosquilleo cuando oigo el chunda chunda tachun tachun, ni me pondría jamás con la banderita en el Paseo de la Castellana de Madrid el Día del Pilar viendo a las tropas desfilar. De hecho, cuando trabajaba en el centro de Madrid, me resultaban muy molestos los ensayos, durante una semana, de los aviones a toda velocidad tan cerca de las casas. Como decía Paco Ibáñez: Cuando la fiesta nacional, yo me quedo en la cama igual. Pero habiendo nacido en Barcelona, hijo de un maño y una castellana, criado en Zaragoza y educado en Madrid sólo puedo ser una cosa, español. Y como español, me limito a querer a mi país de la mejor forma que sé, pagando los impuestos que me corresponden para mantener un estado que lejos de ser modélico es uno de lugares del planeta donde mejor se vive. Sus servicios públicos, su sanidad y su educación sí me hacen sentirme orgulloso del lugar en el que actualmente vivo.

Entiendo que un ejército español es justo y necesario porque sin ejército y sin estado (y policía) viviríamos en Necromunda donde sólo el más fuerte sobrevive. De verdad que siento verdadera lástima de aquellos que necesitan llevar la bandera de España en la mascarilla, en la correa del perro, en el retrovisor del coche, en la funda del móvil y en la solapa de su jersey para recordar el país en el que viven. Les recomendaría comer más espinacas que son muy buenas para la memoria. Sigue leyendo

Objetivo 16. Paz, justicia e instituciones sólidas

Marc Alloza

El 25 de septiembre de 2015, la Humanidad, por medio de Naciones Unidas, se fijó 17 objetivos o metas globales de desarrollo sostenible para 2030: 1. Fin de la pobreza, 2. Hambre cero, Salud y bienestar, 3. Educación de calidad, 4. Igualdad de género,…, 16. Paz, justicia e instituciones sólidas. Son algunos de estos objetivos sobre los que se han planteado una serie de metas consensuadas que involucran a gobiernos, sociedad civil, sector privado y personas individuales. Esta iniciativa trata de dar un paso adelante en la colaboración entre naciones en aras de un bien común.

Pero tal y como indica el informe  El Informe sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2020antes de la pandemia de la COVID19, los progresos continuaban siendo desiguales y no estábamos bien encauzados para cumplir con los Objetivos para el año 2030” y que el COVID19 no ha hecho más que agravar la situación. La guerra en Ucrania y la posibilidad de “metástasis” del conflicto a otras zonas a escala nuclear, pone de relieve lo lejos que estamos de satisfacer mínimamente uno de los puntos principales de la agenda 2030 como es el objetivo 16. Paz, justicia e instituciones sólidas. Sigue leyendo