Estudios a la boloñesa

Ignacio Sánchez-Cuenca 

 

Como todos los lectores saben a estas alturas, el mundo universitario anda muy revuelto a cuenta del proceso de Bolonia. Aunque las decisiones se tomaron hace años y la reforma está ya muy avanzada, es ahora cuando las protestas comienzan a tener cierto eco en la sociedad. Los esfuerzos convergentes de exquisitos profesores universitarios que escriben en los medios y de estudiantes antisistema que ocupan facultades, unidos en extraña pinza a la hora de denigrar las reformas en marcha, están teniendo cierto éxito, sobre todo ante la pasividad del Gobierno y las autoridades académicas, que, como en muchos otros ámbitos, no aciertan a explicar y justificar sus planes.

 

Comencemos por lo obvio. El plan de Bolonia aspira a conseguir la homogeneización de los estudios superiores en toda Europa, de forma que un licenciado en química de Grecia pueda proseguir sus estudios en Irlanda y su título sea reconocido de forma automática. Se pretende con ello favorecer la movilidad de los estudiantes y crear un espacio de educación superior a escala europea.

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