Paso atrás

Millán Gómez

Con nocturnidad y alevosía. Así presentó el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, su polémico y esperado decreto lingüístico. Ni más ni menos que la víspera de la Nochevieja fue la fecha elegida. Además, la Xunta trató de obviar la concentración favorable al fomento de la lengua gallega al trasladar a última hora el lugar de presentación de la norma con el fin de evitar la foto de los manifestantes delante de las instalaciones de la Xunta. Llegó el momento de conocer qué visos de realidad tenía aquella promesa electoral que nació con el único fin de conseguir el apoyo mediático de cierta prensa madrileña y que ellos mismos sabían que era imposible de poner en práctica. 

Se supone que un presidente autonómico debe tratar de consensuar y conseguir el mayor respaldo social y político posible. Esto es si cabe más necesario cuando estamos hablando de la lengua propia de Galicia que nos une y que no nos debería dividir, tal y como pretenden algunos. Pues Feijóo se ha empeñado en conseguir justo lo contrario pues la nueva norma nace con el rechazo de la oposición parlamentaria, el sector de la educación, los sindicatos, las plataformas favorables al gallego y al castellano (A Mesa pola Normalización Lingüística y Galicia Bilingüe, respectivamente), así como dirigentes, militantes y votantes del PPdeG. 

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