Frans van den BroekÂ
Me imagino que a muchos padres les sucederá lo mismo: tener que ir a ver pelÃculas que de otro modo no hubieran visto, como descargo de su responsabilidad parental o como obvia estrategia para, con un poco de suerte y habilidad narrativa de los responsables de la misma, tener tranquilos a los crÃos por al menos una hora y media sin tener que hacer nada especial, como no fuera aburrirse en frecuencia cerebral alfa, algo que no está del todo mal. Debo confesar, sin embargo, que no ha sido jamás el aburrimiento lo que ha acompañado mis sesiones cinemáticas o televisivas con mi hija, por la sencilla razón de que me encantan las pelÃculas para niños. No todas, por supuesto, porque las hay buenas, regulares y malas, como en todos los géneros, pero al momento de disfrutarlas he procurado en general suspender mi tendencia al juicio crÃtico y dedicarme al gozo simple de una narrativa absorbente y casi siempre bien estructurada.