¿Un cambio histórico?

Lobisón

Lo más deprimente de la crisis actual es la posibilidad de que constituya un cambio histórico, una mutación estructural o algo por el estilo. Quienes son suficientemente pesimistas lo creen así: entramos en una nueva fase marcada por el desmantelamiento del Estado de bienestar, el crecimiento imparable de la desigualdad y la desaparición de todo lo que no sea rentable en el mercado, aunque nos parezca una parte valiosa de nuestra forma de vida, de nuestro modelo de sociedad civilizada. La crisis, en suma, sería la puerta hacia la distopía.

No es que haya ahora muchas razones, y menos en España, para el optimismo. Los recortes van a causar daños por lo menos a una generación, y van a dejar cicatrices. Como todo el mundo sabe, es mucho más difícil disminuir la desigualdad que aumentarla. Y, efectivamente, la austeridad, el austericidio que dice Dilma Rousseff, supone el riesgo de desaparición de todo lo que no sea rentable y exija pocas inversiones, aunque el precio sea una pérdida general tanto de rentabilidad como de productividad.

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