Veneración de la oscuridad

Frans van den Broek

La filosofía nos procura al menos dos grandes placeres: el entregarse a su lectura con detenimiento y ardor (de ser posible, ya que poco ardor se hallará en las páginas de Kant o de Husserl), y, quizá con más fruición y deleite, el abandonarla. Por esto último no entiendo el renunciar a su lectura o evitar la reflexión racional, todo lo contrario, sino a un necesario movimiento del espíritu, orientado hacia el desapego, que nos protege de las consecuencias más nefastas de la veneración. Tal vez la manera más simple de expresar a lo que me refiero sea decir que cierta dosis de escepticismo es siempre necesaria en toda empresa intelectual, desde la ciencia a la literatura o la política, habiéndose comprendido que no hay manera de aprehender la realidad con medios verbales o simbólicos sin coartarla o forzarla de algún modo. En alguna parte he leído que el camino de la verdad es estrecho y sinuoso, y transcurre entre la fe y el escepticismo. El conocimiento científico ha incorporado la precaución lógica y experimental a su metodología, pero no puede decirse lo mismo de la filosofía, la cual es dada a la verborrea y el exceso, al menos en algunas de sus vertientes. Por ello la necesidad de alejarse a ratos de su influencia, para mejor juzgar sus verdaderos contornos y límites.

Sigue leyendo