La hora estelar de los oportunistas

Barañain 

Seguramente era inevitable que en un ambiente político tan degradado como el español la abdicación del rey Juan Carlos diera pie a una escandalera -no excesiva, desde luego, pero sí llamativa-, como la que contemplamos estos días. Un país más sosegado, menos propenso a la autoflagelación o al arrebato histérico, recibiría la sucesión en el trono como un signo positivo de normalidad institucional en un órgano clave como es la Jefatura del Estado. Sigue leyendo