Diesel gustazo, dieselo

Marc Alloza

¿Qué hubiera pasado si la tecnología híbrida que empezó a fabricarse y venderse notablemente en 1997 hubiera sido adoptada en alguna de sus formas por la mayoría de fabricantes como sucede ahora? ¿Se hubiera desarrollado antes la tecnología para un vehículo puramente eléctrico?

Los automóviles eléctricos arrancaron fuerte en el siglo XIX. A pesar de la dificultad de no haber una red eléctrica muy extendida, a principios del siglo XX en Estados Unidos se habían registrado 33.842 vehículos eléctricos que suponían el 38% de parque automovilístico norteamericano. Del resto de vehículos, el 40% eran a vapor y el 22% restante a gasolina. Ya por los años 20, con las nueva redes de carreteras cambiaron las necesidades de alcance y velocidad de los automóviles. En ese punto, la evolución técnica de los vehículos a gasolina empezó a marcar la diferencia para acabar imponiéndose a los demás. Los motores eléctricos si se consolidaron en trenes, tranvías… Desde los años 50 del siglo pasado el vehículo eléctrico pasó a ser un estándar como carro de golf. En los años 70, las misiones Apolo 15, 16 y 17 dejaron estacionados en la Luna 3 venerables Rovers Lunares precursores de los rovers marcianos Spirit, Opportunity, Curiosity y Perseverance Mars. Estos dos últimos todavía andan por ahí. Eso si, en ambos casos, el sistema de tracción funciona con un pequeño generador nuclear que en el caso del Perseverance pesa unos 45 Kg, alimentado por 4,8 kg de dióxido de plutonio que le proporciona una autonomía de 14 añitos. La fuente no es renovable pero es igual de “verde” según la UE. Sigue leyendo