Pozos de ambición

Juanjo Cáceres

Tras la polvareda electoral y constituidos ya los nuevos ayuntamientos, se ve mucho más claro el nuevo espíritu que las urnas han dado a las instituciones españolas. En el conjunto del país se ha impuesto con claridad el color azul, dejando en minoría al PSOE, que a partir de ahora contará con tan solo una decena de ayuntamientos en capitales de provincia. La conquista de la ciudad condal en tiempo de descuento representó un premio de consolación para el partido de la rosa, pero no por ello pasa más desapercibido lo mal que le han ido las elecciones al mismo. Esa consolación, además, intensifica el castigo sobre su socio en el gobierno de España, anterior titular de la alcaldía barcelonesa, quien se queda definitivamente descabalgado de todas las grandes alcaldías, excepto Zamora.

Pero también es verdad que el socio no ha sido tanto noticia por su evidente declive institucional, como por la trama venezolana en que se ha acabado convirtiendo la confección de las listas de Sumar. Una auténtica telenovela de episodios diarios, presidida por el afecto mutuo más sincero, en la que, no obstante, hay interesantes aristas.
Hemos vistos estos días presumir a Sumar del mérito que tiene integrar en una candidatura a más de una decena de organizaciones, pero lo realmente sorprendente del caso es que nadie se pregunte por qué hay tantas y qué sentido tiene seguirles dando bola montando un sistema de partidos confederal, que bien podría dar lugar al cabo de un tiempo a un débil califato y a un nuevo resurgir de los reinos de Taifa que forman, por vocación propia, la interminable lista de partidos declarados u ocultos bajo las siglas de esa coalición. O bien que nadie se cuestione si es viable convivir con quién te profesa un odio mortal y te lo declara ante todos los micrófonos que puede. Sigue leyendo