Negociación o derrota

Ignacio Sánchez-Cuenca

La semana pasada inicié una serie de artículos sobre el proceso de paz, con la intención de aclarar ciertas confusiones que se han propagado con gran éxito durante los últimos tiempos. Hablé, por ejemplo, de que un proceso de paz no consiste en acudir a una reunión, preguntar a los terroristas si están dispuestos a entregar las armas, y si dicen no, marcharse con viento fresco. En realidad, puede que la organización terrorista esté dispuesta a abandonar la violencia, pero problemas de credibilidad entre las partes, o divisiones internas entre los terroristas, arruinen el proceso. O puede que las partes estén tan presionadas que no puedan apenas moverse y sea imposible alcanzar acuerdo alguno. El proceso de paz ha salido mal en este primer intento. No sabemos qué va a suceder en los meses inmediatos, ni si en la próxima legislatura habrá ocasión o no de relanzar este proceso, o de preparar uno nuevo. No sabemos tampoco si ETA tiene intención de realizar una ofensiva como la del año 2000, o va a adoptar una postura más blanda. Y no puede descartarse que en algún momento se produzca un golpe policial que deje a la banda en las últimas.

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¿Qué es un proceso de paz?

Ignacio Sánchez-CuencaCon este artículo quiero iniciar una serie en la que pueda presentar elementos de reflexión y un poco de perspectiva sobre lo que ha sucedido en nuestro país con el proceso de paz. Puede que la serie se vea interrumpida algún viernes por las urgencias del momento, o porque sea preciso hacer un alto para desarrollar temas pirrónicos, pero mi propósito es poder unir algunas ideas a lo largo de varias semanas. Me parece imprescindible ante las insensateces que se están escribiendo y ante el clima de matonismo verbal que se ha impuesto. Es como si durante tres años muchos hubieran estado aguantando la bilis y ahora la echaran toda fuera. Domina el rencor y el ajuste de cuentas, no la argumentación. Pues bien, para despejar equívocos, no está de más comenzar con un breve repaso sobre lo que es un proceso de paz. Creo que sólo ciertos malentendidos sobre lo que es un proceso de paz explican algunas de las cosas que se están oyendo estos días.    Sigue leyendo

La misteriosa teoría de los juegos

Ignacio Sánchez-Cuenca

Discúlpenme, pero hoy quiero contarles una anécdota pirrónica personal, más que nada porque muestra el nivel de degradación política e intelectual que hemos alcanzado en España en la discusión sobre terrorismo. Creo que la historia puede ayudar a entender mejor la proliferación de sandeces (motivadas por la mala fe) que se ven constantemente en los medios de comunicación tras la ruptura del alto el fuego. No es que antes no se dijeran idioteces, pero en estos días parece que todos los necios de este país se han coordinado para disparatar al unísono.Hace unos cuantos años, en 2001, publiqué un libro titulado ETA contra el Estado (Tusquets). En aquel libro utilizaba, de manera muy genérica, algunos conceptos de teoría de juegos para explicar las estrategias de ETA. Por cierto, en el libro critiqué con dureza, por aquello de ser sectario, los intentos del Gobierno de Felipe González de negociar con ETA y elogié en términos bastante explícitos la política antiterrorista del PP. Pero esa es otra historia.

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¿Nadie se acuerda de la crispación?

Ignacio Sánchez-Cuenca
 
Nos hemos pasado meses discutiendo sobre la crispación que introduce el PP en la vida política española a base de insultar al adversario, lanzar acusaciones sin cuento y manipular el asunto del terrorismo. Sin embargo, nadie parece querer establecer conexión alguna entre el clima de crispación y los decepcionantes resultados del PSOE. Recordemos algo obvio: el PSOE ha perdido, por un estrecho margen, las elecciones municipales cuando tenía todos los elementos a favor: una situación económica envidiada en todos los países europeos, fuerte creación de empleo, reducción de la temporalidad, aumento de la tasa de participación de las mujeres, cuantiosas inversiones en infraestructuras, extensión de los derechos sociales, ley de dependencia, aumento espectacular del gasto en I+D… Por si todo esto fuera poco, se trata de la legislatura con menos víctimas del terrorismo en toda la historia de la democracia. A pesar de todos estos resultados, el PSOE ha perdido. Y ha perdido a pesar también de las valoraciones extremadamente negativas que recibe Mariano Rajoy en todas las encuestas de opinión.

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Metamorfosis pirrónicas

Ignacio Sánchez-Cuenca

Salvador Dalí defendió la tesis extraordinaria de que la estación de Perpiñán es el centro del universo. Según el genial ampurdanés, dicha estación constituye el kilómetro cero, el origen gravitatorio de misteriosas fuerzas telúricas. En la deriva de los continentes, la estación de Perpiñán, a la que llegó Gala la primera vez que fue a conocer al maestro, se alza como un punto de permanencia e inmutabilidad sobre el que se desplazan las masas continentales. Dalí inmortalizó aquella visión en un cuadro espantoso de 1965 en el que los miembros del celebérrimo Angelus de Millet deciden romper su eterno duelo con actos de sodomía y fornicación (sobre una carretilla) que aparecen como fondo de una estructura geométrico-onírica en la que destaca una ominosa Gala que todo lo observa frente a un Salvador convertido en feto-Cristo. El cuadro, propiedad del chocolatier Peter Ludwig, reposa en un museo de Colonia. Pues bien, hoy nosotros queremos defender una tesis no menos trascendental que la de Dalí, a saber, que el cráneo del fundador del pirronismo es en estos momentos la fuente primigenia de las emisiones tóxicas que amenazan con crear un potente efecto invernadero en la esfera de las ideas. De la misma manera que las flatulencias del ganado vacuno se elevan hacia la atmósfera, impidiendo la natural ventilación del planeta, recalentando nuestra humilde morada hasta temperaturas asfixiantes y provocando anegaciones constantes de la M-30, asimismo las cogitaciones del maestro universal del pirronismo crean una suerte de agujero negro intelectual del que nada de lo que entra sale.

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La izquierda y la campaña negativa

Ignacio Sánchez-Cuenca

La celebración del segundo debate sobre la alcaldía de Madrid ha producido gran revuelo y ha ocupado todas las portadas por la insistente pregunta que le hizo Miguel Sebastián a Alberto Ruiz Gallardón sobre su relación profesional con una persona imputada en el sumario de la operación Malaya. Ha habido reacciones histéricas y petulantes: ahí está el editorial de ayer del ABC, usando palabras muy gruesas para destrozar la imagen del candidato socialista; ahí está Cobo, el número dos de Gallardón, que insultó gravemente a Sebastián a la salida del debate y a punto estuvo de agredirle físicamente. Resulta gracioso ver el tono ofendido de la derecha por recibir un poco de la medicina que ellos administran día sí, día también. Sí, la misma derecha que, gracias a la mediación de constructores, sobornó a dos diputados en 2003, forzando una repetición de las elecciones autonómicas. Sigue leyendo

Cuotas

Ignacio Sánchez-Cuenca

Las próximas elecciones autonómicas y municipales serán las primeras de la democracia española que se celebren bajo la Ley de Igualdad recientemente aprobada, Ley que establece que los partidos tendrán que presentar listas paritarias. En concreto, eso supone que un mínimo del 40 y un máximo del 60 por ciento de los candidatos habrán de ser mujeres. Más técnicamente, en cada tramo de cinco candidatos en unas listas, habrán de figurar al menos dos mujeres. Joaquín Leguina, el ex Presidente de la Comunidad de Madrid, un socialista de la vieja guardia permanentemente cabreado, ha declarado que la Ley le parece discriminatoria. En la Comunidad de Madrid ya ha habido algunos incidentes administrativos. Una lista de la Falange de las JONS ha sido declarada inválida porque en ella figuraban diez mujeres y tres hombres. Asimismo, los jueces han intervenido al menos trece listas del propio PSOE que incluían a demasiadas pocas mujeres. Sigue leyendo

Viaje a ninguna parte

Ignacio Sánchez-Cuenca

Hay algunos parecidos inquietantes entre lo que sucedió con el Estatuto catalán y lo que parece estar sucediendo ahora con el proceso de paz. Con el Estatuto se crearon altas expectativas. Parecía que tanto el Gobierno de Zapatero como la Generalitat de Maragall estaban dispuestos a desatascar algunos problemas seculares de la relación entre España y Cataluña. Se hablaba de un modelo federal, asimétrico, en el que se acordara una condición especial a las comunidades históricas con lengua propia. De ahí la insistencia en el reconocimiento de la nación catalana. No voy a entrar en si aquellas demandas y expectativas estaban justificadas. El caso es que llegaron a darse. A partir de ese momento entramos en una fase, digámoslo suavemente, de turbulencias políticas. Los detalles de aquella aventura se han analizado con detalle en este blog en días anteriores. El PSC fue demasiado lejos y el PSOE se vio forzado a echar el freno. Al final se armó un ruido enorme para acabar con un Estatuto que quedaba lejos de las aspiraciones de los representantes catalanes. Ni atisbo de la solución federalizante, ni reconocimiento de la nación catalana.

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Como en España no se vive en ninguna parte

Ignacio Sánchez-Cuenca 

Aunque es jueves y el blogmaster anda un poco espeso últimamente, créanme: soy el tal ISC, no Jelloun. El nombre que aparece arriba no es un error, es auténtico. De todos los lugares comunes que circulan en nuestro país, el que encabeza este artículo es con diferencia el más absurdo de todos ellos, y sin duda también el más nocivo. Se oye por igual a personas de la tercera edad que hacen un viaje de quince días a Dinamarca y descubren con pasmo e indignación que allí las lentejas no llevan morcilla, que a jóvenes que tras pasar un verano en Inglaterra afirman tan panchos que los ingleses son muy fríos. Por no hablar de los gafosos (algún día explicaré con calma qué es un gafoso), que se ríen de los Estados Unidos porque allí no tienen poetas de la penuria.

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¿Puede una sociedad evitar el pirronismo si su Estado es él mismo pirrónico?

Ignacio Sánchez-Cuenca

Los maestros pirrónicos de la antigüedad nunca abordaron la cuestión titular que encabeza este artículo, debido sin duda a la ausencia de Estado en el sentido moderno del término. No habiendo Estados, difícilmente podía determinarse si el pirronismo estatal cala en la sociedad. Tan sólo Filetes de Cos, un adelantado a su tiempo, se afanó en resolver este rompecabezas en el siglo I antes de Cristo. El infeliz murió de desesperación, incapaz de entender la influencia de una entidad ficticia y rigurosamente inexistente sobre la sociedad. En su epitafio figura esta sentencia: «Morí en vano, entre la indiferencia pirrónica, sin hacer avanzar la doctrina».

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