La política de la mentira

Ignacio Sánchez-Cuenca

Las revelaciones de altos mandos de la policía en el juicio del 11M demuestran algo que la mayoría de los españoles sospechábamos desde los días posteriores al atentado: que el PP mintió y manipuló descaradamente entre el 11M y el 14M. La cúpula del PP estaba convencida de que si los españoles se enteraban de la autoría islámica, castigarían al Gobierno por haber participado de forma activa en las decisiones que llevaron a la guerra de Iraq. Tan mala conciencia tenía Aznar por haber actuado contra el parecer de más del 80 por ciento de los españoles con relación a esa desastrosa guerra, que prefirió jugárselo todo en el último momento con una mentira que comprometía su gestión de los ocho años anteriores. Algunos ciudadanos, alarmados por la operación de ocultamiento y tergiversación que puso en práctica esos días el Gobierno, salieron a la calle en la víspera de las elecciones, exigiendo al PP que reconociera de una vez  la verdad.

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El pirronismo, estadio superior del cretinismo

Ignacio Sánchez-Cuenca

Aunque en doctos círculos filosóficos y peripatéticos se habla de «pirronismo» para referirse a la doctrina esotérica de Pirrón Elisio, maestro pensador que nunca escribió nada, y cuyas ideas conocemos solamente por mediación de su principal discípulo, Timón Hecateo, el castellano, lengua versátil donde las haya, ha ampliado el significado de este olvidado «ismo», de manera que, en nuestros días, quien habla de pirronismo no lo hace para referirse a una teoría filosófica de la antigua Grecia, sino más bien para expresar un estadio superior de confusión mental no por extendido menos preocupante. Como reza el título de esta entrada, el pirronismo es una forma acabada de cretinismo. Y no porque pueda decirse que el propio Pirrón, o sus esforzados discípulos, fueran ellos mismos cretinos, sino porque el pirronismo ha devenido sinónimo de espesura mental, falta de reflejos intelectuales, obcecación, impermeabilidad a los hechos, estado genérico de alelamiento, necedad, mala fe e incluso sinvergonzonería.

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¡Rompan consensos!

Ignacio Sánchez-Cuenca

El PP no sólo niega la acusación de crispar a la sociedad con su manera de hacer oposición, sino que devuelve la acusación al Gobierno, atribuyéndole toda la responsabilidad por dividir a la sociedad y romper los consensos constitucionales sobre los que se ha construido la democracia española. Si los dirigentes del PP se ponen como se ponen es porque no les queda más remedio dadas las provocaciones radicales de los socialistas. Ya quisiera Rajoy moderar sus expresiones: es Zapatero el que no le deja otra salida. Rajoy, en los discursos del debate del estado de la nación de 2005 y 2006, insistió en este asunto: el Gobierno se ha propuesto poner el país patas arriba. Un Gobierno así no debería esperar que los españoles de bien (los votantes del PP) vayan a quedarse de brazos cruzados. Combatirán las reformas radicales (supongo que “reforma radical� significa revolución) con todos los medios a su alcance: diciendo burradas en el Parlamento, saliendo a la calle, dejándose querer por Federico Jiménez Losantos, apuntándose a la teoría de la conspiración, invocando a la rebelión cívica (¿?), etc. Sigue leyendo

La sobreactuación

Ignacio Sánchez-Cuenca 

Las posiciones en el bloque de los demócratas en torno a ETA se han polarizado completamente. Hay dos bandos enfrentados. Unos creen que ETA está al borde de la victoria, como consecuencia de la debilidad y el relativismo de la izquierda (Permafrost habló de esto el martes pasado). Otros, en cambio, piensan que sucede todo lo contrario, que ETA está en las últimas y que, por lo tanto, se dan las condiciones para iniciar un final pactado del terrorismo. Resulta extraño que esta polarización se haya producido justo cuando ETA se muestra más débil que nunca. ETA se plantea su final y por eso apenas si ha practicado el asesinato en estos últimos cuatro años. Estamos viviendo, con gran diferencia, la legislatura con menos muertos de la historia de la democracia. Además, Batasuna ha mostrado su disposición a integrarse en las instituciones y a abandonar su programa máximo. Sigue leyendo

¿Se puede ser patriota en España?

Ignacio Sánchez-Cuenca

En los dos últimos años ha renacido con fuerza el nacionalismo español. Basta echar un vistazo a las fotos de las manifestaciones organizadas por la derecha en contra del Gobierno (la mayoría de ellas contra la política antiterrorista), para darse cuenta de la profusión de banderas y símbolos nacionales. Ondean tantas banderas bicolores como ikurriñas en las manifestaciones de los nacionalistas vascos. Hay algo casi obsesivo en el uso de nuestra bandera. En Madrid, muchos coches llevan una cinta con la enseña nacional anudada al espejo retrovisor. Y, en ciertos barrios, cada vez es más frecuente ver perros con collar y correa rojigualdas. Por no hablar de pulseritas o de banderitas diminutas pegadas con adhesivo a los relojes de pulsera. Sigue leyendo

Principios y circunstancias: el caso De Juana

Ignacio Sánchez-Cuenca

El Ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, ejerciendo los poderes que le otorga la ley, tras recabar los informes preceptivos de instituciones penitenciarias y de la fiscalía, ha decidido que el recluso Ignacio De Juana Chaos, por motivos humanitarios, cumpla lo que le queda de condena en régimen de prisión atenuada (técnicamente, segundo grado). Ante todo, resulta imprescindible subrayar, frente a las reacciones histéricas de la derecha y de tanto luchador anti-ETA sobrevenido, que la decisión del Ministro de Interior se hace desde el respeto más escrupuloso al Estado de derecho. El Gobierno no ha quebrado en ningún momento el Estado de derecho. El régimen de cumplimiento de condena era una decisión discrecional del Gobierno. Tan legal hubiera sido no pasar a De Juana al segundo grado como pasarle. El Estado de derecho no consiste en poner cara de perro y dar leña al mono. Se trata de que los poderes públicos cumplan la legalidad, eso es todo. ¿Ha hecho bien el Gobierno tomando esa decisión? Resulta muy difícil ofrecer una respuesta tajante porque se trata de un caso extremadamente complejo. Enumero tres elementos que contribuyen mucho a enmarañar el problema:

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Arte, impostura y despilfarro

Ignacio Sánchez-Cuenca

Este año se celebraba la vigesimoquinta edición de ARCO, la feria / mercado del arte contemporáneo. No ha habido grandes novedades. Las mismas extravagancias de otros años: un Cristo con un misil en una mano, unos muñecos que simulaban unos cadáveres arrugados de unos niños de unos cuatro años, un mural feísta en el que se representaban unas mujeres con unos falos descomunales…, es decir, la combinación habitual de sexo, violencia, y provocación (caca, culo, pedo, pis) que vienen preparando los artistas desde hace décadas con el fin de llamar la atención y aumentar la cotización de sus obras. Quizá lo más llamativo haya sido la contratación, por parte de un artista genial, de un joven con buena pinta al que descubrió pidiendo limosna en Portugal. El artista se lo trajo a ARCO y le tuvo varios días sentado, con la mano extendida, esperando que la gente le diera algo de calderilla. Una obra de arte para la posteridad, qué duda cabe. Una denuncia escalofriante de la crueldad del mercado capitalista. Un aldabonazo también para los jóvenes mileuristas.

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Jueces contra la democracia

Ignacio Sánchez-Cuenca

La capacidad de los jueces para intervenir en asuntos políticos ha aumentado enormemente en los últimos treinta años, hasta el punto de que algunos investigadores han llegado a sugerir que nuestras democracias se han transformado en “juristocracias�. Se han creado Tribunales Constitucionales en la mayoría de las nuevas democracias (y en algunas viejas, como Nueva Zelanda, también), y en general los jueces han tenido gran protagonismo político en muchos países: en Italia un conglomerado de jueces estrella, empresarios y periodistas dieron al traste con la primera república; en España basta recordar la primera legislatura de la crispación, la de 1993-96, con Garzón como protagonista principal de la vida política; en Estados Unidos el Tribunal Supremo decidió darle arbitrariamente la victoria a Bush, frente a Gore, ante el empate en las elecciones de 2000; etcétera.

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¿Hasta dónde llegará la derecha?

Ignacio Sánchez-Cuenca

El 14 de marzo de 2004 pasó algo muy parecido a lo sucedido el 6 de junio de 1993: en ambos casos, la derecha daba por segura su victoria en las elecciones generales. La victoria de Felipe González en 1993 fue un duro golpe para el PP. Los que tengan buena memoria recordarán a Javier Arenas y a Alberto Ruiz Gallardón en la noche electoral, asomados al balcón de Génova mientras lanzaban sospechas sobre el recuento de votos. A punto estuvieron de proclamar que había habido pucherazo. Tal era la seguridad que tenían en la victoria. Al día siguiente comenzó una legislatura bronca, en la que el Partido Popular utilizó todos los medios legales y alegales (no se ha demostrado que llegara a utilizar medios ilegales) para llegar al poder. Fue la primera legislatura de la crispación. Las reuniones de Cascos y Amedo en el despacho de Pedro J. para organizar la escandalera a propósito del GAL (Amedo dice en sus memorias que el dinero que se le pagó por sus declaraciones al Mundo lo puso el PP), la conspiración de la que habló Ansón con bastante detalle, las historias que el propio Garzón ha contado (y de las que él no sale bien parado) sobre sus tejemanejes con Pedro J., la operación en torno a Mario Conde, el intento de chantajear al Estado con los papeles reservados de Perote, son algunos episodios horribles de aquella legislatura.

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¿Volverá ETA a matar?

Ignacio Sánchez-Cuenca

¿Volverá ETA a asesinar ciudadanos? ¿O se limitará a atentados espectaculares, propagandísticos, bombazos sin víctimas mortales, como se proponía hacer en la T4 el 30 de diciembre? ¿Tendrán más cuidado que en la T4 o buscarán activamente la muerte de otras personas? La mayor parte de los comentarios tras el atentado de la T4 ha girado en torno a lo que ya se considera el fallido proceso de paz. Resulta curioso, por no decir cómico, que cuando anteponen la palabra “fallido�, los mismos que consideraban herético o inmoral hablar de “proceso de paz�, ahora no tengan tantos escrúpulos al referirse al “fallido proceso de paz�, quizá porque tiene la misma musiquilla que “el mal llamado proceso de paz�. Pues bien, sobre el fallido proceso de paz han corrido a día de hoy ríos de tinta. Sin embargo, sobre el futuro inmediato se ha escrito muy poco.

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