Lobisón
El penúltimo libro de Ignacio Sánchez-Cuenca, La impotencia democrática, sigue dos líneas de razonamiento. Por una parte intenta mostrar que la demanda de reformas institucionales —provocada por la crisis económica y los recortes sociales, y azuzada por la percepción de los escándalos de corrupción— no es una respuesta adecuada o suficiente para las causas del malestar ciudadano. Por otra, razona que los males que sufrimos son consecuencia de una deriva indeseable de la democracia que puede reducir ésta sólo a formas locales o sectoriales de autogobierno, pero dejaría la toma de las decisiones fundamentales en manos de organismos no electos (contramayoritarios y tecnocráticos). Con notable optimismo, sin embargo, Sánchez-Cuenca cree que esto sería compatible con el mantenimiento de los derechos y libertades de los ciudadanos.