Paradojas bélicas

Juanjo Cáceres

Una de las mejores enseñanzas para los que ven la  guerra desde fuera es comprobar cómo, una vez iniciada, destruye certezas y contamina todos los debates. En primera instancia, la guerra hace debatir sobre la guerra, cosa que no sucede en ausencia de ella. También sobre sus efectos colaterales, que no son solo las víctimas civiles y militares o los refugiados, sino, asimismo, sus consecuencias económicas, sociales y sin duda, energéticas, como la cuestión del gas ilustra a la perfección. De todo ello estamos oyendo consideraciones de forma incesante estos días, no sin incurrir en ciertas paradojas y contradicciones aparentes.

Se habla mucho de la guerra y la seguridad. Uno de los primeros logros de la guerra en Ucrania fue suscitar la revisión de la política de seguridad europea. Ello ya ha conducido a los estados miembros a decantarse por elevar el gasto armamentístico y sobre la mesa se sitúa cada vez con más intensidad la necesidad de hacer de la UE un actor militar diferenciado de la OTAN. Se dice que Europa ha de ser más autónoma y más responsable de su propia defensa. Sigue leyendo

Angustia existencial

Carlos Hidalgo

Hace no mucho leí un informe de una respetada consultora financiera canadiense, de esas que hacen recomendaciones de inversión y analizan los mercados. Obviamente, recogía las consecuencias para el mercado de la guerra de Ucrania, los precios de la energía, las materias primas, todas esas cosas. Y había un apartado llamado “Riesgo para la existencia”. Decía algo así como (cito de memoria):

Analistas consultados indican que el riesgo de una guerra nuclear es 15 veces más alto que en otras ocasiones. Si un misil balístico intercontinental va en tu dirección, la composición y la cotización de tu cartera de valores es irrelevante, por lo que creemos que, pese a eso, lo racional es seguir operando los mercados con normalidad y sin tener eso en cuenta, pese a que personalmente te pueda afectar mucho. Sigue leyendo

El impacto sobre España de los fondos europeos

David Rodríguez

A partir del año 2021, la UE lanzó los fondos conocidos con el nombre de ‘Next Generation’ como herramienta fundamental para lograr la recuperación económica tras el decrecimiento ocasionado por la Covid. España tiene asignada una cantidad total de 140.000 millones de euros, cifra que por sí sola representa más de lo que se ha recibido en toda la historia de los Fondos de Cohesión. De esta cantidad, la mitad es a fondo perdido (aunque cumpliendo determinadas condiciones) y la otra a través de préstamos (evidentemente, también condicionados). España es el segundo Estado de la UE más beneficiado por estos recursos, únicamente por detrás de Italia, debido en ambos casos al gran impacto que ha tenido la pandemia del coronavirus, ya desde la primera ola.

Los objetivos declarados por la UE con estos fondos son tres: aceleración de la economía, impulso de la transformación digital y consolidación de la transición ecológica. Así pues, en la declaración de intenciones figuran explícitamente temas de un profundo calado, más allá del puro crecimiento económico, como son la adaptación a las tecnologías de la nueva era digital y la manera en la que se procede a afrontar los retos derivados de la emergencia climática. Tendremos que estar muy atentos para saber cómo se coordinan todas estas políticas a nivel del conjunto de la UE, sobre cómo se concreta la declaración de intenciones de la ‘transición ecológica’. Sigue leyendo

Hacia la Federación Europea

Julio Embid

Nunca me he sentido un patriota. No tengo erecciones matutinas cuando veo la bandera española. No siento ningún cosquilleo cuando oigo el chunda chunda tachun tachun, ni me pondría jamás con la banderita en el Paseo de la Castellana de Madrid el Día del Pilar viendo a las tropas desfilar. De hecho, cuando trabajaba en el centro de Madrid, me resultaban muy molestos los ensayos, durante una semana, de los aviones a toda velocidad tan cerca de las casas. Como decía Paco Ibáñez: Cuando la fiesta nacional, yo me quedo en la cama igual. Pero habiendo nacido en Barcelona, hijo de un maño y una castellana, criado en Zaragoza y educado en Madrid sólo puedo ser una cosa, español. Y como español, me limito a querer a mi país de la mejor forma que sé, pagando los impuestos que me corresponden para mantener un estado que lejos de ser modélico es uno de lugares del planeta donde mejor se vive. Sus servicios públicos, su sanidad y su educación sí me hacen sentirme orgulloso del lugar en el que actualmente vivo.

Entiendo que un ejército español es justo y necesario porque sin ejército y sin estado (y policía) viviríamos en Necromunda donde sólo el más fuerte sobrevive. De verdad que siento verdadera lástima de aquellos que necesitan llevar la bandera de España en la mascarilla, en la correa del perro, en el retrovisor del coche, en la funda del móvil y en la solapa de su jersey para recordar el país en el que viven. Les recomendaría comer más espinacas que son muy buenas para la memoria. Sigue leyendo

Objetivo 16. Paz, justicia e instituciones sólidas

Marc Alloza

El 25 de septiembre de 2015, la Humanidad, por medio de Naciones Unidas, se fijó 17 objetivos o metas globales de desarrollo sostenible para 2030: 1. Fin de la pobreza, 2. Hambre cero, Salud y bienestar, 3. Educación de calidad, 4. Igualdad de género,…, 16. Paz, justicia e instituciones sólidas. Son algunos de estos objetivos sobre los que se han planteado una serie de metas consensuadas que involucran a gobiernos, sociedad civil, sector privado y personas individuales. Esta iniciativa trata de dar un paso adelante en la colaboración entre naciones en aras de un bien común.

Pero tal y como indica el informe  El Informe sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2020antes de la pandemia de la COVID19, los progresos continuaban siendo desiguales y no estábamos bien encauzados para cumplir con los Objetivos para el año 2030” y que el COVID19 no ha hecho más que agravar la situación. La guerra en Ucrania y la posibilidad de “metástasis” del conflicto a otras zonas a escala nuclear, pone de relieve lo lejos que estamos de satisfacer mínimamente uno de los puntos principales de la agenda 2030 como es el objetivo 16. Paz, justicia e instituciones sólidas. Sigue leyendo

Notas de Guerra

Senyor G

Empecemos si eso por el final o por lo importante. Sigo pensando que no quiero la OTAN y lo que para mí representa, en algún otro artículo lo he dejado claro. No sé si eso me convierte en “izquierda chalada” y no sé si lo de izquierda chalada hay que leerlo como algunos dicen lo de “derechita cobarde”. No he venido hoy a discutir de eso ni a echar en cara ciertos discursos y personal sentando cátedra que he leído por ahí. Igual hay que decirlo, también he leído otras opiniones que he considerado más acertadas. Yo también me equivoco y pensaba que Putin no invadiría Ucrania, y nunca con las dimensiones que lo ha hecho.

Podría venir aquí con un montón de comparaciones sobre situaciones anteriores, y las que vendrán y diferentes raseros. A los ucranianos e incluso a los rusos les dará igual. Ojo, que aplicar la misma ley para todos es fundamental en el liberalismo. Pero no, incluso podría hacer comentarios especialmente quisquillosos sobre UEFA, FIFA y Eurovisión, pero ya digo que no, que ya todo el mundo tiene más o menos claras sus posiciones y las dudas. Sobre todo las dudas. No es fácil orientarse queriendo ser justo y ecuánime y a la vez resolutivo. He ido leyendo aquí y allá y no sabría bien qué mencionar aquí, pero sí que me atrevo – por lo diferente que es lo que dice y por quién lo dice –  a mencionar este artículo de Pepe Beunza. De hecho me he creado una lista en twitter con diferentes y variados perfiles sobre esta guerra y al final uno acaba abrumado con unos y otros. Desde los dos jóvenes comunistas ucranianos secuestrados por grupos de nacionalistas ucranianos o detenidos por el gobierno; hasta una historia de un ucraniano detenido en Italia acusado (injustamente según las fuentes) de matar a un periodista al inicio de esta guerra que fueron las hostilidades en Donbás. Sigue leyendo

Gente a sueldo de

Carlos Hidalgo

Desde que Putin vio cómo arrastraban, golpeaban y despedazaban el cadáver de Muamar El Gadafi, se prometió a sí mismo que eso nunca le pasaría a él. Putin, que tal vez por su personalidad, tal vez por sus años en el KGB, cree que nada ocurre por la voluntad de las masas. Para Putin los grupos de personas son como piezas de ajedrez, siempre movidas por poderes más grandes. Y, con razón o sin ella, pensó que las primaveras árabes que derrocaron a los presidentes de Egipto, Libia y Túnez eran un movimiento agresivo por parte de Occidente y el resultado de años de operaciones de subversión y propaganda por parte de sus agentes.

Y desde ese momento, precisamente para que a él no le pasara lo mismo, se dedicó a aplicar esa receta de manera muy agresiva. Lo que se conoce como “guerra híbrida”, un término con el que los que saben de guerras no terminan de estar cómodos. Sigue leyendo

El plan de Putin

LBNL

Para vencer al enemigo conviene conocerlo. Pero quién sabe lo que tiene Putin en la cabeza. Aquí van varias opciones. La primera: Se ha vuelto loco y va a por todas cueste lo que cueste, incluso una guerra nuclear. Improbable. La segunda: Ucrania solo es un paso más en una estrategia que incluye los países bálticos y parte de los Balcanes. La tercera: Se contentaría con que el compromiso de que Ucrania sea neutral y la OTAN no se expanda más hacia el Este.

Respecto a la primera opción, no son pocos los que se centran en el creciente aislamiento del Zar, en parte por el miedo al COVID, su edad cada vez más avanzada, los 20 años que lleva al frente de Rusia, cada vez con menos miramientos… Se le advirtió por activa y por pasiva que si invadía Ucrania le caería la del pulpo. Y no hizo caso. La OTAN está más unida que nunca, Ucrania más decidida que nunca a resistir la ofensiva y los neutrales – Finlandia, Suecia, Austria – cada vez más próximos a la OTAN. Sigue leyendo

Legalidad y legitimidad, una intimidad problemática y necesaria (I)

Arthur Mulligan

Durante la despedida oficiosa, lacrimógena, inconsistente e infantil de Casado como líder del PP (“no he hecho nada malo”) Sánchez tomo la palabra y entre otras fórmulas no exentas de cortesía, señaló la herida por la que sangra su rencor, la que no cicatriza por más alto que vuele el Falcon: la falta de reconocimiento a la legitimidad de sus gobiernos por una parte de conservadores y liberales después de autorizar a su grupo parlamentario el establecimiento de una coalición con la extrema izquierda primero, para más tarde complementarse con el nacionalismo para dotar al conjunto de estabilidad.

Legalidad y legitimidad no son, necesariamente, significantes contrapuestos, pero vienen a significar cosas y puntos de vista diferentes en relación con el Derecho. Así, la legalidad (fácil de expresar, aunque no tanto de entender en toda su extensión) significa el ajuste o sometimiento de una determinada conducta a lo que prescriben las normas, sea cual sea el rango de estas (ley Formal o mero reglamento). Si una conducta -en el ámbito que sea- no se acomoda a lo prescrito en las normas, se dice que esa conducta es ilegal y, de momento, eso es todo. Sigue leyendo

El mundo después de Putin

Juanjo Cáceres

Sería agradable hablar un poco de todo, porque en el mundo siguen pasando mil cosas, pero hay una que hiela nuestros corazones. Si no fuera porque la guerra ha estallado de nuevo en Europa sería interesante seguir con la mirada puesta en Castilla y León. La posible disposición de la novedosa formación “Soria Ya” a favorecer la investidura de Alfonso Fernández Mañueco, a la que quién sabe si podrían seguir las otras dos formaciones provinciales con representación en la cámara, nos deja algunas enseñanzas importantes. Que las candidaturas territoriales no han venido a priorizar el duelo partidista entre partidos situados en lugares distintos del arco ideológico, sino a promover los intereses largamente olvidados de la provincia donde han obtenido representación. También que eso pasa más, siempre que sea posible, por entenderse con el partido que tenga posibilidad de formar y ser gobierno para alcanzar objetivos programáticos, que por dedicarse a la oposición destructiva, que es la forma de oposición dominante en los parlamentos territoriales y en las cámaras estatales. Esto era, hasta hace pocos días, lo importante, lo relevante, hasta que estalló el duelo Casado-Ayuso y luego un auténtico enfrentamiento militar Rusia-Ucrania.

Quizás sea posible, no obstante, tirar algún conector entre ambos mundos. No son pocos los que se hacen los ofendidos por la aproximación entre PP y Soria Ya, pero quizás son ellos los que pierden la perspectiva cuando asistimos a un giro brusco de los acontecimientos. Pero para bofetada de realidad lo acontecido la última semana en el Este europeo. “¿Quién se lo podía imaginar?” se ha convertido en la frase del año. Nadie excepto algún opinador? ¿De veras? ¿Y eso de que Putin se haya pasado buena parte del presente siglo enfrascado en un conflicto u otro, con mención especial a Chechenia y a Grozny, “la ciudad más destrozada del planeta”, o a las intervenciones de Rusia en Crimea, entre tantos otros ejemplos, no nos daba alguna pista? Sigue leyendo