El Dios de Israel

Ricardo Parellada 

Durante la travesía del desierto, mientras el pueblo de Israel huía, guiado por Moisés, de la esclavitud que había sufrido en Egipto, Dios transmitió al pueblo que había elegido, a través de su guía, infinidad de prescripciones y algunas promesas. Entre ellas, Dios asegura a su pueblo lo siguiente: 

“Marcaré las fronteras de tu país: desde el Mar Rojo hasta el mar de los filisteos (es decir, el mar de Gaza) y desde el desierto hasta el Río (es decir, incluyendo Cisjordania). Los habitantes de ese país los pondré en tus manos y tú los echarás de tu presencia. No harás alianzas con ellos ni con sus dioses y no les dejarás habitar en tu país, no sea que te arrastren a pecar contra mí, adorando a sus dioses, que serán para ti una trampa.”

(Éxodo, 23, 31-33)

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La oratoria negra

Ricardo Parellada 

Flaubert decía que, mientras no le mostraran la forma y el fondo de una frase por separado, no sería capaz de entender la diferencia. Los políticos de primera fila tienen que pronunciar grandes discursos en ocasiones señaladas y, como en las frases de Flaubert, es difícil separar la profundidad o la superficialidad de sus ideas de la brillantez o la torpeza a la hora de exponerlas.

Se dirá que esperar una oratoria brillante de los líderes políticos es un prejuicio estético y que la lucidez y la determinación no tienen por qué aflorar en discursos poderosos y apasionantes. Pero yo no consigo creer que un líder político, social o espiritual ayuno de palabra pueda poseer la capacidad intelectual, los conocimientos y la visión para ejercer esa función. Siempre me parecerán como los malos estudiantes, que dicen que entienden o saben no sé qué, pero no consiguen expresarlo.

Mas no quiero referirme a la oratoria política en general, sino compartir con ustedes la experiencia fascinante de la oratoria negra. Son conocidas las facultades oratorias del presidente negro de EEUU, Barack Obama, que sigue la estela de otros grandes políticos oradores. Pero aquí no pretendo recordar grandes discursos de otros presidentes, sino la oratoria fascinante de otros negros.

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La acción racional

Ricardo Parellada 

Fatigado por la actualidad, espero que disculpen que hoy presente un poco de abstracción. Con esta reflexión sobre la racionalidad de las acciones me gustaría conseguir dos cosas: ilustrar aquello de que nada hay más práctico que una buena teoría y que me corrijan y ayuden a entender estas cosas los comentaristas de DC que las conocen mucho mejor que yo. En todo caso, la comprensión de las acciones humanas tiene una enorme relevancia en muchos terrenos, incluyendo la acción política y económica.  

 Los agentes tienen creencias y deseos acerca del mundo que les rodea. Un agente puede, por ejemplo, desear beber y creer que el líquido que contiene una jarra que está en otra habitación es zumo de frutas. Ese deseo y esa creencia explican que el agente se levante y beba; son la causa de su acción; causan su acción. Sin embargo, es posible que el agente tenga también el deseo de esperar a alguien que está al llegar y de aprovechar la visita para beber y conversar a la vez, con lo que puede descartar beber ahora y esperar un poco. Si el deseo de beber en compañía es mayor que el de beber a solas y está acompañado por la creencia de que la visita es inminente, el agente espera; deseo y creencia son, de nuevo, causas de su acción (omisión en este caso); causan su acción (u omisión). Aunque el modelo básico es siempre el mismo, es necesario completarlo con dos consideraciones importantes. Por un lado, este modelo se presta a una formalización muy gráfica de las acciones, que tiene gran relevancia cuando estamos ante agentes económicos y se encuentra en la base de la llamada teoría de la elección racional; y, por otro lado, la noción de deseos se debe entender en un sentido muy amplio para abarcar todo tipo de preferencias o pro-actitudes del agente, por utilizar el término de uno de los autores que han defendido este modelo con mayor vigor. 

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El Alakrana

Ricardo Parellada 

El martes pasado fue liberado el atunero Alakrana, con sus 36 tripulantes, a cambio de 2.7 millones de euros. Como es natural, el martes todo el mundo se alegró de la liberación y, en un ejercicio de ecuanimidad sin precedentes, se dejó para el día siguiente la reflexión y la petición de cuentas al gobierno por su gestión. Ahora hay abiertos varios interrogantes y debates. 

Por un lado, se discute la legitimidad y la oportunidad de capturar a los dos piratas y traerlos a España, e incluso se especula sobre cuestiones que en condiciones normales nadie disputaría a las instancias judiciales, como dónde juzgarlos, si extraditarlos a un país u otro, si firmar rápidamente un tratado con Somalia para que puedan ser juzgados o cumplir su condena allí.  Sigue leyendo

La irrelevancia de la demanda

Ricardo Parellada 

Según parece, en casi todos los contextos económicos y empresariales es importante tener en cuenta la demanda de bienes y servicios, ya sea para dirigir el negocio presente de forma acertada hacia la demanda presente o para orientar las inversiones hacia la demanda futura esperada. Naturalmente, las empresas más punteras no sólo son capaces de orientar sus productos hacia la mayor demanda, sino, además, de crear una demanda donde antes no la había, para sorpresa de propios y extraños. Un caso llamativo de esto último fue cuando Apple empezó a poner en el mercado hace unos años reproductores portátiles de música que costaban diez veces más que sus competidores. Los analistas tuvieron que tragarse con patatas sus chanzas iniciales al contemplar cómo la empresa era capaz de crear una demanda impresionante a base de calidad, diseño, estética y esnobismo.  Sigue leyendo

Tragedia y fanfarria

Ricardo Parellada 

La vorágine informativa y mediática nos tiene acostumbrados a saltar como si nada de una cosa a otra. En la tele, la radio, los periódicos e internet brincamos sin red de la crisis a las pateras, la gripe, el hambre, el fútbol, la pederastia y los encierros taurinos. Supongo que es normal y que son muy raras las personas que, como una amiga mía, dicen: “Yo no como con muertos”. Es decir, que les sienta mal la comida si comen o cenan con la radio o la tele puesta. Yo no tengo nada en contra de todos estos saltos mortales cotidianos de un asunto a otro. A lo que no me acostumbro es a la mezcla de tragedia y fanfarria que aparece de vez en cuando en una misma noticia, un mismo artículo o una misma película.  Sigue leyendo

Los sanfermines

Ricardo Parellada

Quince años después, los sanfermines han vuelto a teñirse de sangre. Quiero decir, de muerte, pues todos los años los servicios sanitarios enjuagan la sangre de más de doscientos heridos. Como suele ocurrir en otros ámbitos, con la muerte se avivan un poco la publicidad y las alharacas sobre la fiesta. Se intensifica la elegía y la opinión, al menos durante veinticuatro o veinticinco horas. A pesar de ello, el gobierno nos informa de que no hay debate ni sobre la constitucionalidad ni sobre la solidaridad de los encierros por antonomasia del panorama cultural español.

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Obama escritor

Ricardo Parellada 

 

Barack Obama ha escrito dos libros. Publicó el primero, “Sueños de mi padre”, en 1995, a raíz de un contrato editorial que le ofrecieron tras ser elegido primer presidente negro de la Harvard Law Review. Y publicó el segundo, “La audacia de la esperanza”, en otoño de 2006, cuando llevaba menos de dos años como senador de los EEUU en representación del estado de Illinois y pocos meses antes de anunciar su candidatura a las primarias demócratas para la presidencia del país. Este segundo libro es el que estoy leyendo y mi fascinación es tal que me gustaría comentar aquí algunas cosas aun antes de haberlo terminado.

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Anatomía de un instante

Ricardo Parellada 

El libro de Javier Cercas sobre el golpe de estado del 23 de febrero de 1981 es de un género singular. El  autor lo cuenta en el prólogo, que llama “epílogo de una novela”. Fascinado sobre todo por la negativa a tirarse al suelo de Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo en los momentos iniciales del golpe, Cercas escribió febrilmente una novela que recreaba el golpe y sus circunstancias y personajes. Pero el resultado no le satisfizo. A pesar de ser un puro escritor de novelas, la ficción montada sobre un acontecimiento tan cercano y tan crucial en la historia reciente de España acabó por resultarle banal. Cercas lo cuenta con mucha franqueza:

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