Millán Gómez
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Ayer se vivió un nuevo capÃtulo de la utilización del deporte como argumento polÃtico. De este modo, 165 futbolistas vascos y navarros (la mayorÃa de los medios hacÃan suyo el lenguaje nacionalista según el cual los navarros, por lo visto, también son vascos) firmaron un manifiesto, redactado exclusivamente en euskera, en el que declaraban que no disputarán el partido contra Irán de estas navidades si no juegan bajo el nombre de “Euskal Herriaâ€. Los partidos navideños de selecciones autonómicas se han convertido, desde hace años, en costumbre. AsÃ, grupos nacionalistas, en su mayorÃa, y grupos autonomistas o simplemente que les gusta el fútbol o se sienten más identificados con su comunidad que con España, en su minorÃa, acuden a estos partidos de exaltación identitaria. Las formaciones nacionalistas acuden raudos y veloces a hacerse la foto y, de paso, recaudar algún voto de camino al estadio.
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El escrito viene apoyado por 165 futbolistas en activo y retirados de origen vasco y navarro. Todos los allà firmantes son naturales de algunos de los siete territorios que, según los nacionalistas vascos más integristas, forman “Euskal Herriaâ€: Araba, Bizkaia, Gipuzkoa, Navarra, Navarra Baja, Labort y Sola, estas tres últimas ya en territorio francés. El concepto “Euskal Herria†es el utilizado por los nacionalistas vascos en su versión más reivindicativa y también por parte de la izquierda abertzale y la organización terrorista eta. La selección de Euskadi juega estos amistosos desde hace 70 años y nunca bajo la denominación de “Euskal Herriaâ€, excepto el año pasado que disputó un encuentro ante Catalunya donde se vivió un auténtico mitin polÃtico.
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Euskadi tiene las fronteras que dictamina la ley. Euskal Herria, entendida de un modo literal como “Pueblo Vascoâ€, incluso podrÃamos considerarla como una expresión romántica. El problema radica en que ha sido utilizada como trampa para mostrar las aspiraciones anexionistas de los más exacerbados nacionalistas vascos. Euskadi es una nación, desde el punto de vista polÃtico y cultural, y asà lo he defendido siempre. También creo que deberÃa ser prioridad del Gobierno Vasco fomentar el uso del euskera ante su desértica presencia entre una importante capa de la sociedad vasca. Eso sÃ, sin crear guetos ni barreras entre ciudadanos por cuestiones idiomáticas. También estoy radicalmente en contra de que por defender las supuestas siete provincias vascas a uno se le relacione, sin matiz alguno, con “el colectivo proetarraâ€, como hizo ayer el inefable Hermann Tersch en TeleEspe. Pero lo que no entiendo es el constante empleo del deporte como forma de hacer polÃtica, asà como el victimismo, el empleo del chantaje como arma polÃtica y la insatisfacción eterna de los nacionalistas.
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