Jelloun
Los recientes viajes de autoridades españolas a Marruecos primero y a Argelia posteriormente –con la primera vista del rey a ese paÃs en casi un cuarto de siglo-, han vuelto a poner de actualidad, para la opinión pública española, la cuestión del Sahara Occidental. Cierto es que en esta ocasión, la cuestión apenas ha podido asomar a las primeras planas en mitad del fragor de la batalla desatada por el PP sobre el caso De Juana. Pese a ello, han vuelto a manifestarse viejos fantasmas, los que vienen caracterizando el modo en que los españoles, mayoritariamente, abordamos esta cuestión. Un abordaje que a partir de un extraño complejo de culpa y de una visión un tanto simplista del origen y naturaleza de la disputa sobre el Sahara Occidental, suele resumirse en la invocación de fórmulas rituales con ingredientes inamovibles: el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui, el apoyo humanitario a los refugiados en los campos instalados en el Tinduf argelino, la idealización del Polisario y su monolÃtica República Arabe Saharaui Democrática, la denuncia de la represión que ejerce Marruecos. Y un no-ingrediente: el silencio sobre el papel que juega en esta historia Argelia.