¿Es Manuel Zelaya culpable del golpe de Estado en Honduras?

Alejandro Corvalán 

Dos columnas aparecidas en el diario “El País”, a propósito del golpe de estado en Honduras, llamaron mi atención. La primera es el editorial del día 29 de Junio, donde se indica:

 “…Y lo cierto es que ayer domingo el presidente o los militares, unos u otros, iban inevitablemente a violar la legalidad. Zelaya, con una consulta no prevista por la Constitución, y a la que se habían opuesto el Congreso, la autoridad electoral y el Supremo, y los militares tomándose por su mano una justicia que no les corresponde.”

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Teocracia frente a democracia

 Magallanes

Cuando en 1979 el ayatolá Jomeini entró triunfalmente en Teherán, después de que cayera el Sha, la revolución religiosa que lideraba decidió instaurar un régimen en el que no había separación entre el poder religioso y el poder temporal. Esta separación había permitido cierto contrapeso de poderes  entre el monarca absoluto y la Iglesia durante muchos siglos en  Europa hasta que Montesquieu  inventó los tres poderes  del Estado, perfeccionando la separación de poderes. 

Las monarquías turca y árabes tradicionales siempre mantuvieron esta división, aunque siempre la supremacía correspondía al poder civil. Digamos que en Irán se volvió al modelo inicial de Mahoma que retenía ambos poderes. Pero, muerto Mahoma, empezaron las divisiones y su yerno (o el hijo de su yerno) fue derrotado y muerto  por generales que poco a poco volvieron a la dualidad del poder. Los partidarios del derrotado iniciaron  la vertiente chiíta del Islam.

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El golpe en Honduras

Lobisón

La buena noticia era que en los últimos treinta años la democracia se había convertido en el único juego aceptable en la política latinoamericana, y que los golpes militares se habían convertido en algo del pasado. Cierto que lo que hizo Fujimori en 1992 fue un autogolpe de acuerdo con los militares, pero la convocatoria posterior de elecciones permitió disimular los hechos hasta que el fraude de 2000 agotó la paciencia de la comunidad internacional.

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Obama escritor

Ricardo Parellada 

 

Barack Obama ha escrito dos libros. Publicó el primero, “Sueños de mi padre”, en 1995, a raíz de un contrato editorial que le ofrecieron tras ser elegido primer presidente negro de la Harvard Law Review. Y publicó el segundo, “La audacia de la esperanza”, en otoño de 2006, cuando llevaba menos de dos años como senador de los EEUU en representación del estado de Illinois y pocos meses antes de anunciar su candidatura a las primarias demócratas para la presidencia del país. Este segundo libro es el que estoy leyendo y mi fascinación es tal que me gustaría comentar aquí algunas cosas aun antes de haberlo terminado.

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Por fin, Obama le pone el cascabel al gato

Magallanes 

El 4 de Junio pasado Obama, desde la Universidad de El Cairo, dirigió al mundo musulmán un trascendental discurso que inaugura un cambio drástico de actitud del gobierno estadounidense respecto a los países islámicos. Uno de sus puntos básicos se refiere a la  consecución de la paz entre Israel y Palestina. El Presidente Obama ha seguido la trayectoria que en su día trató de impulsar el Secretario de Estado James Baker.

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Tiananmen

Lobisón

 

En la madrugada del 4 de junio de 1989 se produjo la matanza de Tiananmen: cientos de personas murieron bajo la acción del ejército chino, poniendo fin a semanas de protestas, de las que la plaza de Tiananmen se había convertido en escenario y símbolo. Se reclamaba democracia, ciertamente, pero también se protestaba contra la inflación y la corrupción. Una respuesta previsible a los aspectos negativos del nuevo crecimiento económico, doce años después del paso del gobierno ideológico de la Banda de los Cuatro al desarrollismo de Deng Xiaoping y su idea de que no importaba el color del gato si cazaba ratones.

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El eterno conflicto

Millán Gómez

El problema árabe-israelí es una de las principales prioridades para la comunidad internacional. No en vano, las diferentes noticias que llegan de este proceso ocupan habitualmente un papel relevante de la actualidad internacional en la mayoría de los medios de comunicación. La sensación que tiene la opinión pública es que estamos ante un conflicto cuyo principio está meridianamente claro pero no así su final. Parece el cuento de nunca acabar.

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Europa no enamora

Marta 

El próximo 7 de junio se celebran elecciones al Parlamento Europeo. Las cifras convierten a esta convocatoria electoral en algo, a primera vista, fascinante: más de 300 millones de ciudadanos de 27 países diferentes, desde Portugal a Bulgaria, desde Suecia a Grecia, votan todos el mismo día para una misma institución común, a los 785 diputados que componen el Europarlamento. Resulta apabullante si tenemos en cuenta la convulsa historia de nuestro continente.

 

Y sin embargo, no parece existir una especial emoción ante dicha convocatoria, la séptima que se celebra desde que en 1979 se puede elegir al Parlamento mediante sufragio universal y directo cada cinco años. Es la única institución europea que tiene esa cualidad democrática, y si no me equivoco, es la única institución internacional de esta naturaleza que existe en el mundo. Pese a todo ello, se prevén unas cifras de abstención récord en la mayor parte de los países de la Unión Europea, entre ellos, España.

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Afganistán como prioridad

Millán Gómez

 

La llegada de Barack Obama a la Casa Blanca ha trasladado el foco de atención de la política exterior estadounidense desde Irak a Afganistán, país centroasiático que vive en continua inestabilidad y con un creciente protagonismo de la insurgencia talibán. Una de sus primeras decisiones ha sido la de enviar 17.000 soldados más a Afganistán a partir de este verano. No en vano, el propio Obama, en “The New York Times”, respondió con un categórico “no” al ser interpelado sobre si estaban ganando la guerra. Este nuevo contingente implicará que la cifra de soldados supere los 80.000, de los cuales 55.000 son estadounidenses, lo que supone el mayor número desde el derrocamiento del Emirato Islámico instaurado por los talibanes en 1996.

 

Esta suma resulta escasa a ojos del Secretario de Defensa de EEUU, Robert Gates, quien, en una reunión informal de ministros de Defensa celebrada en Cracovia (Polonia), pidió “más aportaciones civiles y más coordinación de las actividades de la Alianza”. En las últimas fechas, 19 países han confirmado su disposición de contribuir a la petición realizada por Gates. Fuentes de la OTAN piensan que son necesarios 10.000 militares más.

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