Padre de familia
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El domingo pasado alguien me sugirió que quizás la cuestión de Gaza era uno de esos problemas que no tienen solución. Discrepo. En el mundo en el que vivimos, en el Siglo XXI, todos los problemas de este tipo – territoriales, étnicos, nacionalistas – tienen solución, todos estos conflictos son gestionables. La cuestión es cómo se gestionan, el tempo y qué precio tiene que pagar cada parte implicada.
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Pero voy más allá: soluciones de verdad son únicamente las fórmulas que permiten que todos ganen, unos más y otros menos, pero todos quedando en mejor posición que si el conflicto no se solucionara. En caso contrario, la “solución†habrá sido impuesta por la parte más poderosa, aprovechando la debilidad de la otra y convirtiéndola en un mero parche temporal al estilo del fracasado – por desequilibrado – Tratado de Versalles, que puso fin a la primera Guerra Mundial sembrando al mismo tiempo la simiente de la Segunda.
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En este sentido, aciertan los que afirman que no hay solución militar para Gaza. En la práctica porque en teorÃa sà la hay: Israel podrÃa hacer desaparecer del mapa a la Franja y/o a sus habitantes, pero el daño para sà mismo, para su viabilidad como Estado aceptado por la Comunidad Internacional, serÃa letal. Es decir, es una opción factible dada la superioridad militar israelà pero no constituye una “solución†para las necesidades de Israel.
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