Carlos Hidalgo
Ayer se cumplió el decimotercer aniversario de la rendición de ETA que, acorralada, con un menguante apoyo social y eclipsada por otros tipos de terrorismo, como el islamista, depondría las armas y terminaría por disolverse oficialmente unos años más tarde.
Todavía quedan numerosos asesinatos y atentados por esclarecer, en muchos casos debido al desbordamiento de las fuerzas y cuerpos de seguridad o a la saturación del poder judicial, que en ocasiones a duras penas tenían tiempo o capacidad material y humana para investigar todos los delitos cometidos por la banda terrorista. Con el paso del tiempo y unas tácticas concentradas en la obtención de inteligencia y en la prevención de la violencia terrorista, estos fallos fueron cada vez menos frecuentes y la capacidad operativa de los terroristas se fue viendo inexorablemente menguada.
Trece años después ETA parece el recuerdo de un mal sueño para todos los españoles que no experimentaron directamente la violencia terrorista y un mito para parte de la juventud, que ha llegado a la vida adulta sin la presencia ominosa de la banda y que les parece un elemento más de los llamados mitos de la Transición. Sigue leyendo