Arthur Mulligan
Recuerdo de mi época como analista de riesgos en un banco la dificultad recurrente para unificar el sentido verdadero de las palabras, un sentido que fuera común – nunca mejor expresado – inequívoco y no sometido a la libre interpretación de los miembros del equipo, que permitiese a su vez huir de una rigidez castrense con la suficiente elasticidad para adaptarse sin abusos a las múltiples situaciones concretas del negocio.
Pues bien, a pesar de las advertencias, los ejemplos estudiados, operar en la misma zona en posición de renta, y dejar claramente establecidos los límites para no incurrir en desagradables situaciones, no era infrecuente observar desvíos significativos entre los diferentes equipos. No eran inocentes o debidos a circunstancias extraordinarias de difícil previsión sino que las más de las veces obedecían a un irrefrenable deseo de aumentar el volumen de negocio que les cegaba. Reaccionaban como muchos vascos al preguntarles en un restaurante cómo quieren la lubina y casi invariablemente responden ¡grande! Sigue leyendo