Dos semanas para contrastar ideas

Millán Gómez

En la madrugada de ayer comenzó oficialmente la campaña electoral. Como siempre, oficiosamente llevaba tiempo inaugurada. Con la tijera de los recortes, concretamente. Estamos ante, quizás, la campaña más descafeinada pues el resultado electoral es muy previsible y la incógnita radica en conocer hasta dónde llegará la mayoría absoluta del Partido Popular. Las previsiones más catastrofistas para los socialistas indican que incluso podría ser la de Rajoy una victoria mayor que la de Felipe González en 1982, con todo lo que ello supone. También sabremos en qué medida le beneficia al resto del arco parlamentario el voto perdido del PSOE. Lo lógico es que IU, ERC, BNG, etcétera mejoren sus resultados pero las decisiones de los electores son inescrutables por el bien de la emoción y, por supuesto, de la democracia. Un ascenso de CiU tras alcanzar el poder en la Generalitat y el Ajuntament de Barcelona parecen también coherentes. Eso sí, la protesta social en Catalunya les afectará sin duda y la izquierda recibirá votos de castigo a CiU y no tanto por méritos propios.

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El sobresalto griego

Lobisón

El pánico que ha provocado el anuncio de referéndum en Grecia sobre las condiciones del rescate pactadas por la UE ha demostrado varias cosas. La primera, inesperada pero bastante previsible, es que Yorgos Papandreu, sometido a las presiones de la troika (la Comisión, el BCE y el FMI) y enfrentado a una fuerte y a veces violenta resistencia social, ha terminado por perder la chaveta.

Ciertamente hay un orden en su locura: pretende que la oposición griega deje de lavarse las manos. Pero el órdago del referéndum no sólo parece que va a provocar elecciones anticipadas, sino que ha dividido al PASOK y además probablemente le convierta a él, hasta ahora objeto de casi universal simpatía por la que le había caído encima, en blanco de la ira de todos los gobernantes europeos, nacionales o de la Comisión.

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¿Mariano en el país de las maravillas?

Sicilia

Bien es verdad que los programas electorales no suelen ser el paradigma del detalle y la concreción. Decía Clausewitz aquello de que “no hay estrategia que resista el contacto con el enemigo”, y es lógico que los partidos políticos se den un cierto margen a la hora de especificar con exactitud todas y cada una de las medidas que van a tomar a lo largo de la legislatura, hasta que vean lo que hay. Pero hombre, con la que está cayendo, y después de llevar cuatro años responsabilizando punto por punto al gobierno presente de todos y cada uno de los males de la tierra, parece posible haberlo hecho mejor en vísperas electorales.

Y es que leyendo el programa popular y las medidas que se esbozan, podría decirse que un 75% de lo que pone, sobre todo en materia económica es una generosa ración de generalidades y abundamientos de líneas que se llevan aplicando desde hace 30 años, más otro 20% de poner farolillos y manos de pintura, y sólo en un 5% se aparece alguna propuesta con un color más decidido.  Da la impresión de que fuese un programa de transición para una economía que va  más o menos como siempre en lugar de ser un cañonazo para dar la vuelta a la situación.

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Qué pena lo de Gadafi

LBNL

Será que soy un desalmado pero a mí la pena que me dio el linchamiento de Gadafi es que durara tan poco… Porque el gachí en cuestión llevaba más de cuarenta años puteando al pueblo libio, decretando la muerte de cuántos libios percibió que podían ser una amenaza a su poder omnímodo, privándoles de una educación en condiciones a un nivel que hace palidecer las restricciones educativas franquistas, robando a manos llenas y financiando cuántas alocadas aventuras se le ocurrió en su megalomanía sin límite y, últimamente, varios meses bombardeando a la población civil con ayuda de mercenarios contratados con el dinero del petróleo de todos los libios. Así que lo que lamento es que se fuera casi de rositas, con un tiro en la cabeza después de sólo unos minutos de pavor ante la muchedumbre enardecida e incontrolada, por una vez no sumisa, que le trató como a la bestia inhumana que llevaba dentro y que siempre demostró ser, por mucho que en sus últimos momentos preguntara cortésmente qué iban a hacer con él y apelara a la piedad de sus captores.

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Dutch Blend

Frans van den Broek

Hay un anuncio comercial de té en la televisión holandesa, de la marca Pickwick para más señas, cuyo contenido me pareció controversial desde la primera vez que lo vi, ya hace un tiempo. Forma parte de una serie de anuncios en los que un señor de mediana edad y dos jóvenes, una mujer y un hombre, ataviados con mandiles que refuerzan la impresión de laboratorio que se quiere dar a la escena, deliberan sobre nuevas mezclas que lanzar al mercado. Algunas de ellas tienen sabor a fruta, otras una pizca de limón y así por el estilo, descubiertos en momentos Eureka que el anuncio pretende presentar de manera simpática. En el que me refiero, la joven se pregunta por qué, habiendo una mezcla inglesa, no existe una mezcla holandesa, a lo que el mayor responde que la había, pues los holandeses habrían sido los primeros que trajeron el té a Europa desde Asia Oriental, hecho convenientemente ilustrado con un mapamundi que adorna una de las paredes del laboratorio. Entonces la joven, a quien suelen ocurrírsele las nuevas ideas, propone hacer de nuevo una mezcla holandesa, para conseguir la cual podrían contar con la ayuda de verdaderos o reales holandeses. El adjetivo que usa, “echte Hollanders”, implica autenticidad y permite el contraste con holandeses supuestamente menos reales, como quiera que se los entienda. Acto seguido se ve llegar a los holandeses que ayudarán en el proyecto, en bicicleta también, por supuesto, y esbozando amplias sonrisas. Pues bien, todos son rubios, de ojos claros y evidente heredad germánica. Al final muestran todos contentos el resultado de sus esfuerzos, el nuevo producto de Pickwick, Dutch Blend, hecho para “echte Hollanders” por “echte Hollanders”.

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Convivencia sin reescribir la historia

Millán Gómez

Caminar por la Gran Vía de Bilbao estos últimos años te recordaba que en Euskadi se mantenía vigente la tragedia del terrorismo etarra. En una de las arterias principales de la ciudad está ubicado el Palacio Foral, sede de la Diputación de Bizkaia. La balconada estaba presidida por una emotiva pancarta que rezaba: «Bakea behar dugu. Necesitamos paz.» Y digo que «estaba» porque, como consecuencia del «cese definitivo» terrorista, ese lema ha podido ser retirado. Al acto acudieron representantes de PNV, PSE y PP. La paz se ha conquistado. Ahora el siguiente reto es la convivencia y la reconciliación, por este orden jerárquico, pues es diferente «vivir en compañía! y en paz, se entiende, y otra, que también estoy convencido que llegará el momento, la amistad, el acuerdo y la confesión.

He sido capaz de disfrutar el momento. Nada ni nadie ha sido capaz de tumbar mi felicidad ante el comunicado de la organización criminal. Respeto el escepticismo, pues nos han mentido ya en multitud de ocasiones, pero resulta incomprensible no alegrarse del nuevo contexto. El PSE y el PP vasco han estado a la altura del momento histórico. El Gobierno central y Rajoy, lo mismo. La oposición vasca y del resto del arco parlamentario nacional, también. Escuchar estos días a los protagonistas directos de tantos años de lucha por la paz y la libertad ha sido placentero. Con todos mis respetos hacia otros, he dado prioridad a quienes considero que han luchado desde el primer momento. Como parafraseó el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, hace varias semanas, «los conversos, a la cola».

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¿Para qué sirve una papelera?

Lobisón

En su crítica de la mitificación del liderazgo (el día 25), José S. Martínez señalaba que tal y como están las cosas el PP también podría ganar las elecciones si su candidato fuera, en vez de Rajoy, una papelera. Algo de eso hay, claro, pero conviene subrayar los inconvenientes que podría tener la elección de una papelera para la presidencia del Gobierno. Sin ignorar por ello sus ventajas: normalmente las papeleras están diseñadas de tal forma que tienden a ser muy estables, para evitar sobresaltos a los usuarios.

Pero por eso mismo las papeleras no son proclives a cambiar de opinión, por mucho que cambien las circunstancias, contra lo que John Maynard Keynes consideraba propio de los seres racionales. Es más, normalmente las papeleras, aunque existen modelos más o menos transparentes, son poco dadas a expresar sus opiniones, por lo que a lo más se las puede uno imaginar hurgando en lo que contienen.

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Primavera árabe: el árbol y las nueces

Barañain

El fin del régimen de Gadafi y la celebración de elecciones en Túnez son un buen pretexto para hacer balance –siquiera provisional- de la llamada “primavera árabe” y  para sacar algunas conclusiones de lo que está ocurriendo. De entrada, hay que reconocer que la caída de tres veteranos dictadores (en Túnez, Egipto y Libia) es ya un balance muy positivo, inimaginable hace apenas unos meses. Pero, aunque sea prematuro cualquier juicio crítico,  no puede ocultarse una cierta inquietud –y quizá decepción-, por el cariz que las cosas van tomando en los distintos países afectados, y su distancia respecto a la imagen que se proyectaba al comienzo de la revuelta. 

 Quizá lo que haya que reconsiderar sean nuestras expectativas, a partir de una percepción más realista sobre los agentes del cambio. En Occidente parece haber amainado el entusiasmo con que se recibió una movilización popular –sin precedentes desde luego-, liderada supuestamente por una generación de jóvenes instruidos pero sin futuro que,  ajena al islamismo militante y armada sólo de sus móviles y redes sociales, deseaba  alcanzar una mínima modernidad para  sus atávicas sociedades. Esa era al menos la imagen dominante en esa especie de sociología árabe de urgencia que machaconamente se nos transmitió.

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A la tercera… la volvemos a cagar (con suerte)

LBNL

Tediosamente, no cabe sino escribir sobre Europa, sobre la cumbre europea. A la hora de escribir estas líneas, los titulares son espantosos. No hay garantía de que se llegue a un acuerdo, la reunión de ministros previa a las Cumbres (la del grupo del euro y la de todos los jefes de gobierno) se ha cancelado por desacuerdo sobre un párrafo de las conclusiones, Berlusconi llega con un remedo de acuerdo sobre las reformas a acometer que no es ni lo que se esperaba ni creíble, los que están fuera del euro reniegan del mismo pero quieren meter cuchara en las decisiones del eurogrupo y los que están dentro se afanan por convencer a Alemania de aceptar supuestas soluciones que en realidad no lo son.

Porque ese es el tema. El miércoles, seguramente –ojalá- nos acostaremos con la noticia de que otra vez “in extremis” nuestros líderes consiguieron evitar el abismo y consensuaron un nuevo paquete de emergencia. Como en ocasiones anteriores, los mercados reaccionarán positivamente, no tanto ante la calidad del acuerdo como ante el hecho de que se haya llegado a alguno.  Y dentro de una semana, diez días, dos semanas todo lo más, las primas de riesgo de Italia y España volverán a dispararse y cada vez estaremos más cerca de la revisión de la calificación crediticia de Francia, en diciembre, y su cada vez más probable pérdida de su triple A.

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El líder que pasaba por ahí

José S. Martínez

La combinación de la crisis económica más grave desde 1929 con Rajoy al frente del PP está produciendo una situación que podemos considerar de casi experimento natural. La forma más sencilla de contar lo que quiero decir es mediante una situación contrafáctica: qué hubiese pasado si en 2008, en el Congreso de Valencia del PP, otra persona se hubiese hecho con la dirección del partido. Probablemente ahora tendría la misma ventaja frente al PSOE, pero estaríamos diciendo que la derecha española logró un líder preclaro, que la rescató tras dos derrotas y una situación de gran división interna.

Pero no, apoyado por el amigo del alma Camps, Rajoy se hizo con el partido. Un partido que no fue capaz de pacificar tras ese congreso, sino cuando quedó patente la estrategia ganadora: esperar a que la crisis se agravase. Las cualidades de Rajoy no son las que se espera de un líder, pues de un líder se espera que afronte los problemas, que tenga propósitos claros y que dirija a la gente hacia esos propósitos, tras ganar su apoyo. Pero el apoyo de Rajoy fue el dedo de Aznar, su forma de afrontar los problemas es dejar que se pudran o se resuelvan solos, y sus propósitos, por lo menos declarados, no van más allá de unas vagas intenciones conservadoras, que no son más que reflejo de su carácter.

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