El convencimiento de la inutilidad de la sangre

Millán Gómez

Son las palabras que siempre he soñado escribir. Final. Punto. Se acabó. Llegó la paz a Euskadi. No es un «sí pero no». No. Es definitivo, concretamente un «cese definitivo» en palabras de tres sujetos disfrazados de modo, digamos que discutible, sentados en paralelo frente a una mesa con la iconografía habitual mientras dos señores o señoras están allí callados, sin mover un músculo. Rendidos. En un cúmulo de subordinadas interminables en su habitual retórica infumable, eta declara que abandona la violencia sin condiciones. Todo un «blablabla», tal y como perfectamente definió un emocionado Carles Francino en la mañana de ayer. No es un «sí, si ustedes…». No. Hasta ahí hemos avanzado. Ya no hay conditio sine qua non. Es una declaración de «cese definitivo» unilateral, sin cortapisas.

No hay nada más que esperar para saber que no va a volver a haber violencia. Solo la entrega de la armas y, ojalá, el reconocimiento del daño causado en varias generaciones de vascos y españoles. A título particular, algunos antiguos terroristas ya lo han hecho y, en virtud de esta actitud, el Estado ha sido condescendiente con ellos. Las dos últimas hipótesis no sabemos a ciencia cierta si las van a cumplir pero sí que no van a volver a asesinar. El Gobierno no tiene que hacer ningún gesto para conseguir que no vuelvan a acabar con la vida de nadie. No. Se cumplió el sueño y, como bien dijo Rodolfo Ares, Consejero de Interior del Gobierno vasco, en Radio Euskadi, «los sueños, cuando se hacen realidad, hay que celebrarlos». Ni más ni menos.

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La cizaña contra el impuesto a las transacciones financieras

Ricardo Parellada

 El pasado 28 de septiembre la Comisión Europea presentó su propuesta de un Impuesto a las Transacciones Financieras, conocido popularmente como tasa Robin Hood. Como la Comisión Europea no puede improvisar, esta propuesta viene precedida y acompañada por estudios técnicos de viabilidad, posibles problemas de implementación, medidas para minimizar riesgos (deslocalización de capitales, esquivación del impuesto) y estimaciones de las cantidades que se podrían recaudar. Pero, por encima de todo, la Comisión deja claros sus objetivos: (1) que el sector financiero, cuyas prácticas abusivas desencadenaron la crisis en 2008, devuelva a la sociedad parte de los recursos públicos que se han tenido que dedicar a sostenerlo; y (2) que la Unión Europea y los estados miembros dispongan de una fuente adicional de financiación ante los graves apuros presupuestarios, debidos en buena medida a esos planes de rescate. La Comisión estima que con tasas pequeñas de un 0.1% sobre compraventa de acciones y bonos y un 0.01% sobre derivados se podría recaudar 50.000 euros al año.

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Hacia un segundo rescate bancario

Lobisón 

Durante la crisis de los años setenta, que quizá no fue tan mala como la actual, pero sí bastante complicada, uno de los gobernadores de la Reserva Federal, preguntado por la vigencia de las políticas keynesianas, respondió: ‘Mire usted, Keynes decía que a largo plazo todos muertos, pero el que se murió fue él y a nosotros nos toca lidiar con el largo plazo’.

Bueno, pues en mayo pasado Trichet advirtió que la democracia no soportaría un segundo rescate bancario. Pero ahora él sale del BCE y a la democracia se le viene encima el segundo rescate bancario. Claro que Trichet hablaba de un segundo rescate a consecuencia de la falta de reformas en la banca, y el que puede producirse en breve va a ser consecuencia de decisiones políticas.

Joaquín Estefanía apuntaba el pasado domingo a una de las claves de la nueva situación: para inyectar fondos en la banca los gobiernos nacionales no tienen que ir a una penosa cadena de ratificaciones parlamentarias, y el gobierno alemán no está supeditado a las posibles objeciones de su Tribunal Constitucional. Así que, en vez de intentar que un uso más contundente del fondo de rescate, incluyendo una nueva ampliación, para comprar deuda griega, Alemania apuesta por una quita del 50% de esta deuda.

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Gracias, Zapatero, por haber acabado con ETA

LBNL

Hombre, no ha sido él sólo. Lo hemos conseguido entre todos, durante décadas de derrotas y triunfos, pero unos han hecho más que otros, unos lo han venido haciendo desde el principio mientras que otros se subieron al carro algo más tarde y, también, ciertamente unos se han desempeñado con más acierto que otros.

El acierto de Zapatero ha sido meridiano como demuestran los resultados. No ha sido un camino perfecto, principalmente porque tenemos varias bajas mortales que lamentar en los últimos 8 años, de las que la única responsable es, obviamente, ETA, que no Zapatero. Pero analizando fríamente los números, ETA nunca ha matado ni atentado menos que con Zapatero.

Tampoco ha sido perfecto que la acertada estrategia seguida haya generado tanto ruido, tanta crispación, política y social. En este punto hay que repartir culpas. Es cierto que Zapatero, y el PSOE en general, siempre apoyó a Aznar en la lucha contra ETA mientras que en demasiadas ocasiones el PP se dedicó (y todavía se dedica, al menos Mayor Oreja; véanse sus últimas declaraciones lunáticas) a poner palos en las ruedas y azuzar para sacar rédito político. Pero también es cierto que el PSOE debería haber hecho más por integrar al PP en la estrategia, al menos a sus líderes más sensatos, muchos de los cuales se habríaan sumado si hubiera habido un mayor esfuerzo para disipar sospechas sobre una supuesta connivencia con ERC e incluso con Batasuna.

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Es el crecimiento, hombre

José D. Roselló

“¡Es la economía, estúpidos!” fue el célebre exabrupto que, según cuentan las crónicas, lanzó J. Carville, asesor de Clinton en la campaña del 92 que acabaría llevándoles a la Casa Blanca.

En un estilo similar, solo que menos faltón, puede decirse que cada vez más, se percibe como único rumbo razonable de política económica -que no aplicado todavía- aquel que empiece a preocuparse, y de manera palpable, por relanzar el crecimiento económico.

Pero en fin, sucintamente, a fin de no caer en repetir lo que puede leerse todos los días en la prensa, el consenso generalizado de peces grandes y chicos en esto de la prospectiva económica, es que el mundo se encamina a un periodo de fuerte reducción del crecimiento y Europa tiene, por un lado , varios de sus miembros afrontando una crisis  basada en el coste de la deuda pública importante, y por otro se enfrenta a la muy cierta posibilidad de caer en una segunda recesión durante el año que viene.

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A la tumba o a la obra

Frans van den Broek

Quien iría a pensar que un movimiento cuyo inicio no auguraba más que una o dos demostraciones de irritación colectiva terminaría por extenderse a más de 80 ciudades en varios países del mundo. Hay que ser cuidadosos, sin embargo, al describir el fenómeno, pues es fácil caer en las simplificaciones a que nos acostumbran la prensa y los análisis en dos columnas. Hablar de movimiento, en primer lugar, es si no falaz, al menos exagerado, por la naturaleza dispar de las organizaciones que coordinan sus actividades y la imprecisión o vaguedad de sus demandas. Hablar de indignados, empero, parece acomodarse bastante mejor a la naturaleza de los hechos, pues se trata más de un estado de ánimo y de una actitud que de una plataforma política viable, al menos por ahora, como no estaría desencaminado quien cualificara al movimiento de viral, esto es, extendido siguiendo un patrón de difusión epidémico, gracias en buena medida al internet y los media. El economista Paul Krugman cree, en todo caso -se lo acabo de escuchar en la CNN-, que se trata de un movimiento necesario, pues vuelve la atención del debate social a los problemas esenciales que dieron origen a la crisis actual, en lugar de dejarlos en manos de políticos y economistas que buscan causas subalternas o inexistentes, así­ como soluciones inadecuadas. Ignorante como soy, me declaro más bien incapacitado de juzgar a los indignados, si bien no puedo sino compartir parte de su indignación para con quienes hicieron de la codicia ilimitada sancón de vida libre. Un movimiento como este (que se ha rebautizado en otras partes como de los ocupadores de plazas o de bolsas, o algo parecido) está destinado a atraer a demagogos, desequilibrados, aprovechadores, adolescentes perpetuos u ociosos sin rumbo, pero tambiénn a seres nobles e idealistas que están hasta el copete de sentirse en manos de poderes ajenos al proceso democrático o eximidos de sus responsabilidades. O simplemente a personas afectadas por el desempleo, la carencia, la preocupación por el futuro o la ineficacia del estamento polí­tico.

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Listas electorales y engaños ciudadanos

Millán Gómez

El Partido Popular cuenta ya los días para llegar a La Moncloa. Llevan haciéndolo desde, cuanto menos, pasado el primer año de la legislatura en curso. Desde entonces se han dedicado a esperar con pereza. Bostezo por aquí, crítica al Gobierno (muchas fundamentadas) por allá. Del programa electoral, “ese animal mitológico” como brillantemente definió Ignacio Escolar, no sabemos nada. Han celebrado una convención y la novedad principal fue la alternativa de la cadena perpetua. Respetable pero bordeando la inconstitucionalidad.

Eso sí, los populares han presentado algunos de sus principales candidatos a las listas electorales. En Madrid han optado por lo coherente, pues los cinco primeros son obviamente Rajoy, seguido de Soraya Sáenz de Santamaría, Ana Mato, Gallardón y Miguel Arias Cañete. Pueden gustar más o menos pero parece razonable que coloquen a gente con peso en el partido y la número dos fue la portavoz parlamentaria,  la número tres ocupa la responsabilidad organizativa y electoral, mientras que el quinto fue designado en el famosa Congreso de Valencia como Presidente del Comité  Electoral Nacional. La novedad es Gallardón, lo cual responde a sus más que conocidos deseos de saltar a la arena nacional y abandonar así la política local y autonómica. Entre eso y aprovechar la mentira política que supone el alcalde madrileño es tremendamente rentable, siempre desde el punto de vista electoral, claro. Bueno, mientras no lo coloquen de Ministro de Economía, por supuesto.

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¿Listas abiertas? ¿Voto de preferencia? Con mucho cuidado, por favor

Alberto Penadés

En la noche de los tiempos democráticos, hace unos cien años, las listas abiertas se inventaron como un reducto conservador para que los antiguos notables hicieran valer sus apellidos en la competición electoral. Los conservadores muchas veces fueron reacios a abandonar el sistema mayoritario, de voto nominal en distritos de un escaño (o de pocos escaños) incluso cuando tenían todas las de perder,  porque creían que competir con los partidos de masas en sus propios términos era todavía peor. Los partidos de masas, sobre todo socialistas, pero también católicos, cuando defendieron el voto de lista (casi siempre) solían preferir que fuera cerrada y bloqueada, para hacer prevalecer la marca de los partidos sobre los nombres de persona, la ideología sobre los favores, la organización sobre la clientela. Así sucedió en lugares tan dispares como Finlandia o Italia: en países como estos las listas abiertas  (que permiten votar a candidatos de distintos partidos) y el voto de preferencia  (que permite votar por candidatos dentro de la lista de un único partido) fueron compromisos institucionales en esa encrucijada.

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Misiles en Rota

Barañain

Cuando preguntaron al candidato Rubalcaba por su opinión sobre la intención del gobierno de Zapatero de adherirse al proyecto del “escudo antimisiles”, contestó con una evasiva, manifestando así su distanciamiento de la misma. Un guiño del candidato a un sector de la ciudadanía de izquierda que estos días ha puesto el grito en el cielo por esa iniciativa.

Ya con la boca pequeña -una vez escenificado su guiño-, el candidato no ha dejado de reconocer que el asunto llevaba meses trabajándose, por lo que difícilmente podía ser él mismo ajeno al proyecto. Pero con las encuestas tan adversas, no era cosa de hacer pedagogía. El viejo profesional de la política optaba por dejarse llevar por esa corriente que, a las primeras de cambio, muestra su perfil “antimilitarista” y “antiamericano”.  Incluso cuando el asunto a debate -como en este caso-, no ofrece demasiado motivo para la escandalera.

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Alquilar sin dudar

LBNL

Como defender las acertadas palabras de Durán sobre los abusos del PER y el enquistamiento del PER mismo podría percibirse como demasiado provocador en el glorioso Día de la Hispanidad, voy a centrarme en una cuestión menos controvertida tal como las perspectivas del mercado de la vivienda en España.

En nuestro país en general se entiende que, a poco que se pueda, conviene comprar vivienda antes que tirar el dinero en alquiler. Alquilan los que no tienen más remedio, antes los que no podían ahorrar y ahora también los que no acreditan la solvencia que nuestros queridos bancos consideran suficiente para agraciarles con el dudoso privilegio de concederles una hipoteca.

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