Carlos Hidalgo
Para cuando se pueda leer este artículo, seguramente Pedro Sánchez ya habrá hecho pública la conclusión a la que habrá llegado tras cinco días de reflexión sin agenda pública, en los que meditaría acerca de si merece la pena seguir siendo Presidente del Gobierno una vez que los ataques que recibe se extienden a su familia; a su esposa, su hermano y a su familia política. De alguna manera Pedro Sánchez ha pedido una tregua y por supuesto, no se le ha concedido.
Por todas partes se le ha dicho que a la política se viene llorado de casa, dicho especialmente por algunos de los políticos más llorones de este país, como el exuberante Carles Puigdemont. También hay quien se atreve a decir que el acoso a los políticos empezó por él mismo, como Pablo Iglesias Turrión que, como Adán, cree que él ha nombrado por primera vez cada cosa que puebla la tierra y nada por los mares.
Por el lado derecho del arco parlamentario, se han dicho muchas cosas, cada vez más delirantes. Desde que eran los delirios inmaduros de un narcisista, a que la misiva de Sánchez, publicada en la red social X (antes conocida como Twitter), era alegal. Lo cual me tiene fascinado, porque a saber qué demonios se pretende decir con eso. Ahora me preocupo al hacer mayonesa en casa, no vaya a ser alegal, pese a que conservo el carné de manipulador de alimentos. En general, se le reprocha al presidente su irresponsabilidad al tenernos hablando de él en lugar de los problemas de España. Pero he de recordar aquí que, como dijo el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, aún nadie le ha preguntado en el parlamento acerca de su área. Sigue leyendo