Pensiones, jóvenes, autónomos, edadismo e inclusión

Juanjo Cáceres

Se anunciaba la semana pasada semana la nueva propuesta de acuerdo para el sistema de cómputo de las pensiones, que tiene como principal gancho el mantenimiento durante los próximos veinte años del cálculo de las mismas sobre los últimos 25 años trabajados, completado ahora por la alternativa de que sean 29, con el beneficio de eliminar los dos peores. Esto implica que es probable que los que, como yo, andamos cerca del medio siglo y los que lo sobrepasan ampliamente, nos jubilemos con ese modelo, si es que vivimos bastante tiempo como para conseguirlo. O como diría Batman, si vivimos suficiente como héroes del trabajo para convertirnos en villanos pensionistas.

No es mi intención revisar las entrañas de dicho acuerdo, que tal y como se ha señalado va a suponer un esfuerzo aun mayor de coste sobre las rentas del trabajo y que ya ha puesto de morros a la patronal, pero no es exagerado considerarlo la reforma menos regresiva de las que se han producido en las últimas décadas, ni puede negarse que entraña incluso elementos de progresividad. Sigue leyendo

El Silicon Valley Bank y el pánico de los megarricos

Carlos Hidalgo

Hace tan solo unos meses los bajos tipos de interés y el aumento de capital tras superar la crisis de 2008 hacían que hubiera bancos y fondos de inversión que tuvieran tantísimo dinero que realmente no sabían qué hacer con él. Los muy ricos pasaron a ser megarricos porque esos mismos fondos sobrecapitalizaron sus empresas sin ver si realmente había valor detrás de ellas o no y las criptomonedas pasaron a ser una inversión aceptable porque, qué demonios, había tanto dinero que por qué no probar.

Ahora, tras una pandemia, una crisis mundial de inflación provocada por unas redes de suministro rotas y unas empresas que no quieren bajar el ritmo de años anteriores, el dinero ha vuelto a ser tan cobarde como siempre ha acostumbrado a ser y, tras huir de las criptomonedas, empieza a huir de las inversiones mal llamadas “disruptivas”. Sigue leyendo

Disparates en los libros de texto

David Rodríguez

Los libros de texto que caen en manos del alumnado español ya han sido objeto de polémica en más de una ocasión, pero el problema está lejos de ser resuelto. Quería destacar aquí una joya que aparece en el libro de “Economía de la Empresa” de segundo curso de Bachillerato, y que hace referencia a la primera característica que según la autoría del libro presentan las pequeñas y medianas empresas: “Poca formación empresarial. El empresario tiene pocos conocimientos técnicos, que frecuentemente ha adquirido en la gestión de la misma empresa. Al gestionarla, se mueve más por impulsos y ganas que por una formación académica adecuada”.

Más allá del mantenimiento del lenguaje sexista en pleno año 2023, las afirmaciones que se realizan son completamente disparatadas, ajenas a la realidad y totalmente prejuiciosas hacia las pequeñas y medianas empresas de nuestro país. Además, destilan un cierto clasismo simplista, ya que parecen reducir las pymes al tejido comercial de nuestros barrios, donde resulta que las personas que las gestionan no tienen la formación adecuada para atender a la clientela, como si las grandes multinacionales prestaran un magnífico servicio en este sentido. Sigue leyendo

Terra baixa (Reconstrucció d’un crim)

Senyor G

No sé si conocen el argumento de Terra Baixa (Tierra Baja), obra del Ángel Guimerà (1845-1924), entre otras cosas dramaturgo catalán nacido en Las Canarias dentro del movimiento de la Renaixença (el resurgimiento de la lengua y cultura catalanas de finales del siglo XIX). Creo que no he visto esta obra de teatro pero sí que la leí durante el bachillerato.

De lo que me queda en la memoria, el argumento de Terra Baixa, que al estilo de la convención revolucionaria francesa, contrapone las tierras altas de la naturaleza, la pureza y la bondad a la tierra baja de las malas pasiones y las cosas de los hombres. De la tierra alta baja un pastor llamado Manelic para casarse en la tierra baja con la amante del señor de las tierras, de las de arriba y de las de abajo y todo lo que se mueve por ellas, incluso las personas. Ese matrimonio es para que “l’amo” mantenga su estatus dentro de las convenciones sociales y su voluntad. Se contrapone también el carácter del hombre sencillo y bueno contra el del señor dominado por las bajas pasiones y su voluntad de poder, que acaba dramáticamente con la muerte, no me atreveré a decir que justa, del malvado señor. Sigue leyendo

La cutrez

Carlos Hidalgo

Cuando se habla de delitos de corrupción muchas veces se piensa en inteligentes tramas de cientos de millones de euros que van a parar a los bolsillos de unos pocos. Pero la mayor parte de las veces los casos de corrupción se dividen en dos clases: temas involuntarios, como concesiones dadas a dedo por políticos ignorantes y con prisa que no entienden los reparos de la Intervención, o en casos deliberados, en los que los corruptos cobran por intermediar, por dejarse querer y a veces por comprometerse a solucionar un problema que no solucionan.

El llamado Caso Mediador no es de los involuntarios. Es de una trama organizada para cobrar comisiones por intermediación por supuestos favores políticos. Pero es cutre, ordinaria y salchichera de principio a fin. Los implicados hasta ahora cobraban cantidades que nunca llegaban a las seis cifras y se vendían fácilmente por comidas de lujo, fiestas terriblemente chabacanas, cajas de puros, quesos, drogas y prostitutas gratis. Cutre, sórdido y lamentable. Sigue leyendo

El wokismo, un delirio legal

Arthur Mulligan

 

Con la aprobación de las últimas leyes del Ministerio de Igualdad el desembarco del movimiento woke se ha hecho más visible si cabe, emitiendo luz propia desde el BOE para despertarnos con su sueño dogmático, sueño ligero habría que decir, porque ya ha comenzado a causar problemas prácticos y amenazas en ciernes de predecibles consecuencias. Pero ¿qué es el movimiento woke? En su formulación más breve, es un movimiento con bases americanas que parece estar afectando a sistemas inicialmente libres como la educación universitaria, o el ámbito personal tanto de anónimos como de personalidades públicas por medio de la censura de opiniones y contenidos, limitando tanto la libertad de expresión como el flujo de ideas dentro de las democracias.

Sentó sus bases al otro lado del Atlántico y luego llegó a Europa; no importamos un debate específico de los Estados Unidos sino una moda ideológica que primero establece un paradigma cultural a partir del cual se tiende a silenciar las opiniones que consideramos inoportunas o inmorales. La novedad respecto a la cultura de cancelación tal y como la conocemos ahora es que se hace en nombre de una supuesta idea del bien, de alejar las voces discrepantes, silenciarlas y pasar una factura por errores que a lo mejor se cometieron en el pasado y que sobre todo tienen poco que ver con la intención de la persona cancelada. Evidentemente no es lo mismo cancelar a una persona por una agresión sexual, cosa que está ampliamente justificada y ante la que la ley actuaría, que cancelar por un comentario erróneo, mal interpretado o sacado de contexto. Sigue leyendo

La chica del flequillo

Julio Embid

Hace tres semanas estuve en tu casa de Las Águilas, en el quinto pino, desayunando. Te llevé palmeras de chocolate, que sabía que siempre te habían gustado las marranadas dulces para comer. Me preguntaste si te veía más flaquita y te dijo que no, que desde que nos conocimos hace trece años en un segundo piso de la calle Zurbano currando en la misma Fundación Alternativas, siempre te había visto más flaquita que yo, alimentándote exclusivamente de risketos, triskis y coca-cola light. Nos reímos mucho, muchas veces estos años. Y siempre te tuve mucho cariño porque eras energía pura, una gran jefa de prensa que leía sin parar y que era capaz de vender un paper en el desierto. Allí donde trabajaste: en la FAPE, en Reporteros Sin Fronteras o en Alternativas, dejaste buen recuerdo.

Cuando llegué a tu casa me sorprendió la luz que tenía, brillaba a través del ventanal del salón. Y tus dos gaticos dando vueltas alrededor de nosotros subiendo por encima de la mesa que casi nos tiran los cafés y hablamos de cómics, de libros, de Carmen (Es di-vi-na dijiste el día que la conociste), de nuestro amigo Carlos y de tantas cosas que, estos años, desde que me había ido a Zaragoza a vivir, no nos habíamos podido contar con tanta frecuencia. Sigue leyendo

El año ucraniano

Juanjo Cáceres

Cualquiera que ha estado en combate sabe de los nervios previos a la batalla. Esa interminable espera, que desemboca en un choque a vida o muerte, pone siempre a prueba la templanza de los guerreros, sea cual sea el enemigo que se encuentre enfrente. En Ucrania lo saben perfectamente, un año después de un conflicto que, presuntamente, casi nadie esperaba. Una guerra que además se está alargando mucho más allá de lo previsto por los agoreros que acompañan cualquier guerra, según los cuales “la guerra no puede durar”. Más teniendo en cuenta que en este caso se habían producido “las sanciones más duras de la historia” contra Rusia y se daba por hecha la derrota efectiva de Putin desde las primeras semanas del conflicto, gracias a la resistencia del país ucraniano. Todo esto sucedió, no obstante, después de otra serie de pronósticos fallidos, según los cuales Rusia no atacaría y en caso de hacerlo, sería un paseo militar.

Un año completo ha pasado y lo único que ha quedado demostrado es también lo habitual en cualquier tipo de conflicto: que estamos instalados de lleno en la propaganda bélica y que no está nada claro cómo vamos a salir de la guerra. Según algunos no tenemos de qué preocuparnos, porque el final de la guerra es una cuestión prácticamente administrativa, dado el agotamiento económico y militar de Rusia, y los rusos ya están que no pueden más. Pero otros alertaron hace algunas semanas de que vienen meses difíciles, con una gran ofensiva en ciernes, que está haciendo reclamar a los ucranianos tanta ayuda militar y tan rápidamente como sea posible. Seguramente, también, porque la moral y las fuerzas de los ucranianos están como están. Y también hay voces que apuntan que Putin está dispuesto a todo con tal de alzarse con una victoria o una paz ventajosa. Sigue leyendo

El ego como política

Carlos Hidalgo

La política es extraña y a veces cruel. En cierta manera se parece al fútbol, cuando uno llega a primera división es una estrella y no hay nadie mejor. Pero cuando te vas de ella, siempre es entre abucheos del público. A veces, con el paso del tiempo, se te recupera, se te hacen homenajes y se recuerdan tus grandes jugadas. También hay quien iba para figura y se queda por el camino. En algunos casos merecidamente, debido a la mala cabeza del aspirante a estrella y en otros inexplicablemente, o porque simplemente hay figuras mayores, que no dejan que uno que luzca y cuya sombra tapa al resto.

Eso se puede llevar mejor o peor. En política se suele llevar muy mal. Hay quien se cree imprescindible, necesario, más listo que el resto y la frustración se acumula al ver que otros más astutos, menos talentosos o más afortunados ostentan los puestos a los que uno se cree destinado. Y esto es especialmente doloroso cuando cree que merece mucha atención y no cree recibirla. La transición fue uno de esos momentos en los que muchos que se veían predestinados a altos destinos se vieron de repente relegados. Y dejó a un gran número de perdedores. Entre las personas del régimen y entre los de los partidos democráticos. José María de Areilza, Pablo Castellano, Rodolfo Llopis, Alonso Puerta o Ramón Tamames, entre otros. Con añadidos posteriores, como José Luis Corcuera o Joaquín Leguina. Sigue leyendo

Un año de la invasión rusa

LBNL

Los combates continúan en el Este ucraniano pero, contra lo que suele pasar, los medios de comunicación siguen informando tanto de las novedades en el frente – últimamente pocas – como de las intensas maniobras diplomáticas, que no cesan pero que, de momento, no apuntan hacia la paz sino todo lo contrario. Me fascina escuchar los llamamientos a una solución diplomática de algunos de nuestros destacados convecinos, en España y otros lares. Dejando de lado su adscripción ideológica – generalmente tanto de izquierda profunda como de derecha extrema – no parecen reparar en que Putin y sus adláteres niegan completamente cualquier “solución diplomática” que no incluya la anexión rusa de al menos cuatro regiones ucranianas. ¿A santo de qué? Porque son suyas, lo han sido siempre y deben seguir siéndolo, con independencia de que más de la mitad de sus pobladores – ruso-parlantes la inmensa mayoría – no quiera pasar a formar parte de Rusia y esté dispuesta a combatir para impedirlo. Ucrania se mantiene también en una posición maximalista: nada que negociar hasta que no recupere todo su territorio. Pero es obviamente injusto, además de falaz, equiparar al que quiere arrebatar territorio por la fuerza con el que se resiste a que se lo quiten. La equidistancia se explica en gran medida, a mi entender, por prejuicios de partida. Para los izquierdistas “profundos” Rusia viene a ser la heredera de la Unión Soviética, que ayudó a la República, y sus los países vecinos siempre han sido parte de su imperio o zona de influencia por lo que la invasión no es en realidad tal. La derecha extrema es mucho más aguda y tiene claro que Putin es la encarnación de los valores morales más rancios – homofobia, religiosidad mezclada con el poder, autoritarismo, represión de todo lo que molesta a las “personas de bien” – y encima ayuda activamente a sus compañeros ideológicos allende sus fronteras. Lamento que sea así, pero en esto me parece mucho más coherente Abascal que Iglesias, por ejemplo. Sigue leyendo