Hashtag feliz

Aída dos Santos

Nací en 1992 y llevo toda la vida considerándome joven. He sido la cuota joven, la cara joven, la nueva y la pequeña tanto tiempo que se me olvida que pronto cumpliré mis últimos veinte. Una de las escenas con las que más mayor me siento es cada vez que abro Telegram. Yo abro Telegram y el reflejo de la pantalla del móvil me devuelve la imagen de una señora con el pelo cardado, los labios pintados de rosa, la raya del ojo de color azul y fumando Ducados.

No entiendo nada de esos chats, no acabo de pillarle la gracia a los mensajes editados ni entiendo porque hay que borrar mensajes enviados. El infierno tiene un lugar especial reservado para la gente que tarda en contestar por tocar los cojones. Del mismo modo, hay una ración de oreja perfectamente cocinada a la plancha en el cielo aguardando a esos seres de luz que te responden a los ja, ja, ja, acaban las frases con un interrogante o se despiden antes de dar la conversación por finalizada. Sigue leyendo

Radicales libres

Arthur Mulligan

Tras las elecciones del 4-M en Madrid llega ahora el momento de que los sociólogos, politólogos y periodistas se aproximen para tratar de llegar a un acuerdo que explique razonablemente el por qué las cosas han sucedido así y no de otra manera, refinando las repataletas de primera hora tras conocerse los resultados del tipo de Monedero, insultando las capacidades mentales de los camareros con sueldos de 900€ o las de la Vicepresidenta Calvo, altiva y distante, para debatir sobre cañas, ex y berberechos, toda vez que el ruido de los cañones no sirve para nada después de transcurrida la batalla.

Reconozco que como espectador aficionado siento predilección por los más alambicados y creativos, los que introducen matices inesperados, pesos inconmensurables de pequeños detalles que contienen una adhesión espontánea del vulgo municipal y pecador pero de los que nada sabíamos ni podíamos saber porque huían de una localización cerebral para asentar sus reales en las gónadas, esas glándulas que comprometen en nuestro caso la reproducción de sentido. Sigue leyendo

Los intereses económicos tras las vacunas

David Rodríguez

Estos días estamos viviendo una situación surrealista en toda Europa sobre el tema de la seguridad en la inoculación de las dosis de ciertas vacunas. Algunos dirigentes políticos y ciertos medios de comunicación han puesto en su punto de mira a AstraZeneca alegando que puede ocasionar trombos en determinados pacientes y consiguiendo la paralización en la pauta de vacunación con este compuesto, aunque con informes contradictorios por parte de autoridades sanitarias y científicas. Pero antes de profundizar en el asunto de las vacunas contra la Covid me gustaría repasar algunos detalles de la historia más reciente de las grandes empresas farmacéuticas mundiales sobre la materia de las patentes en algunos medicamentos, para tener así una visión más clara de cuáles son los precedentes en los que nos movemos.

Uno de los caballos de batalla más importantes durante las últimas décadas ha sido el tratamiento contra el SIDA. En el año 2000, la combinación de antirretrovirales estaba suponiendo un coste de 10.000 dólares por paciente y año. Dos años más tarde, gracias a los genéricos, el coste descendió a 130 dólares1. Pero Novartis, el gigante farmacéutico suizo, junto con otras 38 compañías, demandó al gobierno de Sudáfrica para impedir que importase esos tratamientos más baratos. Finalmente, la presión de la sociedad civil obligó a retirar el recurso pero el problema ha persistido en el tiempo. En el año 2010, de los 14,2 millones de personas que precisaban tratamiento, sólo lo recibían 6,6 millones. Según la ONG ‘Unitaid’, 1,8 millones murieron de SIDA ese año, entre ellos 250.000 menores2. Sigue leyendo

Visto lo visto, pasemos al plan B

LBNL

Somos más felices, en general, aquellos a los que nos sale natural ver el lado positivo de las cosas, que lo suelen tener casi siempre; baste recordar aquello de Franco comentando “no hay mal que por bien no venga” cuando Carrero estaba todavía en el alero. Así que, fracasado estrepitosamente el plan A – tripartito de izquierdas en Madrid, pasemos al plan B que, en símil ajedrecístico, vendría a ser algo así como sacrificar la reina propia por un alfil contrario a cambio de quedar en mejor posición para ganar la partida a largo plazo. Lo cual es mucho decir viendo la euforia anoche de Génova y la depresión de la izquierda madrileña en general. Pero no es del todo descabellado viendo el rictus de preocupación en la cara de Casado cuando IDA se desgañitaba contra Sánchez en el balcón diciendo sandeces. Porque Ayuso y MAR siguen la estela de Trump y no comparten eso de que las elecciones se ganan en el centro y ahora van a estar super crecidos. Pero España no es Madrid por mucho que IDA pregone que Madrid es España. De los balcones de España no cuelgan banderas españolas como si lo hacen de los de Madrid y apenas ninguna otra región tiene la renta per cápita de Madrid.

Por otro lado, Ayuso ya gobernaba, como lo ha venido haciendo el PP en Madrid durante las últimas dos décadas y media, que se dice pronto, lo cual es todavía más sorprendente dada la persistente tendencia de los populares madrileños a acabar procesados o entre rejas por corrupción en el ejercicio de sus cargos. Y solo ha renovado el mandato por dos años. Así que más se perdió en Cuba. Y es muy posible que el fragor de la victoria anime a IDA y a MAR a profundizar en la senda de la “derecha sin complejos”, las cuales sin duda serán del agrado de sus acólitos en el noroeste de Madrid, la Moraleja y el barrio de Salamanca pero posiblemente no tanto entre muchos de sus votantes menos acomodados. Sigue leyendo

Montañas ventosas

Julio Embid

Hoy que se vota en las elecciones madrileñas no les voy a hablar de la Comunidad de Madrid, ni de Ayuso, ni Gabilondo, ni Monasterio ni de ningún otro. Me parece que ya se ha escrito suficiente, ya se ha hablado suficiente y ya se ha insultado por demasía. Espero equivocarme en el vaticinio, pero con unas elecciones en solitario en martes, la abstención será muy elevada y ganarán las derechas cómodamente. Porque en Madrid, los que van a votar, les votan más. La ciudadanía en las urnas tiene siempre la razón y a los cuatro años (o dos si convocan anticipadas) se volverán a repartir cartas. Y ojalá me equivoque.

Hoy les quiero hablar de mi otra tierra, Aragón y concretamente su zona sur, la sierra del Alto Teruel y de las comarcas limítrofes con la Comunitat Valenciana como son el Matarranya, la sierras de Gúdar y de Javalambre y por supuesto, el Maestrazgo turolense, epicentro del carlismo, a mediados del XIX, debido a su aislamiento en comunicaciones y hoy una de mis zonas favoritas para pasear. Yo no vivo allí, que vivo en Zaragoza capital, pero a diferencia de otros que tampoco viven allí, no considero que mi derecho a pasear un fin de semana al año por esa zona sea más importante que el derecho a vivir dignamente de lunes a domingo allí como hacen sus vecinos. Sigue leyendo

Reflexiones compartidas

Carlos Hidalgo

Hoy en Madrid es la famosa jornada de reflexión, en la que se supone que se ha calmado el ruido y la furia de la campaña y debemos sopesar los pros y los contras de las diferentes candidaturas. Y hacer balance de lo que se lleva de legislatura y expresar qué queremos para el futuro.

Una de mis reflexiones es la preocupación porque la tensión política no deja de subir. Entre otras cosas porque la mentira campa tan descaradamente por los discursos, las actitudes y las atribuciones de intenciones, que hay votantes que odian personalmente a otros candidatos porque creen cosas que, como poco, son peregrinas y que, por lo general, son grotescas. Y he de decir que esto es especialmente evidente en el caso de Pablo Iglesias. Sigue leyendo

¿Da para un VOX de extrema izquierda?

Senyor G

Así a bote pronto a mí también me sorprende lo que se intuye en la pregunta, aunque sea yo quien la haga. Se supone que cuando uno escribe tiene que tener muy claro lo que va a decir pero, una vez más, no es el caso sino más bien una exposición de inquietudes e intuiciones. Allá vamos.

Noto cierta fragua de organizaciones y personajes que se me van mostrando con cierto desacomplejamiento respecto a ciertos temas que en las últimas décadas en España iban más ligados a las derechas que a las izquierdas, o a mis izquierdas por lo menos.

La pregunta del título daría para mucho ya solo en explicar las definiciones de algunas de las palabras que uso, como cuando le preguntaron a Unamuno si creía en dios. Pero hemos venido a debatir como se iba al 1,2,3 a jugar. No sé si hoy el único que se ha ido topando en algunos espacios, no grandes, no de mayorías mediáticas ni organizativas, donde se muestra una izquierda (a la izquierda del PSOE) desacomplejada en el tema nacional, crítica con ciertos feminismos con más apogeo mediático, reivindicación de la familia, no incómoda con la jerarquización orgánica pero posicionada desde las élites, vuelta a propuestas organizativas “duras” del pasado… Sigue leyendo

Derecha extrema

Juanjo Cáceres

Desde el primer minuto sabemos que Vox no es un partido que pueda homologarse al resto de partidos parlamentarios. Sus mensajes se sitúan mucho más allá de lo aceptable. Al menos más allá lo que hasta ahora hemos considerado que encajaba dentro de las fronteras éticas comúnmente aceptadas. Pero lo cierto que buena parte del objetivo de Vox ha sido poner a prueba esos límites, hasta el punto que el viernes día 23 abril se produjo un importante salto cualitativo, cuando Rocío Monasterio, durante el debate de la Ser, rechazó condenar las amenazas de muerte contra Pablo Iglesias, entre otros.

La tensión vivida en el debate y todo lo acontecido después ha abierto en canal la campaña y ha producido cascadas de mensajes cuestionando la tolerancia hacia Vox, su “blanqueamiento”, la relación que deben mantener con ellos el resto de partidos… Pero probablemente para la extrema derecha fue tan solo una prueba de estrés, un nuevo intento de romper las reglas más elementales de la confrontación política y de tensionar un clima social fuertemente perturbado ya por más de un año de pandemia. Quizás también un intento de seguir escorando hacia la extrema derecha a sectores cada vez más amplios del Partido Popular, cuya deriva quedó bastante en evidencia por el tuit emitido por el Partido Popular de Madrid: “Iglesias, cierra al salir. 4 de mayo”. Sigue leyendo

Echar horas

Carlos Hidalgo

En mi breve pero feliz etapa en El País Negocios, me dejaron escribir sobre un tema que nunca me ha dejado de llamar la atención. Los llamados “precarios de cuello blanco”. Los chicos y chicas que, recién licenciados, son carne de cañón de las grandes auditoras, los grandes bufetes y en general cualquier empresa que se precia de su influencia. Ya sabéis, esas empresas que lo mismo te hacen la investigación “forensic” del BBVA para ver si Villarejo espió para ellos (sí), te deciden si Bankia debió salir a Bolsa (dijeron que sí, pero era que no), que te redactan los proyectos para conseguir fondos europeos.

El caso es que parece que mucho de ese prestigioso trabajo se cimienta en jornadas de 80 horas semanales y en sueldos de 24.000 euros anuales a “juniors”. Permitiréis que no me sienta muy tranquilo al saber si el que una empresa haga un ERE o no, o si nos van a llegar 1.000 millones de Bruselas depende del trabajo de un veinteañero que ha dormido tres horas en tres días y que se alimenta a base de cafeína y sándwiches de máquina. Sigue leyendo

Juana y Dolores

Alfonso Salmerón

Son algo más de las nueve de la noche. Juana y Dolores se disponen a cenar. Sobre la pequeña mesa de fórmica de la cocina, el papel abierto de la charcutería muestra media libra de mortadela que las dos comensales van cogiendo con las manos y poniendo sobre pedacitos de pan del que van dando cuenta muy despacio. Hay un completo silencio, apenas roto por el tintinear de los vasos cuando se acercan a la botella de agua del grifo para ser llenados.

Hace una noche fría de invierno en la cocina amarillo fluorescente de Dolores. Una cocina llena de vida antaño a estas horas. Esa alacena vivió durante más de tres décadas un trajín de abrir y cerrar de puertas ahora inimaginable, tres servicios al día para seis personas. En su interior, todavía resiste la vajilla verde de duralex, el pequeño bol de cristal que la abuela llenaba cada día con las aceitunas negras que tanto gustaban a la sobrina pequeña, y el recipiente de latón donde siempre hay café recién molido. Pero de eso hace ya demasiados años, cuando en la casa vivían los padres de Dolores, su hermano José y su marido Ángel, y los fines de semana se llenaba de sobrinos que venían de visita. Tardes de sábado de risas y televisión, cola-cao para los pequeños y el cubata de Larios para los mayores. Ahora apenas hay visitas, salvo su hermano Manuel, que se quedó a vivir en el mismo bloque tres pisos más arriba cuando se casó con la hija pequeña de la familia del segundo cuarta, su tutor, como a ella le gusta llamarle, el mismo que se encarga de los bancos, las compras, la compleja agenda de los médicos y la paga semanal de las cuidadoras. Sigue leyendo