De la “derecha civilizada” y cómo conseguirla

Econcon

En España somos creadores de varios términos sin traducción en otros idiomas. Imposible encontrar en otra lengua, indoeuropea, camitosemítica o sino-tibetana, términos como “chotis”, “jota” o “monosabio”, por ejemplo. Razonablemente puede señalarse que este fenómeno de palabras huérfanas de espejo se da en muchas otras lenguas de la tierra, y que obedece a particularidades culturales –Suele mencionarse un ejemplo, no sé si verídico, sobre las seis palabras diferentes que usan los esquimales para referirse a la nieve-. Privativos también de nuestra gran nación son dos términos de corte más actual: el nivel “medio-alto” de inglés, concepto que causa no poca perplejidad a los súbditos extranjeros acostumbrados a distinguir sólo entre si tal lengua se habla bien, mal o no se habla y, referido al campo de las ciencias políticas, la expresión “derecha civilizada”. De este último pretendo tratar en las siguientes líneas.

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