Sentimiento y nación (1)

Lope Agirre

Existe una creencia o teoría convertida en creencia, no demasiada discutida pero aceptada casi en su totalidad, que afirma que el nacionalismo es un sentimiento. Es la afirmación perfecta. Al ser, según dicha teoría, el nacionalismo un sentimiento, se evita la necesidad de explicar sus razones de manera razonada o razonable; se hace evidente aquella afirmación de Pascal, tan conocida y tan usada, aun fuera de contexto: “El corazón tiene razones que la razón no entiende”. Sobre sentimientos cabe discutir, no razonablemente, sino acaloradamente, incluso apasionadamente, pero no por ello se extraen consecuencias lógicas y aplicables a la práctica política diaria. Por otra parte, difícil es regular sobre sentimientos. Se acepta que cada cual tiene los suyos, que son legítimos todos ellos, además de dignos, y que, confieren al portador, asimismo legitimidad, dignidad y algo más, ese no sé qué del sentimiento. Ha sustituido a la verdad; la verdad del sentimiento ha arrinconado el sentimiento de la verdad. Sin embargo, pocas cosas son más manipulables, susceptibles de transformarse en mentira, como los sentimientos.

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