De arte y moralidad en tiempos viciados

Frans van den Broek La lectura reciente del libro del historiador holandés Martin Ros, Los chacales del tercer Reich, me ha convencido una vez más, como si necesitara aún más convencimiento, no sólo de la siempre potencial bestialidad del ser humano, sino de la remanencia en nuestra cultura de ideas y actitudes cuya validez ha sido infinidad de veces revocada, y cuya presencia misma es prueba de la ínsita confusión de la clase intelectual contemporánea. Por sus páginas pasan personajes y movimientos abominables, algo oscurecidos en la memoria europea por el estridente y negro esplendor del nazismo de Hitler y sus secuaces, pero cuya abismal degradación moral no tiene nada que envidiarle al propio nazismo, si es que la comparación a tales niveles de maldad puede ser adecuada (algo que me temo no es ya relevante o posible). El libro se centra en el destino de algunos de los más importantes colaboradores con el fascismo, desde los lacayos del régimen de Vichy hasta los socios fascistas de Alemania en Rumania o Hungría. Un ejemplo de los mismos es la Guardia de Hierro de Rumania, que llevó a cabo actos de genocidio atroces con fervor e intensidad religiosos, como aquel en que masacraron a judíos en su propio camal, haciendo uso de ritos y técnicas de sacrificio hebreos, y a quienes, en no pocos casos, colgaron vivos de los ganchos donde se solía colgar la carne, para seccionarlos de acuerdo al rito judío y dejarlos morir poco a poco. Nadie, que conserve algo de humanidad, puede leer dichos relatos sin sentir que su confianza por el género humano se desvanece hasta la desesperación, pero no es de aquellos asesinos y psicópatas en general de quienes quisiera hablar en estas líneas, sino de una clase especial de los mismos, y de la curiosa actitud para con ellos demostrada por nosotros, sus congéneres, a la luz de sus crímenes: los artistas, sobre todo los escritores que se entregaron al fascismo como ideología y práctica durante aquellos años. A través de ellos ciertas preguntas generales sobre la naturaleza del arte pueden ser pertinentes. Sigue leyendo