Ignacio Urquizu*
En las últimas semanas la financiación autonómica está llenando las páginas de los periódicos. Pero el debate polÃtico, afortunadamente, está muy lejos de lo acontecido durante la legislatura pasada. Entonces, la organización territorial se usó como arma arrojadiza dentro de una estrategia de crispación. El objetivo era ganar las elecciones desmovilizando a una parte importante del electorado. Dentro de esta estrategia, el debate territorial jugaba un papel relevante. Los estrategas del Partido Popular sabÃan, gracias a las encuestas, que los votantes más moderados y los que no se adscriben a ninguna etiqueta ideológica preferÃan un modelo de Estado mucho más próximo al de los votantes conservadores (ver Tabla 1). Por ello, al introducir esta cuestión en la agenda, conseguÃan que estos dos tipos de electores se replanteasen su apoyo al Partido Socialista. La crispación les invitaba a la abstención. En cambio, en estos momentos, el tono del debate territorial es bastante distinto. ¿Por qué? Dos son las causas que han contribuido a la moderación del discurso del PP en esta materia.